A Donald J. Trump se le retuercen las tripas nada más recordar que en el Super Bowl LX, en California, se presentó durante el intermedio un latino; y que ese latino es muy famoso y tiene pantalones suficientes para gritar a los cuatro vientos desde su trono de fama: ICE Out! … ¡Fuera ICE! Es Bad Bunny, el “Conejo malo”.
Como corresponde a su personalidad biliar y cargado de su enorme ego, a Trump le indigna que le lleven la contraria, tenga o no tenga razón.
En esta ocasión, le enojó mucho que, con todo el poder que carga encima desde el 20 de enero de 2025 como presidente de Estados Unidos, no pudo impedir la presentación del “Conejito” en uno de los espectáculos más vistos en el mundo, aunque muchísimo de ese mundo no sepa de futbol americano, no sepa las reglas del juego, no sepa quiénes son las estrellas, estrellitas y asteroides de los equipos, en un juego en el que se juegan millones de dólares.
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Pero es un espectáculo a fin de cuentas. Es la confronta de dos equipos estadounidenses triunfadores que querían el máximo galardón en reconocimiento a su calidad deportiva y estrategia de juego. Aparte de que es un deporte que conlleva una enorme carga de mercadotecnia y negocio.
Pero Trump ya traía en el buche a Bad Bunny porque éste no se somete a sus mandatos, porque Benito acepta ser latino con todas sus letras, porque nació en el país “libre y asociado” de EU, como es Puerto Rico. Así que el artista ha tenido que aguantar vara a todos los mensajes de desprecio y odio que le manda Donald, el mismo que muestra todos los días su inquina a lo extranjero (xenofobia) y desprecio hacia otras razas que no sean anglosajonas (racismo).
Una prueba reciente de ese racismo es que en un mensaje de Trump a la Nación, expuesto en la red social “X”, mostró al ex presidente Barak Obama y su esposa Michelle Obama en calidad de monos en la selva, haciendo alusión al color de su piel y a sus lejanos orígenes africanos.
Sobre todo muestra ese racismo y xenofobia en contra de los latinos, en particular a los que llegan a Estados Unidos como migrantes para acercarse a lo que suponen es “el sueño americano”.
Para ellos, Trump ha dispuesto un programa de persecución casi criminal a través del ICE (las siglas en inglés de U.S. Immigration and Customs Enforcement (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos). Un cuerpo policiaco que se ha caracterizado por su violencia y atentados a la ley de EU.
Le indignó que durante la entrega reciente de los Grammy internacionales, Bunny obtuviera el máximo galardón al mejor álbum del año y quien durante su mensaje de agradecimiento, en inglés y en español, espetó: "¡ICE out!" (Fuera ICE) y añadió: "No somos salvajes, no somos animales, no somos extranjeros; somos humanos y somos americanos", defendiendo a los inmigrantes.
A Trump le caló a los huesos este mensaje. En adelante comenzó un discurso de odio en contra del cantante a quien descalificaba un día sí y otro también.
Todo esto generó expectativas y morbo entre quienes querían ver si Bad Bunny es un mal artista o si este artista puertorriqueño haría un buen papel en el intermedio más costoso del mercado deportivo internacional.
Todo salió bien para todos, o casi todos. El espectáculo fue muy exitoso, uno de los más vistos en la historia del Super Bowl, nada más 135 millones de espectadores. Aunque también es cierto que a muchos no les gusta, da la casualidad de que a millones sí, sobre todo a jóvenes en edad de la innovación y en la edad del rompimiento de clichés musicales. Es cosa de tiempos y gustos.
Pero más allá de todo, la sola intención de un personaje tan influyente en los jóvenes y entre la población latinoamericana y latina en Estados Unidos, por manifestar su inconformidad con la persecución de la que son víctimas los migrantes en EU, y sobre todo por las políticas xenófobas y racistas de su presidente actual.
Es una forma de defender lo que es propio y respetable, como es el origen, raza, cultura y forma de percibir la vida, una defensa en contra de quienes con discursos de odio cruzan los umbrales del respeto a los derechos humanos, a la dignidad y al trabajo honesto y honorable.
El canto de Bad Bunny fue el de la hermandad de los americanos: todos, porque somos americanos todos quienes nacimos en el continente Americano. Es un canto a la libertad, a la justicia, a la igualdad y al respeto. Ese es el gran valor de las palabras y actos de Benito Antonio Martínez Ocasio, el muchacho de 31 años que nació en barrio Almirante Sur en Vega Baja, Puerto Rico.
En contraposición está el discurso de odio de Donald J. Trump, quien no representa el pensamiento, la cultura, la inagotable generosidad de millones de estadounidenses que viven en un país que se forjó y se fundió en el crisol de culturas que llegaron a aquel territorio a lo largo de los años.
Eso es algo que olvida Trump, quien no representa a Hemingway, ni a John Steinbeck, ni a William Faulkner y mucho menos a Walt Whitman y tantos más, que son el espíritu y la conciencia muy querida de Estados Unidos.
En todo caso Trump no tardó mucho en descalificar la presentación de 13 minutos de Bad Bunny. Dijo Trump a modo de berrinche: “El peor espectáculo que ha ocurrido en la historia del Super Bowl. Nadie entendía qué decía ese tipo…”. Y aprovecho a Bunny para no ir al estadio, seguramente porque pensó que le rechiflarían de forma monumental, como ocurrió hace unos días con J. D. Vance su vicepresidente, en las Olimpiadas de Invierno, en Italia.
Trump representa a su propia conciencia, expresada en el diario agravio a latinoamericanos en su política de persecución y expulsión de un territorio que no le pertenece porque le pertenece a todos los estadounidenses y de los que muchos millones no están de acuerdo con él y gritan ya: “ICE out!”
