El Carnaval de Veracruz 2026 arranca no solo con lentejuelas y comparsas, sino con una carga simbólica enorme debido a que llega en medio de una transición económica complicada, con un ánimo social golpeado y con una ciudadanía que ya no se conforma con promesas ni con fiestas a medias, este carnaval no es solo una celebración, es una prueba política, social y emocional para una nueva administración que decidió empezar fuerte, quizá demasiado.
Durante años, el carnaval fue perdiendo brillo no por falta de tradición, sino por falta de escucha; gradas inaccesibles, desfiles deslucidos bajo la lluvia, decisiones tomadas desde el escritorio y no desde la banqueta; hoy, dos de las exigencias más claras de las y los veracruzanos fueron atendidas, gradas a 50 pesos y el desfile dominical, símbolos sencillos pero poderosos de una demanda mayor, ese de un carnaval verdaderamente popular.
La respuesta del gobierno fue directa y, hay que decirlo, inteligente, escuchó, atendió y cumplió, pero al hacerlo, también elevó la vara a un nivel altísimo, porque cuando se concede lo básico que por años se negó, la expectativa se dispara y ya no basta con cumplir; ahora hay que deslumbrar.
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En un contexto económico complejo, donde muchas familias cuentan los pesos antes de gastar, el carnaval se convierte en algo más que entretenimiento, es un respiro, una válvula de escape, una oportunidad de volver a creer que el espacio público también puede ser digno, alegre y accesible pues la población no solo quiere fiesta; exige calidad, organización, seguridad y respeto a una tradición que es identidad.
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El papel de la ciudadanía será clave, no solo será espectadora, será como protagonista, pues el éxito o el fracaso del Carnaval de Veracruz 2026 se medirá en las gradas llenas, en el ánimo de la gente, en la percepción colectiva de que esta vez sí valió la pena, porque cuando el pueblo exige y el gobierno responde, el siguiente paso es demostrar que no fue un golpe de suerte, sino una nueva forma de gobernar.
Haciendo zoom… Estamos a días de saber si esta administración logra ponerse su primera gran estrella, este carnaval promete mucho, quizá demasiado; las y los veracruzanos ya hicieron su parte al levantar la voz, ahora le toca al gobierno demostrar que sabe bailar al ritmo de su gente y no perder el paso en la primera comparsa.
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