MINATITLÁN, VER.- “¡Sí son ellas!”, confirma Jovita Pérez la noticia desde su celular color azul. Los labios no dejan de temblarle mientras detalla la tragedia que enlutó a su familia: sus dos hijas —Honoria y Patricia Medina Pérez—; y su yerno, Rogelio Luna, fallecieron a causa del descarrilamiento del Tren Interoceánico que viajaba de Oaxaca a Veracruz este 28 de diciembre.
Jovita pasó la noche en vela. Este domingo ocho integrantes de su familia se accidentaron en el Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec. “Me enteré por el Face —dice con su acento costeño—; un yerno fue el que le dijo a uno de mis muchachitos (sus nietos) que el tren se había descarrilado”.
Fueron unas 15 horas de zozobra para Jovita por no saber si su familia estaba viva o muerta. “Primero nos dijeron que estaban vivos y que se los llevarían a las 3 de la mañana (de este 29 de diciembre) a México… Pues ya, nos pusimos contentos de que estaban vivos, pero no fue así, ello ya habían fallecido. Nos vinimos a enterar de esto como a las 11 de la mañana”, explica la matriarca apretando el mentón para no romper en llanto. No quiere contagiar a sus cuatro nietos que la rodean.
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A las 5 de la mañana de este lunes arribó a su casa una camioneta con su nieta, Flor, y sus hijos, todos sobrevivientes del accidente. Jovita vio a su nieta con la cabeza vendada; y luego, cuando se acercó más a ella, notó los moretones en su estómago y los raspones en las rodillas. Sus bisnietos prácticamente salieron ilesos. Ahí escuchó parte de la tragedia que dejó un saldo parcial de 13 personas muertas y 108 lesionadas, según informó el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
“Dice (Flor) que nada más sintió cuando el tren iba a las vueltas y vueltas; abrió los ojos, vio a sus hijos y les dijo ‘qué dónde estamos’, ’¿qué paso?’. No supo cómo pero cuando abrió los ojos ella ya estaba parada. Solo pudo ver a su tía Paty tirada y a su mamá (Honoria); al que no vio fue a su papá (Rogelio)”, relata Jovita.
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La familia Medina difundió las fotografías de sus tres integrantes no localizados en las redes sociales. Fue hasta el mediodía de este lunes cuando a la adulta mayor sus familiares le confirmaron que Honoria, Patricia y Rogelio ya habían sido identificados en el anfiteatro de Juchitán, Oaxaca. Que su nieto Aldo, (hijo de Patricia), está internado en un hospital de la misma ciudad. “Lo operaron, dicen que algo le pasó en las vísceras. Está muy delicado”, comparte.
Patricia Medina trabajaba en el ayuntamiento de Coatzacoalcos —que hasta la tarde de este lunes no había emitido esquela alguna—; Honoria y Rogelio vivían desde hace varios años en Mexicali, Baja California; ella era ama de casa y él un trabajador jubilado que se cautivó con los anuncios del expresidente Andrés Manuel López Obrador y deseaba conocer el Tren Interoceánico, así como el estado oaxaqueño.
“Ya ahorita, ¿quién cree usted que quiera viajar en ese tren con lo que pasó? Ya ve que niños se murieron, señores grandes también. Se fueron pero ya no llegaron”, recrimina la mujer.
Mi familia ya nunca será la misma
“El plan era ir a conocer y a pasear en el tren”, cuenta Jovita. Sus dos hijas, su yerno y sus nietos —ocho en total—, salieron el sábado a las 8 de la mañana de la terminal de Coatzacoalcos del Tren Interoceánico.
“Mi yerno me dice, cuando vino, ‘suegra ya le compré su boleto, ¿verdad que sí va a ir?’ Yo al principio le dije que sí, porque sí me hubiera gustado, pero como yo ya no puedo andar dije pues ‘a qué voy yo si ellos vienen a divertirse, a que ellos me anden cuidando, mejor no'. Ya a lo último les dije ‘mejor no, yo estoy enferma, estos huesos no me dejan caminar; vayan ustedes y aquí los espero’; pues como que se molestaron pero pues ya qué (…) no sé como que algo presentía”, dice aún incrédula.
Salieron a las 8 de la mañana, el sábado 27. Llegaron a Juchitán con bien; le mandaron fotos y le llamaron a su celular. A la misma hora, pero del día siguiente abordaron el tren de regreso. De acuerdo con Flor, la nieta de Jovita, alrededor de las 10 de la mañana el tren se descarriló. “Dicen que venía muy recio, dicen que era una mujer la que conducía; yo pensé que nada más se había volteado el tren ahí cerquita pero este tren se fue hacia 80 metros hacia el vacío. Ahí entonces fue que fallecieron, no nada más mi familia sino mucha gente”, dice Jovita.
La mañana de este lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo prometió reunirse con las familias de las víctimas pero a Jovita Pérez ninguna autoridad la ha llamado. Las medicinas para aminorar los dolores de su nieta Flor y controlar su presión las consiguieron en una farmacia privada. Jovita mira a la cámara y dirige unas palabras a la mandataria federal: “Yo lo que le pido pues a la presidenta es que tenga más cuidado con la gente que maneja esa máquina porque venía muy recio. Que tenga más responsabilidad con las personas que manejan esos trenes (…) Que se hagan responsables por todo lo que se perdió, aunque la familia ya nunca volverá. Cuando menos que se hagan responsables de lo económico porque nosotros somos pobres. Sé que mi familia ya no será la misma nunca”.
Jovita comparte que posiblemente a su hija Patricia la velarán en su casa, en el municipio de Minatitlán; a su hija Honoria y a su yerno Rogelio desean cremarlos y enviar sus cenizas hasta el norte del país. Organizar todo esto invade de tristeza a la mujer entrecana, porque todos se reunirían en su casa para despedir el año; con carne guisada sobre una mesa grande en su patio de tierra. Ese era el plan. “De hecho allá en la casa de mi hija está todo, la carne que íbamos a hacer”, concluye Jovita.
vtr
