La posibilidad de una reforma electoral cimbró el corazón de la alianza que integran los partidos Morena, del Trabajo (PT) y Verde Ecologista de México (PVEM).
Desde que las tres fuerzas políticas decidieron ir juntas después de las elecciones federales de 2018, no ha habido otra propuesta del Ejecutivo Federal que haya generado opiniones tan diversas y contrarias. Quizá por eso abundan los predicamentos del desastre que apuestan a la fractura de una de las coaliciones político-electorales más sólidas del país en los últimos años.
No es para menos, Morena, PT y PVEM han votado en el mismo sentido casi todas las iniciativas presentadas en el Congreso de la Unión en los últimos ocho años. En el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se aprobaron y publicaron 27 reformas constitucionales, y en lo que va de la actual administración, otras 19. Nuestro respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo nunca ha estado en duda y nuestro compromiso sigue vigente.
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Por eso la reciente votación de la reforma electoral, más allá de la controversia que aún suscita, representa un momento clave en la agenda legislativa del país y un parteaguas para nuestra coalición rumbo al 2027.
Sin sobrestimar la coyuntura, el futuro de nuestra alianza dependerá de la disposición que mostremos las tres fuerzas políticas de escuchar, construir acuerdos, corregir, y evolucionar, a partir de las lecciones que nos dejó este “desencuentro legislativo”. Por ejemplo, entender que las alianzas no son camisa de fuerza sino instrumentos que se adaptan a los tiempos, a las demandas sociales y a los retos institucionales.
Debemos también comprender que ir en coalición no significa desdibujarse como partido político, sino sumar fuerzas para lograr un mismo objetivo: la transformación profunda de México, desde la vida pública.
La alianza Morena-PT-PVEM tiene hoy la posibilidad de reafirmar su compromiso con México, no solo desde la mayoría legislativa, sino desde los gobiernos municipales, estatales y federal. Por ello, las discusiones de la reforma electoral y el Plan B deben entenderse como una oportunidad para refrendar nuestras coincidencias y para construir acuerdos más sólidos.
De cara a los comicios de 2027, enfrentaremos el enorme reto de dirimir con madurez nuestras diferencias, mantener la unidad y, sobre todo, la confianza de los ciudadanos, cada vez más exigentes y ávidos de resultados.
La alianza no se construyó de la noche a la mañana. Está en manos de los actores políticos que la integramos cuidarla y preservarla.
Apuntes para el lector
Inicio una nueva etapa en este espacio que amablemente me brinda La Silla Rota para reflexionar sobre lo que ocurre en el país y abordar temas de interés para sus jóvenes lectores.
Estoy consciente de que no será una tarea sencilla porque más allá de la vieja retórica de lo importante que son para México y del futuro que se cierne sobre ellos, los políticos no hemos aprendido a hablar a las nuevas generaciones.
Nuestros discursos no han sido suficientes para llamar su atención, menos aún con las opiniones que muchas veces acompañan a quienes nos dedicamos a la política.
Por ello, dedicaré este espacio a hablar con los jóvenes, abordar sus problemas y buscar una solución, desde la trinchera legislativa. Hacerlo implica conocer, entender y atender sus necesidades.
Sé que en algunas ocasiones la coyuntura será inevitable de abordar, pero también creo que en la medida en que quienes hacemos política pongamos a los jóvenes en el centro de la agenda política y pública, contribuiremos a que nuestra sociedad reivindique el papel que merecen.
