El cambio de administración en Alvarado no fue un simple trámite protocolario; fue, más bien, un acto cargado de simbolismos, silencios incómodos y mensajes que resonaron más allá del micrófono. Lizzette Álvarez Vera cerró su gestión dejando algo poco común en la política municipal, un buen sabor de boca entre la mayoría de los alvaradeños y una advertencia clara para quien hoy ocupa la silla principal del palacio.
Sin estridencias, pero con firmeza, Lizzette menciona que su administración no se va por la puerta trasera ni se diluye con el cambio de logotipo institucional, al contrario, se queda en la memoria colectiva de un municipio que reconoció varios puntos de su administración y ese respaldo ciudadano es, quizá, el mayor contrapeso que tendrá Alberto “Beto” Cobos en el arranque de su gobierno.
El mensaje fue directo, Alvarado estará vigilante, no sólo de las decisiones, sino de las formas, porque en política local, esa donde todos se conocen, la memoria pesa y los alvaradeños no olvidan quién fue su antecesora ni cómo se condujo.
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Resulta inevitable subrayar un detalle que no pasó desapercibido y es que Alberto Cobos no acudió personalmente al cierre de la administración de Lizzette Álvarez, pues envió a un integrante de su equipo en representación; un gesto que, en términos políticos, se lee como desdén. Más aún cuando ambos militan en el mismo partido, el Verde Ecologista, que hoy enfrenta el reto de demostrar que no sólo comparte siglas, sino proyectos y compromisos reales con la ciudadanía.
Fuentes cercanas al proceso coinciden en algo preocupante, aquella humildad que Cobos exhibía en campaña, ese discurso de compañerismo con los alvaradeños, parece haberse diluido antes incluso de tomar protesta y en política, la soberbia temprana suele ser el peor augurio.
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El problema no es la comparación, esa que es inevitable en cualquier transición, sino la actitud, porque gobernar no es borrar al anterior, sino hacerse cargo de lo heredado, reconocer lo que funcionó y corregir lo que no; ignorar el capital político de quien se va, sobre todo cuando deja buenos números y mejor percepción social, es un error que se paga caro.
Haciendo zoom… Lizzette Álvarez Vera se fue dejando claro que seguirá observando, como ciudadana y como referente político y con ella, un pueblo entero que no está dispuesto a conceder cheques en blanco, por su parte, Alberto Cobos tiene frente a sí una oportunidad y una advertencia, en Alvarado, la herencia no se borra… y la memoria colectiva también gobierna.
