El Plan B, entre otras cuestiones determina la limitación de síndicos y regidurías en los ayuntamientos y se establecen límites para el presupuesto que puede destinarse a las legislaturas (0.70% del presupuesto de egresos). La condición que modifica esta reforma es la libertad de las entidades federativas para determinar síndicos y presupuesto.
El argumento de la reforma es la “austeridad republicana”: a menos regidores y síndicos, se ahorra presupuesto. Sin embargo, la reforma tiene otro efecto: afecta los contrapesos. Explico: es posible que en aquellas entidades federativas en las que haya dos síndicos, uno de estos permita la representación proporcional en funciones de control (el síndico hacendario). La disminución a uno eliminaría esta posibilidad. Si, además, las Contralorías o los controles internos están controlados por la mayoría, los contrapesos tienden a anularse. El efecto secundario de la reforma es el sacrificio de los contrapesos y la mayor disponibilidad por las mayorías.
La reforma, bajo la retórica de la austeridad y desde decisiones centralistas, tiende a uniformar los gobiernos locales, restando las potestades de autodeterminación.
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Bajo esta misma lógica, reformas constitucionales previas o decisiones de política incrementan los poderes y funciones del gobierno federal a costa de las entidades federativas. Por ejemplo, en materia de salud, el funcionamiento del IMSS-Bienestar tiende a concentrar en la Federación las capacidades en atención a la salud, privando de estas capacidades a los estados; o la reforma en materia de eliminación de trámites burocráticos establece como autoridad nacional a una dependencia del Ejecutivo federal con potestades normativas y de manejo de infraestructura tecnológica.
Poco a poco se va erosionando el federalismo mexicano. No es algo nuevo, ni exclusivo de los últimos gobiernos, pero se ha acentuado en éstos. La hegemonía política ha incentivado, o bien, no ha dejado de otra a los gobiernos locales. Disciplina, controles, precaución ante posibles represalias, aversión al conflicto, entre otras, son las razones detrás.
El tránsito de un federalismo que va dejando de serlo, no se ha acompañado de un debate que examine tal proceso. El debilitamiento del federalismo tiene detrás también una historia del debilitamiento de las bases de un federalismo vigoroso. Así, una de las debilidades crónicas concierne a las finanzas públicas. La debilidad recaudatoria no es solamente una debilidad de capacidades institucionales, sino un sistema tributario que lo propicia.
Si, las entidades federativas, en su mayoría dependen de los recursos federales, tienen una menor defensa para decidir sobre sus finanzas públicas y para resistir limitaciones a intromisiones sobre sus diseños institucionales.
Esto lleva a examinar las bases mismas del federalismo. Para ilustrar lo anterior no es ocioso rescatar la discusión que se dio entre federalistas y anti federalistas en la construcción del federalismo norteamericano, o bien, entre los federalistas mismos. “El Federalista”, texto clásico que reúne los artículos de Madison, Jay y Hamilton. En la discusión: entre los puntos centrales estaba la falta de capacidad para recaudar impuestos, la debilidad militar y el desorden económico entre estados. El federalismo posibilitaría enfrentar estos problemas para mejorar la sostenibilidad de los estados, la defensa común y espacios para construir mercado y salvar las barreras inter estatales al comercio, por ejemplo.
Madison bien podría considerarse como el teórico de un federalismo equilibrado. El federalismo también (como la separación de poderes) es parte de los frenos y contrapesos. Las facciones activas en un país son inevitables, la cuestión es cómo controlarlas. El federalismo estructura el gobierno en una lógica de organización que posibilita la coexistencia de la pluralidad en términos de diversidad nacional.
La reforma en un contexto en el que tenemos una coalición gobernante, pero también señales de que el partido mayoritario busca deshacerse de sus aliados, las decisiones tomadas tienden a consolidar a las opciones políticas que resulten mayoritarias.
