GUERRA EN MEDIO ORIENTE

Guerra en Medio Oriente: catástrofe y negocio

La guerra en Medio Oriente nos acerca cada vez más a una catástrofe global sin precedentes, y al mismo tiempo presenta oportunidades de enriquecimiento para unos cuantos. | Jorge Faljo

Escrito en OPINIÓN el

La guerra en Medio Oriente nos acerca cada vez más a una catástrofe global sin precedentes. Cuando inició el ataque a Irán el 28 de febrero pasado tanto Trump, el presidente norteamericano, como Netanyahu, el primer ministro de Israel, pensaban que en cuatro días saldrían victoriosos y que el conflicto se limitaría al espacio regional. Se pensaba que su efecto en el precio de los energéticos sería de corto plazo y sería revertido rápidamente cuando las empresas norteamericanas dominaran la industria petrolera iraní y se levantaran las sanciones que limitan su exportación. 

De hecho, Trump esperaba que Irán capitulara ante la mera acumulación de fuerzas militares norteamericanas y que décadas de sanciones se traducirían en un enorme descontento popular que llevarían al pueblo a la rebelión contra su gobierno.  

Según Tsun Tzu para ganar una guerra se necesita conocer bien al enemigo y conocerse bien uno mismo. Si solo se conoce a uno de los dos, sea el enemigo o uno mismo, la probabilidad de ganar se reduce a la mitad; si se desconoce a ambos la derrota es segura. Esto último es lo que ocurrió. Los atacantes creían que el gobierno iraní no tenía capacidades militares y el descontento popular era mayúsculo; es decir que desconocían al enemigo. También se desconocían a sí mismos, predominaba su sentimiento de superioridad, la arrogancia al grado de pensarse pueblo elegido en guerra santa.  

La prepotencia y el desprecio por el contrario, significó una doble ceguera y el inicio de una guerra que se les salió de las manos a Estados Unidos e Israel. Ahora el conflicto no tiene fecha límite ni rampa de salida, ya no es regional sino que impacta a todo el mundo con costos más altos de petróleo y gas, de fertilizantes, y de todo tipo de derivados, como los plásticos; afectará al transporte, la industria, la agricultura. El resultado será una disminución masiva del bienestar que pondrá en riesgo la estabilidad social y política de numerosos gobiernos. 

La respuesta de Irán al ataque fue el cierre parcial del estrecho de Ormuz, punto de salida de alrededor del 20 por ciento de los energéticos y de la tercera parte de los fertilizantes que requiere el mundo. A Irán le bastó atacar varios buques que quisieron atravesar el estrecho sin su autorización. Eso elevó el costo de los seguros y le señaló a todos que solo podrían cruzarlo los que contarán con el permiso de Irán. Circulan sin problema los buques que llevan petróleo a China, a otros países, y que además lo venden en moneda china, no en dólares. 

Trump declaró que ya había destruido toda la flota naval, toda la fuerza aérea y todo el poder militar de Irán; declaró victoria pero hizo un llamado a sus aliados para que presionaran a favor de la reapertura del estrecho en un intento de internacionalizar el costo y los riesgos del conflicto. En caso de fracaso tendría a quien culpar y salir menos mal librado. Sus aliados europeos, a los que ha maltratado con aranceles y desprecio, no se sumaron a un ataque para el que no fueron consultados. Ante la negativa Trump los llamó malagradecidos. 

Conforme avanza la guerra los atacantes se van quedando sin defensas contra los drones y misiles iraníes. Trump hace claros intentos por una nueva negociación que conduzca a un cese al fuego que le permita retirarse. Pero Irán no está dispuesto a dialogar, ha sido engañado en varias ocasiones y considera que un cese al fuego implica permanecer en el círculo repetitivo de sanciones y negociaciones que preparan el camino a nuevos ataques. 

Aunque Irán está pagando un alto costo en destrucción, no está dispuesto a detener el conflicto hasta que el daño a sus enemigos garantice que el ciclo no se repetirá y no volverá a ser atacado nunca más. Sus condiciones son explícitas. Exige una compensación por la destrucción que le ha causado una guerra que no provocó, el retiro permanente de las bases militares norteamericanas en la región, venganza por las niñas muertas y la decapitación de sus líderes religiosos, militares y políticos. Pide garantías internacionales de que Israel abandona la ideología sionista de construcción del Gran Israel a costa de la destrucción y conquista de prácticamente todos los países y poblaciones de su alrededor. 

Al parecer la compensación que demanda se puede conseguir convirtiendo al estrecho de Ormuz en caseta de cobro de peaje al paso de buques y bienes que son vitales para la economía mundial y la supervivencia de los países árabes del golfo. La venganza que plantea puede ser el cambio de líderes políticos en Israel, Estados Unidos, las monarquías dictatoriales árabes que lo rodean. No tanto porque lo pida sino porque se trata de gobiernos cuya popularidad va en rápido declive. 

Trump amenazó con medidas extremas. Dijo que si en 48 horas Irán no abría el estrecho de Ormuz destruiría la infraestructura eléctrica del país. Irán respondió advirtiendo que en represalia atacaría las instalaciones nucleares de Israel, la infraestructura petrolera de los países del golfo y algo mucho peor, las plantas desalinizadoras de Israel y los países del golfo. 

Sin plantas desalinizadoras no solo caerían los gobiernos sino que hay países que no podrían seguir existiendo; millones buscarían desesperadamente emigrar a cualquier otra parte. 

Poco antes de cumplirse las 48 horas Trump dijo que estaba en negociaciones con el gobierno de Irán, que estas iban por buen camino y que por ello posponía el ataque a la infraestructura eléctrica de Irán por cinco días. Irán negó estar en cualquier tipo de diálogo, directo o indirecto con Estados Unidos. 

La amenaza de Trump y la respuesta iraní crearon un enorme pánico entre los gobiernos y la población del golfo y, más importante para Trump, encareció el petróleo y cayó la bolsa de valores. Cuando casi dos días después anunció la pausa de cinco días, bajó de manera importante el precio del petróleo y subió la bolsa de valores. 

Ante ello se plantean dos posibilidades. Una que Trump cedió ante la amenaza iraní de una represalia de enormes repercusiones. La segunda posibilidad, que no desvanece a la primera, la describe FirstPost, un servicio de noticias de India, profesional y de gran seriedad, que señala que de manera repetida minutos antes de cada declaración fuerte de Trump se colocan apuestas anónimas sobre el comportamiento de la guerra por cientos de miles de dólares que se transforman en ganancias de millones de dólares. 

Prever el comportamiento de los precios al alza o baja brinda enormes ganancias a los que le atinan al sentido de la siguiente declaración de Trump. Una poco creíble casualidad que da a entender que el comportamiento errático de Trump tiene un sentido práctico. Aunque la guerra coloca a cientos de millones, tal vez a la humanidad toda, al borde del abismo, no deja de presentar oportunidades de enriquecimiento para unos cuantos.

Jorge Faljo

@JorgeFaljo