ELECCIONES 2023

Trastienda electoral, el fracaso de todos

El caso evidente del fracaso del sistema de partidos políticos en México, de traición y de extorsión ocurrió en Coahuila, previo a los comicios del 4 de junio. | Joel Hernández Santiago

Escrito en OPINIÓN el

Según cantaron las autoridades electorales del país: el Instituto Nacional Electoral  y los Institutos electorales del Estado de México y el de Coahuila, los resultados son contundentes: En Coahuila gana la coalición Alianza Ciudadana por la Seguridad (PRI, PAN y PRD), de Manolo Jiménez, y en el Estado de México “Juntos haremos historia”  (Morena, PVEM y PT). 

Ya sólo falta afinar detalles, algunas impugnaciones y la revisión de algunos casos de corrupción o manipulación electoral. Los Tribunales de lo Electoral tienen todo esto en sus manos y trabajan a todo lo que da. 

Así que dentro de lo que ocurrió en las dos elecciones de 2023, Coahuila y Estado de México, todo parece estar dentro de las reglas de la democracia. Si. Pero no tan así.  

Con más frecuencia de lo deseable se asume que, si funcionan bien el voto electoral y su recuento, la transparencia comicial e, incluso, las campañas, entonces todo fue democrático y en ley. 

Que vaya y vote el ciudadano el día de las elecciones es bueno. Muy bueno. Es síntoma de que la ciudadanía quiere participar, quiere decidir por sí su futuro político y de gobierno, y el modo como quiere que se hagan las cosas para su bien y para el de todos: siempre y cuando no sea manipulada. 

Ocurre que hoy ya no es tan fácil que los partidos políticos cometan fraude en las casillas, en las urnas o en el recuento. Ahora la presión para obtener el triunfo está por otro lado: 

El de la total fuerza del Estado para intervenir en lo electoral; la participación de políticos y funcionarios de altísimo rango, de grupos o actores políticos ajenos al evento, gobernadores dispuestos a traicionar a su partido, instituciones controladas por el gobierno y sus esbirros, todo para favorecer su propio futuro político y el triunfo de los candidatos que son garantía de continuidad y de cuidado de las espaldas del gobierno saliente de la 4T

El caso evidente del  fracaso del sistema de partidos políticos en México, de traición y de extorsión ocurrió en Coahuila, previo a los comicios del 4 de junio: 

Días antes de llevarse a cabo las elecciones, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) “decidió” apoyar al candidato de Morena, Armando Guadiana Tijerina. De pronto y sin avisar, dejó sin su apoyo a quien había abanderado por meses: Lenin Pérez.

Así mismo y prácticamente a unas horas de las elecciones del 5 de junio, el Partido del Trabajo (PT) dejó sin su membrete a Ricardo Mejía Berdeja, para dar su apoyo, asimismo, a Morena y su candidato Armando Guadiana Tijerina

Es muy  seguro que esas fuerzas de Estado hayan ejercido presión desde Palacio Nacional, desde Morena y desde grupos y fuerzas afines a la –4T– para obligar a estos dos partidos menores a declinar en sus aspiraciones de sentirse con piernas de jinete para contender con un candidato propio y en contra de la promesa de coalición con Morena en las elecciones de 2024

La promesa de ir juntos el año que viene favorece sobre todo a estos dos partidos rémora. Son institutos que lo único que quieren es no perder el registro por la bajísima votación que representan cada uno y porque quieren mantener las prerrogativas y beneficios económicos y políticos que les otorga la ley electoral: pero no tienen vida propia; es vida prestada.

Y así como fue el caso de Coahuila, también acudieron en tropel fuerzas políticas de gobierno federal para impulsar el triunfo de su candidata a gobernar el Estado de México: Delfina Gómez, la maestra cuyas propuestas de gobierno, de Estado, de futuro y están en las tarjetas que le sirven en el atril público para que las lea.

La joya de la corona, que buscaba Palacio Nacional-Morena-4T, era el Estado de México: quitarle este bastión al PRI  y con esto mostrar potencia electoral con rumbo a 2024. Y lo consiguió. 

Operadores de la 4T estuvieron atizando el fuego entre bambalinas, para garantizar el voto a favor de la candidata de Palacio Nacional. 

Desde la trastienda de lo que vimos durante meses y el mismísimo día de los comicios, la potente maquinaria de extorsión, de recuento de futuros políticos, de operadores ambiciosos de poder político en el futuro, de alianzas secretas, de traiciones, de oscuros mecanismos de control trabajaron para conseguir el triunfo de Morena-Palacio Nacional-4T.

Así que el chanchullo hoy en día no está en las urnas, en los “carruseles”, en las urnas cargadas con votos o en el recuento de votos sesgado: no. La fuerza de Estado está puesta en la extorsión, en la cooptación de partidos o entes políticos y en la amenaza de un futuro ominoso para su fuerza política… “Si vas por tu lado, irás sólo en los comicios de 2024” les dijeron.  

Y si bien Morena y rémoras no ganaron en Coahuila, esto no fue “por falta de cariño”. A Coahuila mandaron toda esa fuerza de Estado, a “las corcholatas” y a operadores político-electorales siniestros: Pero el candidato era impopular, incapaz, y sin posibilidad de ganar por sí mismo.

La lección de estas elecciones para las de 2024 en México está en esa capacidad de la fuerza del Estado desde Palacio Nacional, desde el partido oficial, desde sus rémoras y desde grupos o personajes siniestros, e incluso la fuerza del crimen organizado dispuestos a defender a quienes los han protegido, como pago de estos servicios de gobierno. 

Eso es lo que muy probablemente veremos en 2024. Y entonces ¿quién ganará? ¿La democracia o la fuerza del Estado? Lo veremos ese año. Todo está dispuesto para repetir. ¿Y la democracia?