Hay imágenes que no solo se miran: se sienten. Eso sucede cuando uno recorre una ciudad nueva, cámara en mano, y mira con otros ojos aquello que creía conocer. “Ver para otros” es mi próxima exposición fotográfica que llegará a la Ciudad de México en junio próximo, en el Museo Archivo de la Fotografía. Ésta nació justamente de la necesidad de mirar para contar, compartir y ofrecer una visión de nuestro mundo, distinta a la que tantas veces se impone desde lejos.
Durante años he retratado los contrastes de nuestro país. He sido testigo de su dolor, de su resistencia y también de su capacidad infinita para renacer. Pero esta vez quería enfocar la lente hacia un tema que siempre me ha conmovido: la fuerza de las mujeres juarenses. Así surgió “Las Vivas de Juárez”, una serie de diez retratos que forma parte central de esta muestra. Diez rostros, diez historias, diez puntos de luz que revelan la nueva cara de esta increíble ciudad y su gente.
Esta es ahora la frontera femenina más dinámica, que emerge cada día entre desiertos y avenidas, entre maquilas y mercados, entre escuelas y parques. Mujeres que todos los días levantan a Juárez con su trabajo, su empeño y su voz. Son las que caminan con determinación por colonias que antes fueron territorio del miedo; las que madrugan para sostener familias enteras; las que, sin reflectores, hacen posible la vida diaria.
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En cada retrato hay un eco de esa energía: la niña que baila en las dunas; la enfermera que ajusta su cubrebocas antes de otra jornada en el hospital; la maestra que, entre pizarrones y cuadernos, enseña a mirar más lejos; la policía que patrulla con firmeza calles que también son suyas; la estudiante que levanta la voz sin miedo a ser juzgada; la madre que, con solo su presencia, rehace lo que parecía perdido.
No busqué solo heroínas, sino mujeres de carne y hueso que se levantan antes del amanecer, que reclaman su lugar no con discursos sino con acciones. Las Vivas —porque están aquí, porque seguimos hablándolas en presente— representan ese Juárez que no se rinde, que no quiere ser definida por sus cicatrices sino por su impulso de futuro.
Presentar “Ver para otros” en la Ciudad de México me emociona y me provoca una responsabilidad enorme. No se trata solo de mostrar fotografías, sino de tender un puente. Quiero que, al recorrer la exposición, el público capitalino vea lo que muchas veces no se cuenta: una frontera donde la belleza sobrevive al polvo, donde la esperanza se renueva en cada jornada laboral, en cada mirada segura, en cada gesto de solidaridad.
Fotografiar Juárez siempre ha sido, para mí, un acto de amor y de resistencia. Desarrollé esta serie a lo largo de tres meses de trabajo en Juárez. Porque sabía que ahora debía mirar con más calma, con más cercanía, con más gratitud. Porque cuando enfocas el lente en estas mujeres, descubres que la ciudad respira a través de ellas. Son la fuerza invisible que mantiene en pie fábricas, escuelas, hospitales y hogares; las que construyen comunidad entre la precariedad y el olvido; las que —sin proponérselo— sostienen el pulso de una frontera que nunca deja de latir.
Las Vivas de Juárez no son una excepción dentro del paisaje fronterizo: son su esencia. Están transformando la ciudad con orgullo, con coraje y con una voluntad inmensa de no rendirse jamás. En cada uno de sus retratos hay una declaración de vida que contradice el silencio y afirma la presencia.
Por ello quiero agradecer profundamente a Barby Mondragón, policía municipal que sobrevivió a un ataque armado de criminales que casi le quitan la vida, pero que la convirtieron en una heroína juarense a todo orgullo y quién generosamente me contactó y presentó a la mayoría de estas chicas. A Diana Ramírez estudiante de turismo y que siempre nos recibe con una sonrisa en donde quiera que ande. A la enfermera Jazmín Nuevo, una mujer fuerte dedicada al cuidado de los demás. A Mary, la escritora y a Luciana su talentosa hija qué ya es sin duda una gran bailarina. A Meyli por portar con orgullo su uniforme policiaco. A Susana Lozoya abogada y criminóloga de enorme sensibilidad social, a Lorena Psicóloga y promotora del bienestar emocional con enfoque en mujeres y a Daniela Meléndez que con enorme dedicación prepara los mejores jugos naturales de Ciudad Juárez.
Quizá ese sea, al final, el verdadero sentido de esta exposición: mirar para reconocer, para valorar, para entender que Juárez no solo resiste… también crea, también inspira, también sueña.
PD. Y vaya también un merecido reconocimiento a Daniel Pillado, mi compañero local en Juárez, cómplice de esta aventura y primer enlace para encontrar a estas increíbles heroínas. A Francisco Mata por sus consejos y a Rain por inspirarme siempre.
