Scherer: De corruptos e incompetentes
El libro de Julio Scherer Ibarra titulado “Ni venganza ni perdón”, del cual La Silla Rota ofrece hoy una primicia, exhibe con crudeza, sin clasificarlos así, a tres tipos de personajes que cobraron un papel protagónico durante el gobierno del expresidente López Obrador. El primer grupo lo formarían los señalados abiertamente como corruptos, dominado por Adán Augusto López, lo mismo como gobernador que como secretario de Gobernación, y por Jesús Ramírez, exvocero presidencial, señalado de tener ligas con el crimen, cabildero de empresarios y uso de prestanombres para negocios propios; en el segundo estarían los embriagados de poder, encabezados por el fiscal Alejandro Gertz Manero, Manuel Bartlett y Rocío Nahle, y al final, los incompetentes peligrosos, donde figurarían Olga Sánchez Cordero y Hugo López Gatell. Con la circunstancia de que varios de ellos (y muchos otros mencionados) calificarían en más de un grupo.
“Quiebre con la Corte, torpeza de Gobernación”
El citado libro del exconsejero jurídico presidencial Julio Scherer Ibarra aporta una mirada implacable que seguramente será consignada cuando se haga un balance serio sobre la llamada Reforma Judicial. El autor sostiene que la ruptura con la Corte y con el conjunto del Poder Judicial de Federación se derivó, en forma sustantiva, de la ignorancia jurídica de un abogado provinciano dominado por intereses mercantiles que heredó una notaría de pueblo, llegó primero a gobernador y luego a secretario de Gobernación, todo por el solo mérito de ser cercano al liderazgo político de Andrés Manuel López Obrador. Ese será sin duda el sello que marque la nota histórica sobre Adán Augusto López, recién defenestrado líder senatorial, insostenible bajo la mirada del gobierno Sheinbaum.
Corte: ¿Dormilones o mañosos?
Algo extraño comenzó a cocinarse (además) en la Corte a manos del ministro presidente Hugo Aguilar y su controvertida colega Lenia Batres, que lo sucederá en la silla dentro de menos de dos años. En la sesión del lunes, el alto juez avisó a sus compañeros que se retrasaría (quizá le estaban lustrando los zapatos), por lo que podrían comenzar bajo la conducción de Lenia. Por algo será, pero los convocados respondieron que preferían esperarlo, y así lo hicieron. Ayer martes el numerito fue repetido: Aguilar se retrasó, pero la ministra Batres, que siempre gusta de llegar tarde al pleno, arrancó puntual, incluso en ausencia de varios de sus compañeros, entre ellos Yasmín Esquivel y Arístides Guerrero, cuyo tema estaba enlistado al inicio de la agenda. Al final, sin estar enterado de que los trabajos habían comenzado, llegó Giovanni Figueroa, quien recibió una mirada de fuego de Batres, como si se tratara de su vecino el de las macetas.
El cáncer del nepotismo
En muchos de los 17 estados donde se disputarán gubernaturas, capitales estatales y otras posiciones clave el próximo año existen aspirantes, de diversos partidos, que tienen algún tipo de parentesco con quien hoy está al mando. El fenómeno ensombrece el reclamo de la presidenta Claudia Sheinbaum en contra del nepotismo, al que tiene tal repudio que llevó a la Constitución una reforma para prohibirlo, aunque le haya jugado las contras para hacerla efectiva solo a partir de 2030. Los nepotistas que se perfilan como los más descarados son los gobernadores de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo; el de Nuevo León, Samuel García (ambos usando a su propio partido), y por lo que se perfila, el de Zacatecas, David Monreal, quien parece convencido de que su estado debe soportar un sexenio más de desastres.
