#OBJECIÓN

Las secuelas de Tapalpa

Tras la muerte de “El Mencho”, el país enfrenta hasta ahora 48 elementos federales asesinados, calles semivacías y dos posibles escenarios: reagrupamiento violento o lucha interna. | María Idalia Gómez

Escrito en OPINIÓN el

El primer reporte oficial más completo, ofrecido por el gabinete de seguridad en la mañanera de Palacio Nacional, confirmó un hecho que en México hemos querido evitar mencionarlo con todas sus letras, el Cártel Jalisco Nueva Generación es, como lo definió Estados Unidos, un grupo terrorista. 

Sus acciones lo confirman: la movilización de células armadas por unos 20 estados del país para provocar caos sin importar la población; el equipo táctico y la cantidad y la alta capacidad de fuego que le fue encontrado; los millones en efectivo decomisado para la operación cotidiana del cártel; el asesinato elementos federales y militares, y los robustos y bien articulados cinturones de seguridad que protegían no sólo a Oseguera Cervantes sino a otros de sus líderes.

La cifra que hasta el cierre de esta edición me han confirmado las fuentes de primer nivel que he consultado y están en el terreno, es que suman 48 los elementos federales asesinados por el CJNG en diferentes puntos del país durante el domingo, un número superior al que se reportó en la mañanera. La mayor cantidad de bajas fueron de la Guardia Nacional y después del Ejército. Y me adelantan que la cifra seguirá aumentando.

Mientras tanto, el lunes, muchas de las calles de ciudades y pueblos estuvieron semivacías o con muy poco tránsito. Los reportes de personas ubicadas en Jalisco, Michoacán, Nayarit, Colima, Hidalgo o incluso la Ciudad de México y varias entidades más, mostraban una disminución significativa en el transitar habitual de automóviles y personas por las calles.

La fragilidad del orden restablecido en el país, tras conocerse la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes,El Mencho”, provocó que muchos sectores económicos, educativos y sociales, se detuvieran parcialmente o se atendiera en línea. Esta reacción ocurrió ante la irascible operación de las células criminales que podrían aparecer nuevamente en diferentes puntos del país provocando bloqueos, quemando autos y espacios gubernamentales, o sosteniendo enfrentamientos; y la posibilidad de que las autoridades no pudieran contenerlos.

A la pregunta de si la situación está controlada, me responden todas las fuentes: “sí, por ahora”. Hay dos escenarios esperados por parte del gobierno: Que se estén reagrupando y considerando las opciones que puedan implementar estas distintas células para provocar una nueva oleada violenta en el país, para mostrar su poder y así evitar perder el control de territorio. Y el segundo escenario, que el cártel no tenga la capacidad de reacomodar su liderazgo pronto y comience una lucha interna que también provocaría un escenario de violencia.

Sea cual sea el escenario que resulte en los próximos días, los especialistas de las agencias de Estados Unidos hablan ya del cambio en la geografía criminal de México. En este reacomodo, estas oficinas están apostando a que también afectará a las personas vinculadas a grupos políticos y empresariales con los que el cártel está asociado. 

No sólo por el abatimiento de su principal líder, sino porque enfrentan el cierre por mar, aire y tierra de insumos para la producción de drogas sintéticas que ha instaurado Estados Unidos en el Caribe y Centroamérica; también por las sanciones del Departamento del Tesoro contra sus integrantes, lo que los hace más visibles, y las presiones hacia el gobierno mexicano para desarticularlos.

Es tal la presión por todos los frentes, por ejemplo, el país del norte ha puesto sobre la mesa, nuevamente con intensidad, la posibilidad de que el Mundial no se juegue en Jalisco, ante la falta de condiciones de seguridad.

La operación de seguimiento contra el CJNG por parte de Estados Unidos no ha terminado, al contrario, se ha intensificado. No se trató de una operación. Estados Unidos ha exigido a México la desarticulación y sometimiento judicial de sus integrantes criminales y cómplices en los sectores sociales, políticos y económicos. 

En México esto no es creíble. La sociedad simplemente no lo cree posible, como tampoco cree que sea el cuerpo de “El Mencho” el que esté en servicios periciales o si lo cree, piensan que tenían que matarlo para que no hablara por todo lo que revelaría. Todo ello producto de la bien ganada desconfianza hacia las autoridades. Para acreditar, sin lugar a duda la identidad del líder criminal, será necesario que Estados Unidos la avale, y para el resto de dudas y desconfianzas de la población, necesitará la administración de Claudia Sheinbaum mostrar auténticos y profundos resultados, especialmente al desarticular el apoyo político a los grupos criminales.

 

María Idalia Gómez

@Gosimai