#CONSULTORÍAPOLÍTICA

¿El show debe continuar?

El show es indispensable en casi todas las campañas de comunicación política. | José Antonio Sosa Plata

Escrito en OPINIÓN el

Cantan, bailan y cuentan chistes. Lloran, hacen drama, dicen malas palabras, practican algún deporte y besan niñas y niños. Se disfrazan, juegan y promueven la venta de sus monos de trapo. Cocinan frente a la cámara y comen antojitos típicos en la calle. Organizan espectáculos. Utilizan con humor la inteligencia artificial. 

No hay candidata o candidato que sucumba a los encantos y beneficios del show.

Desde hace muchos años, la política y el espectáculo van de la mano. La fusión a nadie sorprende ni preocupa. Todo lo contrario. La ven normal y cotidiana. Muchos dicen, incluso, que es indispensable. Ciertamente, lo es. Es la política espectáculo. El show de la política. El infoentretenimiento. La banalización de la política. El Politainment.

Los personajes de poder que hacen show alcanzan más fácil las metas de posicionamiento. El espectáculo los acerca más rápido con el pueblo. Los “humaniza”. Los hace más populares. Potencia la emoción de su comunicación. Mejora los mecanismos para reforzar su perfil de imagen. Y hasta logra que sus mensajes sean más sencillos y comprensibles.

Por si no lo viste: AMLO "canta" "A mi manera" en La Mañanera | VIDEO.

En la poderosa industria audiovisual del entretenimiento, para ganar encuestas y elecciones hay que entretener a los diversos públicos que conforman nuestra sociedad. Hay que crear personajes protagónicos y antagónicos. La gente necesita identificarse con unos u otros, no necesariamente con “los buenos”. En la industria del show business, “los malos” también pueden ser encantadores.

En el nuevo ecosistema de comunicación la ficción también es política y la política es ficción. ¿Tenía razón Carlos Salinas de Gortari cuando se refirió a la política ficción? La ficción efectiva es la que está cargada de ilusiones y emociones. Ambas activan la esperanza de la gente en un futuro mejor. Pero para que funcione en forma eficaz, es preciso que los mensajes tengan un equilibrio con la realidad, las ideas de fondo y los pensamientos racionales. También con la autenticidad, la congruencia y las propuestas viables.

Los nuevos medios nos han obligado a rediseñar la imagen de los actores políticos. Los personajes acartonados no tienen cabida, aunque su inteligencia, trayectoria y capacidades sean superiores a las de los demás. Por eso, el show político amplió el espectro de participación a actores, deportistas, influencers y muchos más que parecían estar vetados por el poder gubernamental.

Te puede interesar: Mario García de Castro. "Política espectáculo: la intoxicación de la realidad". Ethic Es, 20/07/2020.

Desde cualquier perspectiva, con el modelo del infoentretenimiento la democracia gana. Primero, porque todas y todos tenemos derecho a elegir y a ser electos. Segundo, porque los líderes se acercan más y se comunican mejor con la población. Tercero, porque tiene el potencial de llamar la atención de quienes no están interesados o decepcionados de la política.

Cierto es que la combinación tiene muchos riesgos. Trivializar asuntos de Estado tan importantes como la seguridad, salud y educación, por ejemplo, genera efectos negativos y contraproducentes. Incorporar la burla, mentira, denostación o calumnia en los mensajes no se puede considerar una simple broma. 

Te recomendamos: Arlene Ramírez Uresti. "La trama Trump, entre la justicia y el show", en Forbes 04/04/2023.

En el arte de gobernar, el carisma ayuda. Lo mismo sucede con los buenos montajes de los espectáculos políticos y el histrionismo eficaz de los líderes. Pero si no van acompañados de políticas públicas eficaces, o de un respeto absoluto a la ley y a los derechos humanos, los personajes terminarán perdiendo poder y el respeto de la población.

Algo parecido llega a suceder con los noticieros, programas informativos y de opinión. Las necesidades del mercado los ha llevado a explorar nuevos ritmos, estructuras y estilos de conducir. La similitud que tienen algunos con los programas sobre espectáculos es muy grande. Los géneros periodísticos también se han modificado. La consigna es que llamen la atención, sean atractivos y entretenidos.

Lee más: Julio Castillo. "El problema del espectáculo", en Opinión La Silla Rota, 29/07/2020.

Los medios digitales y redes sociales catalizaron y potenciaron estas transformaciones. Aún más. Si no fuera por la primacía de la imagen, las transmisiones en directo, los realitys y talk shows —junto con el sobredimensionamiento que hacen de los conflictos, el suspenso y la expectativa— la información que recibimos a diario sería ignorada, menospreciada o francamente insoportable. 

Por otra parte —y aunque no es un fenómeno nuevo— la política se ha incrustado con mayor fuerza en las producciones de ficción. Por eso hoy abundan las películas, novelas, documentales y series que la han asimilado con una fuerza nunca antes vista en el mundo. Tanto así que muchas veces logran altos niveles de penetración e influencia social en favor de algunos líderes, grupos o partidos políticos. 

Lee también: ¿Política ficción? Opinión La Silla Rota, 30/05/2019.

Pero esto no es todo. Si queremos lograr una mayor efectividad con el espectáculo, tengamos presente que el buen humor y la inteligencia siempre van juntos. No caigamos en los errores que surgen por las ocurrencias y chistes de mal gusto, que devalúan a los líderes y terminan dañando la credibilidad en la política. Lo mismo se puede decir de los mensajes vacíos, superficiales y sin sustento, cuyo único fin es llamar la atención.

En escenarios políticos complejos o de crisis, el show debe seguir. Los híper-liderazgos, también, porque unos no se explican sin los otros. Y todos sabemos que el espectáculo político es una necesidad básica de la comunicación política, pues produce equilibrios indispensables frente a los grandes problemas, preocupaciones y miedos que tiene la gente. 

Consulta: José María Lassalle. "Hiper-liderazgo. ¿De qué estamos hablando?", en Letras Libres, 02/08/2029.

En cualquier situación, no debemos olvidar que tenemos un alto nivel de responsabilidad. mismo que nos obliga a respetar cabalmente las leyes. Que nos tenemos que apegar a los más altos valores de la democracia. Y que la misión de un político no se puede limitar a la que realizan los cómicos y comediantes, la cual, por cierto, es sumamente valiosa y respetable. 

La “trivialización” obliga a que los líderes tradicionales o acartonados se conviertan en líderes motivadores, pero capaces de ofrecer soluciones a los problemas de la sociedad. Líderes simpáticos, pero que a la hora de tomar las grandes decisiones sean auténticos, transparentes, firmes, echados para adelante y que den buenos resultados.

Recomendación editorial: Salomé Berrocal (coordinadora). Politainment: La política espectáculo en los medios de comunicación. España: Tirant Humanidades, 2017.