#ANÁLISISDELANOTICIA

Democracia y migración

Los instrumentos democráticos deben ser capaces de gestionar la migración con responsabilidad y justicia, evitando que el miedo y la desinformación se conviertan en los motores de decisiones que comprometan el futuro de nuestras sociedades. | Cristopher Ballinas

Escrito en OPINIÓN el

La tensión entre democracia y migración se ha convertido en uno de los grandes dilemas contemporáneos. Por un lado, los instrumentos democráticos —como los referendos— ofrecen legitimidad a las decisiones colectivas sobre el rumbo de las naciones. Por otro, la migración plantea retos que trascienden fronteras y que ponen a prueba la capacidad de los Estados para equilibrar derechos humanos, desarrollo económico y cohesión social. 

En este contexto, el próximo mes de junio la Confederación Suiza celebrará un referéndum para decidir si se debe fijar un límite constitucional de 10 millones de habitantes para 2050, con restricciones automáticas a partir de los 9.5 millones. Cabe mencionar que Suiza pasó de 3.3 millones de habitantes en 1900 a más de 9 millones en la actualidad, con un marcado envejecimiento poblacional —la edad media subió de 41.8 años en 2012 a 44.4 en 2025— y una creciente dependencia de la inmigración para sostener su economía. Este crecimiento ha generado tensiones internas en torno a vivienda, infraestructura y servicios, pero también ha abierto un debate más amplio sobre el papel de la migración en Europa. La iniciativa, impulsada por el Partido Popular Suizo, podría incluso obligar a Suiza a abandonar el acuerdo de libre circulación con la Unión Europea. Actualmente, el país cuenta con unos 9.1 millones de habitantes, de los cuales entre 27 y 30% son extranjeros, lo que refleja la magnitud del debate. De aprobarse, Suiza sería el primer país en institucionalizar un techo poblacional, transformando la gestión demográfica en política de Estado.

Coincidentemente, hace unos meses el Cato Institute publicó una investigación que desmonta mitos muy arraigados en Estados Unidos de América; lejos de ser una carga, la migración ha generado beneficios fiscales y económicos sustanciales en las últimas tres décadas. El estudio muestra que, entre 1994 y 2023, los inmigrantes aportaron más impuestos de los que recibieron en beneficios públicos, generando un superávit fiscal acumulado de 14.5 billones de dólares. Además, contribuyen con más de 2 billones de dólares anuales a la economía, sostienen sectores clave como salud, agricultura y tecnología, y han fundado una proporción significativa de startups innovadoras en Silicon Valley.

Estos hallazgos tienen implicaciones políticas profundas. Al demostrar que los inmigrantes son contribuyentes netos y que su presencia fortalece la sostenibilidad fiscal, el estudio del Cato Institute desafía narrativas restrictivas que presentan a la migración como una amenaza. En un contexto de envejecimiento poblacional y presiones sobre los sistemas de pensiones, la migración aparece como una herramienta indispensable para mantener la vitalidad económica y social. 

Sin embargo, el uso político de ciertos discursos carentes de evidencia, como el que se observa en Suiza, Europa y en varias regiones de Estados Unidos de América, plantea el riesgo de que los instrumentos democráticos sean manipulados para obtener ganancias partidistas a costa de los beneficios reales que la migración puede aportar. De ahí la necesidad de más investigación, divulgación y, sobre todo, de una defensa firme de los derechos humanos. 

Entonces, los instrumentos democráticos deben ser capaces de gestionar la migración con responsabilidad y justicia, evitando que el miedo y la desinformación se conviertan en los motores de decisiones que comprometan el futuro de nuestras sociedades.

Cristopher Ballinas

@crisballinas