COVID-19

A seis años de la pandemia, tres lecciones desde el INFO CDMX

En el marco del Día Mundial de la Salud, conmemorado hace unos días, y a seis años de que en marzo de 2020 se declarara la pandemia de covid-19, vale la pena mirar hacia atrás. | Laura Enríquez

Escrito en OPINIÓN el

Hay momentos en los que una crisis revela con claridad aquello que normalmente pasa desapercibido. La pandemia nos recordó que la salud no depende únicamente de hospitales, vacunas o personal médico, sino también de la fortaleza de nuestras instituciones públicas.

En el marco del Día Mundial de la Salud, conmemorado hace unos días, y a seis años de que en marzo de 2020 se declarara la pandemia de covid-19, vale la pena mirar hacia atrás para reflexionar sobre algunas de sus principales lecciones. La emergencia sanitaria no sólo puso a prueba a los sistemas de salud, también exigió a las instituciones responder con rapidez, claridad y responsabilidad.

En ese contexto, los derechos de acceso a la información y de protección de datos personales adquirieron una relevancia inédita: conocer cifras, medidas sanitarias o apoyos gubernamentales era vital, pero también lo era garantizar la protección de los datos de salud. Desde el Instituto de Transparencia y Protección de Datos Personales de la Ciudad de México (INFO CDMX), la experiencia de esos años nos dejó algunas lecciones que hoy siguen siendo vigentes:

La primera lección es que la transparencia puede salvar vidas. Durante la pandemia, el acceso a información clara, oportuna y verificable fue fundamental para combatir la desinformación y orientar decisiones públicas y privadas. Desde el INFO CDMX se impulsaron monitoreos de información pública sobre temas relacionados con el covid-19, se promovieron prácticas de transparencia proactiva y se desarrollaron herramientas y metodologías. La apertura de información permitió no sólo informar, sino también fortalecer la rendición de cuentas en un momento en que las decisiones gubernamentales tenían impactos inmediatos en la vida de millones de personas.

La segunda lección es que el derecho a la salud es inseparable de la protección de los datos personales. La información sobre el estado de salud es un dato personal sensible que requiere el mayor nivel de protección. Durante la emergencia sanitaria se recopilaron datos para diagnósticos, pruebas, seguimiento epidemiológico y atención médica. Ese tratamiento era necesario para proteger la salud pública, pero debía realizarse bajo principios claros: finalidad, seguridad y proporcionalidad. Recordar que cada persona mantiene el control sobre sus datos y puede ejercer sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición es clave para preservar el equilibrio entre el interés público y la vida privada.

La tercera lección tiene que ver con la responsabilidad de las instituciones de adaptarse a contextos extraordinarios. Durante la pandemia se desarrollaron herramientas que hoy siguen fortaleciendo nuestras capacidades institucionales. Un ejemplo es el Sistema de Verificaciones en materia de Datos Personales (SIVER), creado para realizar verificaciones en línea sin contacto físico. Esta herramienta se ha continuado utilizando y ha sido reconocida internacionalmente como una buena práctica institucional.

De igual manera, los lineamientos para el trabajo a distancia aprobados por el Pleno del Instituto permitieron mantener nuestras funciones en uno de los momentos más complejos de la emergencia sanitaria y abrir la puerta a modelos laborales más equilibrados y eficientes. Hoy, incluso ante eventos como el próximo Mundial de fútbol, las decisiones de retomar esquemas de trabajo remoto recuerdan que estas políticas, tanto en el sector público como el privado, no deberían limitarse a situaciones extraordinarias, sino establecerse como respuesta frente a necesidades permanentes de medio ambiente, movilidad, tráfico y calidad de vida.

A seis años de aquella emergencia global, el desafío hoy no es sólo recordar lo ocurrido, sino aprovechar lo aprendido. La salud pública requiere instituciones transparentes, tecnologías responsables y una cultura sólida de protección de datos personales. Con ello, hagamos lo que nos corresponde.

Laura Enríquez

@lauraenriquezr