#POLÍTICAMENTE

Un año de la primera presidenta

Durante este primer año, Sheinbaum ha mantenido la ruta de la Cuarta Transformación, pero le ha imprimido su propio sello, disciplina técnica, austeridad republicana y un enfoque de igualdad de género sin precedentes. | Guillermo Sesma

Escrito en OPINIÓN el

El domingo pasado, el Zócalo de la Ciudad de México volvió a llenarse de historia, esperanza y pueblo, miles de personas se congregaron para asistir a la ceremonia del primer año de gobierno de la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, la primera presidenta de México. Pero más allá del simbolismo, el mensaje que ofreció Sheinbaum fue claro, contundente y profundamente político: la transformación continúa.

“Quien robe y traicione al pueblo enfrentará la justicia”, afirmó con voz firme ante a un Zócalo que respondía con aplausos y gritos. Esta frase, que podría quedar para la posteridad, condensa el espíritu de su administración, un gobierno que busca combinar honestidad, justicia y compromiso social. 

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Lo que se vivió este domingo más que un informe técnico, fue un acto de reafirmación política. Sheinbaum habló desde la legitimidad que le otorga un respaldo ciudadano amplio, el más alto para un presidente en las últimas décadas, pero también desde la serenidad de quien sabe que gobernar implica tomar decisiones difíciles, resistir presiones y mantener un rumbo claro.

En su discurso, la presidenta reiteró que “el poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio del pueblo”, no es una simple cita moralista, es una línea de continuidad con los principios que heredó del movimiento que la llevó al poder, y que hoy busca institucionalizar en políticas públicas tangibles.

Durante este primer año, Sheinbaum ha mantenido la ruta de la Cuarta Transformación, pero le ha imprimido su propio sello, disciplina técnica, austeridad republicana y un enfoque de igualdad de género sin precedentes.

Destacó que más de 32 millones de familias mexicanas reciben algún apoyo social, lo que representa cerca del 82 % de los hogares del país. “Primero los pobres no es una consigna, es una convicción ética y una política de Estado”, dijo Sheinbaum, reafirmando que el crecimiento económico no tiene sentido si no se traduce en bienestar y justicia.

En materia económica, presumió estabilidad y confianza: el peso se ha mantenido fuerte, la inflación bajo control y las calificadoras han mejorado la perspectiva de Pemex y la CFE. “La estabilidad económica con justicia social es posible, y México lo está demostrando”, enfatizó.

El hilo conductor de su discurso de Claudia Sheinbaum fue el de la ética política, la presidenta insistió en que no habrá privilegios, ni pactos con la impunidad, y que el combate a la corrupción seguirá siendo “bandera y convicción”. En palabras suyas: “La honestidad no se decreta, se practica todos los días, desde el ejemplo personal hasta las decisiones públicas”.

Esa coherencia entre palabra y acción explica buena parte del respaldo popular con el que cuenta. En tiempos de desconfianza hacia las instituciones, el liderazgo de Sheinbaum ha logrado mantener la credibilidad de la ciudadanía gracias a una comunicación directa, sobria y firme.

Lo que pudimos escuchar fue un mensaje de continuidad con transformación, una reafirmación de principios con mirada hacia el futuro. Si el primer año fue el de la consolidación, el segundo deberá ser el de la profundización.

En un contexto internacional incierto, México ofrece hoy una imagen de estabilidad, crecimiento y rumbo político claro. Y eso, en buena medida, se debe al liderazgo de una mujer que, como prometió desde el Zócalo, no quiere fallarle al pueblo de México.

 

Guillermo Sesma

@gsesma