Aquí lo dije desde mayo de 2018. Sí, pocos días antes de que el crimen organizado convirtiera en presidente a López Obrador y a Morena en partido oficial, dije que la censura sería uno de los signos distintivos del “obradorato”.
Y, por supuesto que no faltaron los miles de insultos, descalificaciones y hasta las muy mexicanas mentadas de madre de los fanáticos, adoradores y creyentes ciegos de AMLO.
Lo cierto, sin embargo, es que no era novedad el talante autoritario, dictatorial y nada democrático de López Obrador.
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Más aún, cualquiera con un mínimo de sentido común, habría entendido que un resentido social como AMLO, que un autoritario como López Obrador y un dictador como López Obrador, nunca podría encabezar un gobierno democrático.
Y es que, en efecto, para AMLO, la democracia es lo más parecido al veneno de los dictadores y populistas, como el propio López Obrador.
Por eso su alianza con el crimen organizado para llegar al poder –igual que la mayoría de los dictadores, aliados de la peor escoria social–, y por eso, locuras como cancelar el NAIM, como imponer el fallido aeropuerto Felipe Ángeles, el Tren Maya, la Refinería Dos Bocas y por eso su fobia a la división de poderes y a la libertad de expresión.
Sin embargo, la buena noticia es que, en los gobiernos del Partido Morena, ya se quitaron las máscaras y, sobre todo, ya nos les importa la simulación y menos la traición a los principios democráticos.
Sí, hoy los militantes y gobernantes de Morena se exhiben de manera pública como lo que siempre han sido; como abusivos del poder, como intolerantes a la crítica, como vulgares dictadores, represores y violadores de libertades básicas, como las de expresión y de libre manifestación.
Más aún, tampoco les interesa la crítica pública y menos ser exhibidos como los peores sátrapas del poder y la política mexicana.
Y es que, con una impensable carga de cinismo, tanto políticos, como servidores públicos, legisladores y gobernantes del partido oficial, reconocen sus abusos del poder; aceptan que censuran a los críticos del poder, a las voces disidentes y, sobre todo, a medios y periodistas que cuestionan los excesos y las raterías oficiales.
Y el mejor ejemplo lo vimos ayer en la propia “mañanera”, en donde el mayor cínico de la historia, de nombre Marcelo Ebrard, reconoció que su hijo vivió por seis meses en la embajada de México en Londres, porque “pobrecito”, debía ser protegido por su padre en momentos de pandemia.
Pero el cinismo de Ebrard parece menor si vemos los excesos de Morena en el Congreso de la Unión.
Por ejemplo, resulta que a la senadora Lilly Téllez le apagaron el micrófono cuando denunciaba abusos de poder y excesos de la fiscalía general, en el más escandaloso caso mundial de pederastas.
Sí, una censura que día a día resulta más frecuente.
Peor aún, en instituciones como el IMSS y el ISSSTE, son crecientes los eventos en los que los periodistas son agredidos y censurados por instrucción de la Guardia Nacional, por documentar la miseria oficial.
Resulta que cuando un periodista se atreve a documentar los excesos, los abusos y las carencias del sector salud, de inmediato aparecen policías que reprimen a los periodistas.
Pero no se diga la amenaza a la que se someten, todos los días los grandes medios.
Y ay de aquel medio –prensa, radio y televisión–, que se atreva a difundir abusos del poder, carencias y deficiencias de los gobiernos de Morena, porque es llevado a la picota oficial.
Y es que, contra lo que muchos creen y otros suponen, hoy la censura oficial es la principal arma política de la dictadura de Morena.
¿Pero qué creen?
Sí, resulta que en el Itinerario Político del 9 mayo de 2018, aquí dije que la censura, la represión y persecución en mi contra no eran una amenaza para Ricardo Alemán, sino una advertencia para todos los periodistas y para todos los medios mexicanos.
Dije que con López Obrador y con Morena en el poder, morirían tanto la democracia, como la división de poderes y libertades fundamentales, como la de expresión.
¿Y qué creen?
Que hoy se ha confirmado todo lo que dije en mayo de 2018.
Sí, se los dije.
Al tiempo.
