OPINIÓN

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“La Barredora”, asentada en cuatro estados

La Silla Rota le aporta hoy testimonios clave de que el grupo militar “La Barredora”, que condujo Hernán Bermúdez para el gobierno de Adán Augusto López en Tabasco, contó con recursos casi ilimitados para extender su influencia a por lo menos tres estados vecinos: Chiapas, gobernado por el morenista Eduardo Ramírez, que en los tiempos recientes ha sido señalado de volver a entregar a la entidad en los brazos del Cártel Sinaloa en su faceta “mayiza”. También, Campeche, que conduce la controvertida gobernante de Morena también, Layda Sansores. Y por último, Veracruz, a cargo de la morenista Rocío Nahle. La duda en el aire es quién tuvo el poder para abrir todos esos espacios a un policía de poca monta como fue el citado Bermúdez, supuesto líder de “La Barredora”.  ¿A usted le viene a la cabeza el nombre de Adán Augusto? Bienvenido al club.

FCH y la justicia para Ernestina Ascensio 

En una sola semana, el Estado mexicano fue objeto de dos sentencias por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ambos por feminicidio. La primera surgió 18 años después de que la campesina e indígena Ernestina Ascencio fuera violada, en febrero de 2007, por militares del 63 Batallón de Infantería asentado en las cercanías del poblado de Tetlatzinga, Veracruz. La entidad era gobernada por Fidel Herrera -muerto en mayo pasado-, y Felipe Calderón presidía el país. Los reportes disponibles indican que Herrera alentó que la entonces procuraduría estatal persiguiera a los presuntos culpables, pero Calderón determinó encubrir los hechos, e incluso declaró que la muerte de Ernestina había sido causada por una “gastritis aguda”. Debe subrayarse que la cancillería mexicana se allanó a la condena de la CIDH. Como decía un clásico: La historia es como una piedra de molino: camina lento, pero reduce a menudencias lo que toca.

CIDH: La larga tragedia de Lilia Alejandra

La señora Norma Andrade vive en ciudad de México. Hace casi 25 años fue mudada a la capital del país ante amenazas de que un tercer atentado contra su vida tuviera éxito esta vez. Los ataques los vivió por protestar en contra del secuestro, tortura y asesinato de su joven hija, de 17 años, Lilia Alejandra García, ya entonces madre de dos pequeños y trabajadora en las plantas maquiladoras de Ciudad Juárez, Chihuahua. El gobernador en aquel febrero de 2001 era el panista Javier Corral; el presidente, el también panista Vicente Fox. Corral llegó a decir que las manifestaciones de indignación por estos crímenes sólo buscaban desprestigiar a su gobierno. Hoy es senador por Morena. La señora Andrade recibió en su domicilio la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Costa Rica, condenando al Estado mexicano por omisiones graves en este caso, entre ellas violar los derechos de Lilia Alejandra a la justicia en múltiples órdenes.

Marco Rubio y la última hora de Maduro

El jefe de la diplomacia norteamericana acudió a una audiencia en el Capitolio de Washington donde sugirió que Nicolás Maduro, el dictador venezolano, tiene los días contados al frente del gobierno en Caracas. Rubio no descartó ningún escenario para derrocar a Maduro, incluso lo que llamó “una guerra”. Al parecer van agotándose los tiempos para una mediación de países amigos que impida una invasión de tropas estadounidenses sobre territorio venezolano. El gobierno Sheinbaum en México imagina una silla para Brasil en esa mesa de negociaciones, pero nos dicen que “Lula” da Silva ha pedido imaginar escenarios sólo a partir de la caída del chavismo. E igualmente, incluir en las pláticas eventuales apoyos financieros internacionales a la Venezuela “post-Maduro”, hundida en una clara quiebra económica y moral.