El laberinto del ministro Hugo
El presidente de la Corte, Hugo Aguilar, protagonizó ayer una compleja conferencia de prensa con el tema principal de las nuevas camionetas para sus compañeros ministros, pero sólo logró enredarse más. Lenguas jurídicas nos hacen ver que el pleno del máximo tribunal ya carece de atribuciones legales para transferir esos vehículos, o cualquier otra cosa, a jueces o magistrados federales, pues el nuevo Órgano de Administración Judicial le asignó a los señores y señoras de las togas un presupuesto definido, y es el único sobre el que pueden tomar decisiones. Por cierto, al interior del pleno existe un comité específico para el manejo de esos dineros, que integran el mismo don Hugo, Lenia Batres y Giovanni Figueroa. Nos dicen que un buen (¿o mal?) día ese equipo anunció a sus pares que tenía camionetón nuevo, y además blindado, sin ninguna consulta previa. Habrá que preguntarse cómo fueron las negociaciones “en corto” con el proveedor de los vehículos, que debe haber hecho un buen negocio.
¿Qué pasó con Cuba?
En los días previos a la defenestración del dictador venezolano Nicolás Maduro, filtraciones del Departamento de Estado norteamericano dieron cuenta de que La Habana estaba acompañando a Washington el diseño del país post-Maduro, lo que suponía la construcción de acuerdos entre los gobiernos de Trump y Díaz-Canel. Luego se supo que (quizá en ese marco) la Casa Blanca daba su venia para que México siguiera enviando petróleo a la isla, como ha ocurrido por décadas -aunque bajo un entorno geopolítico muy diferente. Súbitamente todo se cerró, y como le anticipábamos ayer, Pemex frenó ese abasto. La prensa internacional detectó que un cargamento de crudo que sería entregado al régimen castrista esta semana fue desprogramado de los movimientos marítimos previstos. Algo se rompió en el camino. Alguien en el legendario Salón Oval determinó dejar a los cubanos a la deriva. México debió entender, un tanto por las malas, que se trataba de un proceso insostenible, y desarrollar otra narrativa.
CIDE corrige (por fin) el rumbo
Si se considera la extensa trayectoria académica y humanista de Rosaura Ruiz, secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, debe haber sido amarga la espera para remover al director de alguna vez afamado CIDE, José Romero Tellaeche, cuyo último acto estrambótico había sido acosar judicialmente a catedráticos de la institución bajo admoniciones de “neoliberales”. Lo releva la doctora Lucero Ibarra Rojas, cuyo nombramiento fue recibido positivamente por la comunidad estudiantil, académica y laboral de esa entidad. Romero Tellaeche rechazaba ayer irse, por lo que quizá lo veamos amarrado a una silla, en una nueva caricatura de su gestión.
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Marina: Una historia de misterio
El nuevo capítulo de la película de misterio político que ha tenido como protagonistas a los hermanos Manuel Roberto y Fernando Farías Laguna, ligados judicialmente al negocio del huachicol de combustible y fiscal, incluyó a su abogado, Epigmenio Mendieta, denunciando que no han tenido acceso al expediente íntegro con las acusaciones que les han enderezado. Además, surgió una carta rogatoria firmada por el primero dirigida a la presidenta Claudia Sheinbaum, en la que se dice víctima de una venganza, pero no menciona a su tío, el exsecretario de Marina, Rafael Ojeda. Lenguas expertas en dramaturgia nos expresan que toda la historia parece una obra de teatro en la cual en lugar de seguir cierta secuencia (con más detenidos y revelaciones, por ejemplo), echa mano del recurso de “congelar” a todos los actores. Y así llevamos meses.
