A propósito de la icónica frase del tío Ben, en la película de Spiderman “ Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, que define el principio moral del personaje, hay tareas que son imprescindibles e irrenunciables para quienes han recibido de la ciudadanía la oportunidad de gobernar.
La primera responsabilidad es garantizar el ejercicio ético y legal del poder y erradicar la corrupción de la vida pública. En una sociedad democrática, existen principios y buenas prácticas que deben prevalecer y regir el comportamiento ético de los servidores públicos, no hacerlo, es exponerse a ser devorados por el personaje y causar graves daños a los gobernados. Lo que pudiera parecer “retórica moralina”, es en realidad un principio de supervivencia política y exigencia máxima para erradicar la corrupción de la vida pública, a pesar de que no sea una de las demandas más sentidas de la población.
La narrativa oficial ha difundido la idea del cambio impoluto, suponiendo que el manto del nuevo régimen es suficiente para cubrir la actuación de los funcionarios y garantizar el ejercicio ético del poder. Una vez más, la realidad prevalece sobre la idea, los escándalos de corrupción, en todos los niveles de gobierno y en todo el espectro político, reivindica la urgente necesidad de establecer reglas claras y un sistema de justicia que se comprometa con la ley y los derechos fundamentales, solo así se podrá erradicar la impunidad. No hacerlo, daña al país, es fuente de grandes injusticias, compromete al gobierno, cancela la permanencia de cualquier fuerza política y aleja las inversiones.
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La segunda responsabilidad es mantener el orden en las finanzas públicas e impulsar el crecimiento y desarrollo económico. El crecimiento económico de los últimos diez años, estimado en 1.2%, es claramente insuficiente. Otros indicadores macroeconómicos, como el comportamiento a la alza de la deuda pública y el descenso prolongado de la inversión fija bruta, nos ubican a niveles de estancamiento económico. Si bien el comportamiento de los indicadores durante el último trimestre es a la alza, no es momento de echar las campanas al cuelo ni de relajar las medidas de disciplina fiscal y de racionalidad financiera, hay que ver la serie larga y tener claro que un trimestre no hace verano,
Finalmente, la tercera responsabilidad es asegurar el acceso a la justicia y promover la paz. Las distintas calificadoras han emitido reportes advirtiendo el riesgo de perder el grado de inversión, entre otras cosas, por la falta de seguridad jurídica y por las dificultades para garantizar el acceso a la justicia y a la seguridad a las empresas y ciudadanos. Seguridad y justicia es un binomio indisoluble para generar la confianza que necesitan los inversionistas y que demanda la ciudadanía. De muchas formas se ha insistido que la paz duradera nace de la justicia, es momento de asumir esa responsabilidad social y política.
Justicia cotidiana, crecimiento superior al 2% y erradicar la corrupción e impunidad, son tres responsabilidades imprescindibles para impulsar el desarrollo de nuestro país. Por lo pronto, hagámonos cargo de avanzar en justicia y combate a la corrupción e impunidad, que dependen directamente de nosotros. Y orientemos las decisiones económicas y de política exterior, a sortear los desafíos de una economía globalizada.
