La presidenta Claudia Sheinbaum acaba de anunciar la posibilidad de posponer la elección de los 849 magistrados y jueces federales hasta 2028. Este anuncio abriga esperanzas de corregir los lamentables errores y mitigar efectos adversos, particularmente en el método para seleccionar a los mejores candidatos.
Podría ser la mejor alternativa en la cual la presidenta pueda formar equipos de trabajo para que exista la certeza de que se elijan a los mejores candidatos con la suficiente probidad como personas que les permita actuar con justicia, imparcialidad y autonomía frente al resto de los Poderes, tanto Legislativo como Ejecutivo.
En las primeras elecciones judiciales tuve la oportunidad de ir a la casilla más cercana a mi domicilio para votar por los juzgadores que se encontraban en aquellas boletas. Llegué sin acordeón y delante de mí había 4 personas que a la distancia me pude percatar que tenían una enorme dificultad para llenar su boleta.
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Estaban en las mamparas leyendo las pequeñas letras para identificar a cada candidato, tanto de juzgadores locales y federales, como de jueces de distrito, magistrados, ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación e integrantes del Tribunal disciplinario.
A pesar de que llegué temprano, tardé casi una hora, permaneciendo de pie, para poder tener un espacio en la mampara para elegir a quienes se encargarían de ejercer justicia por primera vez a través del voto popular. El ejercer mi voto me tomó cerca de 30 minutos, sumado al tiempo de espera, lo que me pareció inviable en un ejercicio de esta naturaleza.
Puedo afirmar que, a pesar de mi profesión como abogado y académico en el ámbito del derecho, la inmensa mayoría de los candidatos me eran desconocidos. No sabía de dónde habían salido.
Observaba a mi alrededor que los pocos electores que llegamos a votar en una de las casillas de la colonia Doctores de la Ciudad de México estábamos con cara de confusión y sorpresa al tener en nuestras manos las boletas. Días antes circularon en las redes sociales los famosos acordeones, pero me resistí a tomar alguno de ellos porque eso demeritaba mi libertad de decisión.
Lastimosamente, la reforma judicial, lejos de fortalecer el sistema de justicia, lo debilitó tanto que lo puso en los suelos. Los presupuestos se redujeron en lugar de ampliarse para habilitar más juzgados, mientras que los actuales están desbordados. Antes, un juicio de amparo podía resolverse en menos de cuatro meses; ahora, mientras pasa por un Juzgado de Distrito y luego a un Tribunal Colegiado de Circuito, tarda al menos dos años, a veces más. Y si llega a la Suprema Corte puede ser todavía otro año.
En los juzgados de carácter local, el estado de crisis es aún de mayores dimensiones. En el ámbito laboral de la Ciudad de México se tienen más de 7 mil expedientes con apenas 9 jueces. Las audiencias orales tienen frecuentemente retrasos de varias horas para iniciar. Los litigantes, trabajadores y patrones tienen que esperar (aguantar) de pie largos ratos la celebración de su ansiada audiencia.
He escuchado decir que estábamos mejor que cuando estábamos peor, antes de la reforma judicial.
Los tiempos son oportunos para que se convoque a especialistas, académicos, juzgadores, colegios de abogados, con la finalidad de trabajar en una misma dirección para crear una propuesta que promueva y encauce la llegada de los mejores juzgadores, los más calificados, los más preparados, quienes cuenten con una ética probada para defender la autonomía del juzgador, su bien más preciado.
Es una pena que haya juzgadores en el ámbito penal que no sean penalistas, civilistas que no lo sean, y laboralistas que a todas luces nunca antes abrieron una Ley Federal del Trabajo. Ahora que se sabe que preparan exámenes para los recién llegados, nos preguntamos: ¿Por qué hasta ahora? ¿Por qué no ocurrió antes de la elección?
Es vergonzoso saber que les dicen a los recién llegados juzgadores que no se preocupen si reprueban. Estas afirmaciones demeritan el sistema de justicia.
El anuncio presidencial de posponer la elección judicial para 2028 o en el año que se decida, podría significar una oportunidad para mejorar la elección de los juzgadores, para dar mayor certidumbre al sistema de justicia, para dignificarlo. ¿Seré demasiado iluso?
¿Será posible ver a lo lejos una pequeña aurora que marque un nuevo rumbo para combatir las tinieblas y desterrar la oscuridad?
De Otros Avatares
Dicen desde los pasillos gubernamentales que se crearon 182 mil 778 empleos formales en el mes de febrero, pero de manera engañosa suman los números volátiles de plataformas digitales, que alcanzaron 163 mil 896. Quitando estos empleos digitales de espuma, en realidad se crearon en los dos primeros meses del año únicamente 10 mil 778, ya que en enero se destruyeron 8 mil 104 empleos.
