Trump ha dado media vuelta en su posición respecto a Irán e Israel. Un giro inesperado que, por fin, abre la posibilidad de que el mundo vuelva a tener acceso a la energía y otros recursos estratégicos de Medio Oriente. De momento es una posibilidad teórica que para instrumentarse tiene que salvar fuertes obstáculos. El mayor reto es disociar la política exterior de los Estados Unidos de los objetivos israelitas que la han dominado para atender a sus propios intereses. Así lo han planteado, haciendo historia, tanto el presidente Trump como el vicepresidente Vance.
El 7 de junio, el Pentágono elevó al máximo el nivel de riesgo que representaba el espionaje israelita para las negociaciones de paz. El 19 de junio el periódico Washington Post publicó que las agencias de inteligencia (información estratégica) de los Estados Unidos advirtieron que Israel intentaría sabotear las negociaciones. La posición israelita era evidente y se tradujo una y otra vez en ataques en momentos clave del diálogo. No obstante es una novedad que el Washington Post lo diga abiertamente comportándose como portavoz de la administración Trump.
La primera sorpresa fuerte fueron los 14 puntos del Memorándum de Entendimiento entre Irán y Estados Unidos. Sus términos y redacción ceden a las principales exigencias iraníes sostenidas de manera inflexible a lo largo de todo el conflicto. Se contemplan tanto precondiciones de cumplimiento inmediato como otros compromisos de ambas partes que requieren precisiones técnicas a negociar y mayores tiempos de ejecución. El acuerdo establece un periodo de 60 días, que puede extenderse, para negociar un acuerdo permanente y detallado.
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Destaca en el Memorándum el primer punto: el fin de operaciones militares en todos los frentes, incluido Líbano y el compromiso de ambos, Estados Unidos e Irán, para asegurar la integridad territorial y la soberanía de Líbano. Llama la atención la ausencia de las menciones usuales al derecho de Israel a defenderse y sus reclamos de seguridad. Este es un silencio estruendoso.
Con el primer punto la Casa Blanca se compromete a que su aliado, Israel, cese el ataque a Líbano y se retire del territorio invadido. De no conseguirlo podría interpretarse que ese mismo punto autoriza a Irán a tomar las medidas necesarias, incluso militares, para defender a su propio aliado sin interferencia norteamericana.
Para Trump lo esencial es que ambos lados se comprometan a suspender el bloqueo al estrecho de Ormuz. Irán se compromete a dejar pasar los buques comerciales sin costo alguno durante, únicamente, los 60 días de negociación previstos. Durante ese periodo se definirán cobros que Irán y Omán podrán realizar al tráfico marítimo por servicios administrativos, seguros, protección ambiental y otros.
Otros puntos favorables a Irán, pendientes de detallar, son: un fondo de al menos 300 mil millones de dólares para invertir en la reconstrucción del país; fin de las sanciones financieras y comerciales; libertad de venta del petróleo iraní; devolución de los fondos congelados o confiscados, de propiedad iraní.
Para el manejo mediático de Trump es fundamental que Irán se comprometa, como siempre lo ha hecho, a no construir o adquirir bombas nucleares. Pero el acuerdo acepta que podrá hacer un uso pacífico de material nuclear.
Este Memorándum, o agenda para la negociación, es ásperamente criticado en los círculos políticos pro-israelitas de los Estados Unidos y, obviamente, por Israel mismo. Lo que ha dado pie para que Trump y su vicepresidente Vance lo defiendan con argumentos que hasta hace una semana habrían sido impensables.
Trump dijo que si Arabía Saudita tiene misiles y otros países energía nuclear, también Irán puede tenerlos. Fue más allá al decir que sin Estados Unidos, y sin su propia persona Israel no podría existir. Ha dicho también que Israel sobrerreacciona, que destruye todo un edificio de departamentos porque hay un sospechoso en la entrada.
En el nuevo lenguaje de la Casa Blanca, Irán ya no es un estado terrorista que debe ser destruido. Se le reconoce como un Estado con derechos, entre ellos: a participar en el comercio y las finanzas globales; al desarrollo económico; al desarrollo nuclear pacífico; a tener misiles y defenderse si es atacado; a definir su propia forma de gobierno y a mantener su cultura. Son consideraciones elementales acordadas a cualquier país pero que no se le reconocían a Irán. Ahora es un igual y se le respeta.
Los miembros más destacados del gobierno israelita denostaron los acuerdos iniciales. La respuesta del vicepresidente J. D. Vance, sin duda acordada con Trump, ha sido demoledora; dijo que Trump es, en todo el mundo, el único Jefe de Estado que simpatiza con Israel en este momento; que si él fuera parte del gobierno israelita no atacaría al único aliado poderoso que le queda a Israel y que dos terceras partes del armamento que ha protegido a Israel es hecho y pagado por los contribuyentes norteamericanos. Israel, dijo, no resolverá sus problemas de seguridad mediante asesinatos. El mensaje a los israelitas es que se han quedado solos y en adelante su futuro dependerá más que nunca de la buena voluntad de Trump.
Ante los que señalan que Estados Unidos ha sido derrotado, Trump y Vance sostienen que ahora es necesaria una dosis de realismo. Ambos argumentos son ciertos, lo fundamental del realismo es aceptar que no consiguieron sus objetivos mediante la guerra. Pero no todos están de acuerdo y es inevitable que Trump y Vance tendrán que enfrentar una fuerte crítica política y mediática. El giro que han dado enfrenta décadas de un discurso, incluso el de ellos mismos, que iba en sentido contrario.
La población israelita por años adoctrinada en favor de la expansión territorial y la limpieza étnica se encuentra en estado de shock. Toda su perspectiva ha sido alterada desde la más profunda raíz; tardarán en digerir el mensaje de que están solos y el mundo les exigirá otro comportamiento e incluso rendir cuentas sobre sus acciones.
De momento Israel repite los ataques a Líbano, con acuerdos de cese al fuego continuamente violados. Ha declarado que no se retirará de Líbano, Siria, Cisjordania y Gaza. Pero sin el armamento y financiamiento de los Estados Unidos no puede sostener todos sus frentes de batalla y, mucho menos, correr el riesgo de reanudar la guerra contra Irán.
Irán ha vuelto a cerrar el estrecho de Ormuz debido, ha declarado, a la falla de los Estados Unidos en instrumentar el primer punto del Memorándum, asegurar la integridad, la soberanía y el cese de la violencia sobre el Líbano. Esta es su carta de negociación más fuerte. Golpea a Trump en su punto más débil.
Trump expuso como motivo de su decisión que sus reservas estratégicas de petróleo están cercanas a agotarse. Esto es cierto y la realidad lo tiene arrinconado.
¿Podrá Trump conseguir que Israel suspenda sus ataques y se retire de Líbano? Para ello tendría que hacer más que el lenguaje acalorado; tendría que suspender el apoyo financiero y militar del que depende Israel; incluso retirar sus fuerzas militares del país. Tal vez así entendería Israel que la situación ha cambiado verdaderamente. De ello depende que se interrumpa el avance hacia un desastre de consecuencias globales.
