Veracruz no se gobierna desde los rankings ni desde los boletines triunfalistas, se gobierna desde las colonias donde el agua no llega con regularidad, desde las calles rotas que no salen en las postales turísticas y desde la percepción, esa que no miente, de que el poder suele mirar más al centro que a la periferia; con ese telón de fondo concluye la administración de Patricia Lobeira Rodríguez y arranca, con presión social incluida, la de Rosa María Hernández Espejo.
El balance de Lobeira es, como casi todo en la política veracruzana, contradictorio; hay números que le favorecen, como encuestas nacionales que la colocan con aprobación moderada, reconocimientos institucionales y una narrativa oficial de orden financiero y modernización administrativa, pero también hay ruido, y mucho. Un ruido que no se apaga con gráficas, pues son conflictos por servicios públicos, señalamientos de inflar la nómina en la recta final, observaciones financieras, pasivos heredados y una percepción ciudadana persistente de desigualdad territorial.
La crítica más recurrente no es ideológica, es práctica: “se trabajó para algunos, no para todos”. Colonias con baches eternos, problemas de drenaje y recolección de basura intermitente contrastan con zonas rehabilitadas que lucen bien… para la foto. A ello se suman las decisiones administrativas de último tramo (hablo de las plazas, basificaciones, movimientos internos) que para muchos ciudadanos huelen más a madruguete que a planeación responsable, aunque legalmente defendibles, políticamente son una bomba de tiempo.
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En lo financiero, el discurso oficial de “no endeudamiento” choca con reportes que advierten pasivos elevados, puede que no se haya contratado deuda nueva en sentido estricto, pero heredar compromisos millonarios es, en los hechos, trasladar el problema y en política, los matices contables rara vez convencen al ciudadano que paga impuestos y recibe servicios deficientes.
Ese es el escenario que recibe Rosa María Hernández Espejo, ella no llega a una ciudad en blanco; llega a una ciudad cansada, exigente y con memoria corta para los discursos, pero larga para los agravios cotidianos y hay temas que, le gusten o no, la ciudadanía le va a reclamar desde el primer día.
Primero, los servicios públicos, agua, drenaje, basura y mantenimiento urbano no admiten excusas, si la nueva administración no muestra mejoras tangibles en los primeros meses, el argumento de “me dejaron un desastre” se agotará rápido, los veracruzanos ya escuchamos demasiadas veces esa frase.
Segundo, territorialidad, gobernar solo el centro es gobernar a medias, las y los veracruzanos de las colonias populares exigirán presencia, inversión y resultados, resaltar que los porteños no quieren más obras cosméticas, piden soluciones de fondo, con esto la próxima alcaldesa tendrá que demostrar que entiende que la ciudad no termina donde empiezan las zonas turísticas.
El orden administrativo y laboral también es una de ellas, pues las basificaciones y movimientos heredados serán un dolor de cabeza. Hernández Espejo deberá decidir entre cargar con ellos o revisarlos con lupa; cualquier error, ya sea tolerar abusos o desatar conflictos laborales, tendrá costo político inmediato.
No olvidar las finanzas claras, pues no bastará con decir “así lo recibí”, hará falta una radiografía transparente de las cuentas municipales, explicada en lenguaje ciudadano; si hay pasivos, decirlo, si hay responsabilidades, señalarlas, Veracruz ya no tolera la opacidad como herencia normalizada.
Un tema que es fundamental, la seguridad y percepción de orden y es que aunque no todo depende del municipio, la gente exige coordinación real, no pretextos; la sensación de abandono en ciertas zonas se traduce en voto de castigo y protesta social.
Finalmente, comunicación sin soberbia. Uno de los mayores errores de gobiernos con aprobación “decente” es creer que los números sustituyen la calle y la próxima alcaldesa tendrá que escuchar más y celebrar menos,
Patricia Lobeira se va dejando una administración que sus defensores calificarán como “bien evaluada” y sus críticos como “desconectada de la realidad cotidiana”; ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo, lo que no admite discusión es que los pendientes pesan más que los reconocimientos.
Haciendo zoom... Rosa María Hernández Espejo no hereda un desastre absoluto, pero tampoco un terreno firme, hereda expectativas altas y paciencia baja y en Veracruz, cuando la gente siente que no se le escucha, lo cobra en la calle, en redes y en las urnas. La ciudad no pide milagros, pide algo mucho más simple y más difícil, que ahora sí la gobiernen pa´ ti, pa todos. Antes de finalizar les deseo a todos mis lectores un feliz año nuevo, gracias por acompañarme en cada lectura, crítica o aplauso, seguiremos en este 2026 hablando lo bueno, lo malo y lo feo de la política.
lm
