IA Y ELECCIONES

IA y elecciones: el nuevo poder invisible

Hoy, las elecciones también se libran en redes sociales, donde algoritmos y sistemas de inteligencia artificial influyen, muchas veces sin que lo advirtamos, en lo que pensamos y en cómo decidimos votar. | Fan Jua Rivas Maldonado*

Escrito en OPINIÓN el

Hoy, las elecciones ya no se disputan únicamente en espacios tradicionales —plazas públicas, medios de comunicación, calles o incluso en las propias urnas—. También se libran en redes sociales, donde algoritmos y sistemas de inteligencia artificial influyen —muchas veces sin que lo advirtamos— en lo que pensamos y en cómo decidimos votar.

Toda estrategia política busca conectar con las emociones. Sin embargo, con la inteligencia artificial, la escala y precisión de esa influencia se han transformado. La pregunta es inevitable: ¿realmente decidimos libremente o alguien está incidiendo en lo que creemos?

La dimensión del fenómeno es clara. De acuerdo con la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), en 2025 más de 6,000 millones de personas tenían acceso a internet. Para millones, las redes sociales son su principal fuente de información, incluidos los temas políticos. Esto plantea una interrogante central: ¿qué tan confiable es lo que consumimos diariamente?

Aunque el uso de internet en elecciones no es nuevo, la pandemia consolidó a las redes sociales como eje de la comunicación política. La inteligencia artificial ha profundizado esta tendencia: hoy los mensajes son más atractivos, personalizados y persuasivos. Desde 2020, más de 90 elecciones presidenciales han ocurrido en este entorno digital intensivo.

La IA permite segmentar audiencias y comunicar con gran precisión, pero también abre la puerta a la manipulación, la desinformación y la polarización. No se trata solo de propaganda, sino de contenidos diseñados estratégicamente para influir en percepciones y decisiones.

México no es ajeno a este fenómeno. En las elecciones de 2024 coexistieron información verificada, campañas de desinformación, cuentas automatizadas y contenidos manipulados. La línea entre lo auténtico y lo fabricado es cada vez más difusa.

El riesgo es claro: si se debilita la confianza en la información, también se erosiona la confianza en las elecciones. Y sin confianza, la democracia pierde sustento.

La regulación avanza, pero la tecnología lo hace a mayor velocidad. Por ello, el desafío no es solo normativo, sino también ciudadano.

Hoy, ejercer la ciudadanía implica algo más que votar: exige cuestionar, verificar y asumir una postura crítica frente a la información.

La inteligencia artificial no es, por sí misma, ni buena ni mala; es una herramienta poderosa cuyo impacto dependerá del uso que se le dé.

La pregunta de fondo permanece y es ineludible: ¿estamos decidiendo en los procesos electorales con información verificada que nos permite elegir a los mejores perfiles y fortalecer nuestra democracia, o estamos aprendiendo a votar en un entorno cada vez más moldeado —y sofisticado— por la influencia de las redes sociales y la inteligencia artificial?

“Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de la autora.”

Fan Jua Rivas* 

Analista política y estratega en comunicación pública, con formación en Relaciones Internacionales y un MBA. Especializada en campañas electorales, manejo de crisis y gobernanza con enfoque de género, combina operación política y análisis estratégico. Su trabajo aborda los desafíos de la competencia electoral, la comunicación del poder y la construcción institucional en contextos complejos. Es asociada COMEXI e integrante de la UER de Sociedades del Conocimiento y la Educación. 

 

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