¿Quién dijo que hacer la paz es fácil? y ¿qué decir del tránsito de combatientes a la vida política? La transición de un conflicto armado hacia un proceso de paz conlleva una amplia y compleja agenda de temas a resolver, pero, sobre todo, demanda tiempo y requiere de credibilidad y confianza, así como de desarrollar la capacidad de crear alianzas y de adaptación, a lo que se agrega cierto grado de incertidumbre como en cualquier transición. Todos estos elementos le han quedado claros a Comunes, el partido político que surgió de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) después de deponer las armas cuando firmaron el Acuerdo de Paz en 2016.
Carl Von Clausewitz escribió que “la guerra es la política por otros medios”; las FARC-EP hicieron lo opuesto cuando dieron por terminada la confrontación armada contra el Estado colombiano, y trasladaron el conflicto al ámbito exclusivamente político. En el marco del Acuerdo de Paz, a las FARC-EP se le concedieron, entre otras cosas, cinco escaños en el Senado y cinco más en la Cámara de Representantes para que pudieran presentar su proyecto político en el Congreso.
Todavía hasta hace poco se escuchaban cuestionamientos a esta decisión, bajo el argumento de que por más de medio siglo las FARC-EP le hicieron la guerra al Estado colombiano por ideales políticos y sociales, al tiempo que cometían graves crímenes contra civiles.
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Para entender esta decisión vale la pena retomar a Johan Galtung, quien señala que, para reconocer la naturaleza de un conflicto y la posibilidad de salir de él, es necesario buscar en la violencia misma, no sólo en la violencia directa que supone el conflicto armado, también en la violencia estructural derivada de la pobreza y la exclusión, así como de otros factores económicos, sociales, institucionales y políticos.
Teniendo en mente lo anterior, el Acuerdo de Paz entre las FARC-EP y el Estado colombiano se trata de un conjunto de disposiciones divergentes que se unifican en torno a objetivos comunes: superar la violencia directa y la violencia estructural en el país, al tiempo que se establecen las condiciones para una reconfiguración del campo político interno.
En el nuevo escenario político en Colombia, las FARC-EP pasaron a denominarse Comunes, quienes vislumbraban su lucha en el Congreso colombiano y en las elecciones programadas entre 2018 y 2026. En pocas palabras, la antigua guerrilla debía ganar en el Congreso y en las urnas lo que no logró en el campo de batalla. Para ello, debía probar que se desprendía de sus armas y que cumpliría con la ley de partidos establecida en Colombia.
A nueve años de la firma del Acuerdo de Paz y a ocho años de tener curules garantizadas en el Congreso colombiano, el balance electoral de Comunes ha demostrado que las antiguas FARC-EP no pudieron capitalizar haber nacido de un proceso de paz y convertirse en una fuerza política competitiva en las urnas; Comunes no logró ampliar su base electoral, incluso, ésta disminuyó con el tiempo. El 8 de marzo de 2026, al competir en igualdad de condiciones con el resto de los partidos políticos durante las elecciones legislativas, Comunes no alcanzó los votos suficientes para mantener su representación en el Congreso, el resultado fue que el partido de las antiguas FARC desaparecerá oficialmente del tablero político de Colombia.
Si bien a lo largo de ocho años de actividad política el partido Comunes fue activo especialmente en temas sobre la implementación del Acuerdo de Paz, el desarrollo rural, la reincorporación de excombatientes a la vida civil y la protección a comunidades en territorios afectados por el conflicto, su participación poco incidió en la agenda parlamentaria.
En este sentido, resaltan al menos seis retos que las antiguas FARC debían superar y que no lograron. El primero fue la estigmatización a los firmantes de paz por la violencia que ejercieron contra el Estado y civiles. Esta herencia le valió a Comunes un alto costo en las urnas, especialmente porque el panorama político-electoral de Colombia está aún, en su mayoría, centrado en temas de conflicto y seguridad.
El segundo fue la seguridad de los excombatientes. De acuerdo con la Misión de Verificación de Naciones Unidas, desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016 al mes de abril de 2026, han sido asesinados 491 firmantes de paz, esto es un indicativo que son un blanco de otros grupos armados; lo que ha dificultado que los ex miembros de las FARC se muestren en espacios públicos para hacer campaña política.
Un reto más para Comunes fue aprender a organizar campañas electorales y a atraer aliados. Los ex FARC tenían que conectar con los votantes y adaptarse a un escenario político en el que las alianzas con otros partidos políticos tienen un gran peso en la gobernabilidad del país. Es cierto que Comunes ha respaldado al gobierno de izquierda del presidente Gustavo Petro, pero se distanció de él por diferencias programáticas sobre la implementación del Acuerdo de Paz y no logró integrarse por completo al proyecto del Pacto Histórico principalmente por el costo electoral que implicaba para dicha coalición política.
Al cuasi aislacionismo del partido de la antigua guerrilla se agrega su bajo grado de adaptación organizacional al terreno político; prácticamente Comunes mantuvo la jerarquía del grupo armado que era, lo que limitó su capacidad de que nuevos líderes participaran en su movimiento y cerró la puerta a la pluralidad que requiere una democracia.
Adicionalmente, el grado de incertidumbre que rondaba al partido de las extintas FARC-EP fueron las posibles sanciones que la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) les impondría a los máximos responsables, acusados de crímenes de guerra y lesa humanidad, así como de secuestros; esto no sólo generó una gran controversia entre las víctimas, también impactó a la hora de hacer campaña y de atraer votos.
Finalmente, quizá el obstáculo más grande que encontró Comunes fue que la reforma política que facilitaría la participación de nuevos movimientos políticos pactada en el Acuerdo de Paz no se implementó por completo.
Pero ¿cuál será el futuro de las FARC-EP como partido político? Es muy probable que Comunes desaparezca del escenario político de Colombia pues no logró consolidarse como una fuerza electoral nacional. Sin embargo, su experiencia en términos de hacer la Paz deja lecciones y efectos positivos. Entre estos últimos, probablemente el más importante es que 14,107 excombatientes dejaron las armas tras el Acuerdo de Paz y hasta ahora no se han unido a otros grupos armados y/o disidencias de las propias FARC.
Por otro lado, el Acuerdo de Paz entre las FARC y el Estado colombiano es el que más ha durado en su categoría y sin lugar a duda constituye un esfuerzo digno de ejemplo por construir la paz. Sus efectos van desde el fortalecimiento del espectro político colombiano que históricamente fue marginal, hasta facilitar el libre tránsito por las carreteras, a la llegada de más turistas internacionales y de una mayor inversión en ese rubro.
Finalmente, hay que reconocer que la firma del Acuerdo de Paz en Colombia posibilitó cambiar la idea de que la solución militar era la única vía para salir del conflicto armado y dio paso a plantear una solución política. Esto reafirma que los conflictos pueden transformarse creativamente a través de herramientas concretas que promuevan el diálogo, el reconocimiento de los oponentes y la cooperación entre las partes.
Con la lección que dejan las FARC-EP por continuar luchando por medios políticos, la gran interrogante ahora es qué decidirá la sociedad colombiana el próximo 31 de mayo en las urnas: apoyar al candidato del oficialismo, Iván Cepedada, que mantendrá una variante de la paz total de Petro y que tiene clara la experiencia generada por el Acuerdo de Paz de 2016; o apoyar a la derecha para retomar una solución militar contra los grupos armados ilegales sin importar sus motivaciones políticas o económicas.
