¡Qué días de felicidad vivimos gracias a nuestra Selección Nacional!
El Mundial fue un motivo de fiesta para las y los mexicanos y demostró que uno siempre puede aspirar y soñar con más mientras estemos dispuestos a trabajar por ello.
Antes de la justa mundialista, no había muchos ánimos de creer que nuestra Selección pudiera trascender, pero ahora no solo han hecho historia al volver al famoso “quinto partido”, sino que inspiraron con cada jugada y cada gol a un país que sabe que tiene el talento para ganar.
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El fenómeno del Mundial también nos enseñó que los mexicanos, a pesar de tener el peor gobierno de nuestra historia, que ha insistido una y otra vez con aprovechar políticamente la polarización y la división entre nosotros, estamos dispuestos a dejar de lado nuestras diferencias para unirnos bajo nuestros colores y nuestra bandera.
Hay quienes creen que el Mundial favoreció al oficialismo porque el buen ánimo de la gente hizo parecer que nuestro país está “mejor que nunca”, pero no nos dejemos engañar; en las gradas del estadio se escuchó con insistencia el “¡Fuera Morena!” y no faltaron los políticos de Morena que corrieron de restaurantes con el mismo grito de rechazo porque los mexicanos sabemos que, con todo y propaganda, el país es un desastre.
Aunque el Mundial y la Selección nos hicieron soñar y nos ilusionaron, no cerramos los ojos; no dejamos de ver a los 135 mil desaparecidos; a las madres buscadoras que exigen justicia; a los casi 3 mil sinaloenses que han sido asesinados en la narcoguerra que está por cumplir dos años; el desastre de la renegociación del TMEC y la incapacidad de Morena para estar a la altura de un pueblo tan noble y admirado por todo el mundo como el mexicano.
Al contrario, el paso histórico de la Selección nos recuerda que somos un país que merece mucho más; que necesita de un proyecto de nación ambicioso que esté dispuesto a trascender para llevarnos a triunfar como lo merecemos.
Sobre todo, necesitamos un proyecto de unidad. Cuando los mexicanos nos unimos, somos invencibles y eso se demuestra en nuestra alegría, en las ocurrencias espontáneas que se dan en las calles y en nuestra capacidad para impulsarnos los unos a los otros con cariño e ilusión.
Los mexicanos ya sabemos lo que significa que nos subestimen; ya nos han declarado derrotados muchas veces; nos han sacrificado antes de jugar, pero siempre hemos demostrado que nos basta con el trabajo y el orgullo de nuestro país para salir adelante.
Y hemos demostrado que, a pesar de tener a los políticos de Morena que se benefician de la división y que quieren que entre nosotros peleemos utilizando las desigualdades que ellos mismos provocan con su incapacidad para gobernar, nos une un mismo sueño: la esperanza de ganar.
Así que a seguir creyendo y confiando en nuestros colores, porque México, unido, jamás será vencido.
