México vive un momento complejo pero también experimenta una coyuntura conveniente en comparación con otros países. El nearshoring, la integración productiva con Norteamérica y el T-MEC lo convierten en el centro de la conversación económica global. Sin embargo, la pregunta clave ya no es si México tiene oportunidades, sino si puede convertirlas en desarrollo tangible y sostenible.
La economía global que está emergiendo, conocida como la Próxima Economía, no se parece a la de décadas pasadas. Está definida por la productividad impulsada por inteligencia artificial, la digitalización e innovación, la transición energética y las cadenas de valor más regionales y exigentes. En este nuevo entorno, el crecimiento depende menos del bajo costo y más de la capacidad institucional para diseñar un plan y ejecutarlo. Y en el mundo esa capacidad se construye cada vez más frecuente y eficazmente desde las ciudades, y no solo a partir de los acuerdos nacionales.
El Global South City Competitiveness Index (GS-CCI) 2025/2026, un índice lanzado recientemente que evalúa a 48 ciudades del Sur Global y del Norte con 257 indicadores, ofrece una perspectiva muy clara: los territorios que avanzan son aquellos donde se alinean hubs económicos urbanos, un entorno de negocios funcional y una gobernanza preparada para el futuro. Cuando estas tres capas no se conectan, incluso economías grandes pierden tracción.
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El T-MEC: plataforma, no garantía
En este contexto, el T-MEC debe entenderse como lo que realmente es hoy: la plataforma operativa de la Próxima Economía en América del Norte. El acuerdo ya no compite solo en términos de aranceles, sino en estándares: reglas de origen más estrictas, requisitos laborales, trazabilidad digital, cumplimiento ambiental y logística confiable.
Esto cambia el eje del debate. Si bien el acceso al mercado estadounidense puede estar asegurado, lo que está en juego es si las ciudades mexicanas pueden sostener ese acceso con infraestructura moderna, capital humano preparado para la IA y gobiernos locales capaces de ofrecer una mejor calidad de vida al coordinar transporte, energía, agua, suelo, vivienda y permisos, con rapidez y certidumbre. El T-MEC puede seguir generando la demanda, pero las ciudades deben proveer las condiciones propicias para recibir las inversiones.
Una advertencia desde América Latina
El GS CCI es particularmente claro con América Latina. Aunque la región tiene uno de los niveles de urbanización más altos del mundo (alrededor del 88%), su desempeño competitivo sigue siendo modesto. América Latina tiene muchas ciudades grandes, pero eso no ha sido suficiente para crecer más rápido. El problema de la región no es la falta de centros urbanos, sino la dificultad para que esas ciudades generen más productividad y crecimiento. El reto para los gobiernos locales es desarrollar la capacidad y el financiamiento para poder innovar.
México no es ajeno a esta situación. La Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara concentran industria, servicios, talento y conexión internacional. Son plataformas reales para competir en la Próxima Economía. Pero el GS CCI muestra que los mayores rezagos de la región están en dos frentes críticos: los ecosistemas de innovación y la capacidad de ejecución institucional.
México: Cinco fortalezas y cinco brechas
México parte de ventajas claras:
- Una posición estratégica en cadenas de suministro regionales;
- Grandes centros urbanos diversificados;
- Oportunidades de poder tecnológico con la transición digital y verde;
- Talento y calidad de vida más cercanos a estándares globales de lo que suele asumirse;
- Una plataforma regional —el T-MEC— que ofrece certidumbre a largo plazo.
Pero también enfrenta brechas que no puede ignorar:
- Urbanización que no siempre se traduce en competitividad;
- Ecosistemas de innovación débiles para escalar tecnología;
- Movilidad y logística que aún limitan la productividad;
- Acceso desigual al financiamiento y al capital de crecimiento;
- Y, sobre todo, una gobernanza fragmentada, el factor que el GS-CCI identifica como decisivo para convertir ambición en resultados.
El papel del Estado
El crecimiento de México en la Próxima Economía exigirá que los gobiernos locales planifiquen más allá del ciclo político, coordinen actores públicos y privados, y traten la tecnología —incluida la inteligencia artificial— como infraestructura básica, no como proyecto piloto.
México no necesita más diagnósticos ni posicionamientos optimistas. Necesita fortalecer el modelo operativo de sus ciudades, porque en la nueva economía que ya está llegando, las ciudades son las principales jugadoras y las que decidirán si el país gana el partido.
