DERECHOS DE LA INFANCIA

Las niñas y los niños no se tocan

Bajo ninguna circunstancia se debe permitir el más mínimo gesto de permisividad ante la vulneración de los de derechos de la infancia. | Agustín Castilla

Escrito en OPINIÓN el

El video en el que aparece el Dalái Lama besando en la boca a un niño y pidiéndole que le chupe la lengua ha causado, con toda razón, un enorme repudio y los intentos de sus seguidores por minimizar los hechos y presentarlos como una broma o un mero incidente son también reprobables. Las imágenes no dejan lugar a dudas y lo que hizo el líder espiritual del budismo tibetano, quien en 1989 obtuvo el premio nobel de la paz tiene un nombre: violencia sexual.

La conducta del Dalái Lama durante un evento en el templo de Dharamsala donde tiene su residencia, inevitablemente lleva a preguntarse: si eso pasa en público, qué no podrá pasar en el ámbito privado aprovechando su posición y, aunque así no fuera -hasta el momento no se conocen señalamientos en su contra, pero tampoco actúo frente a las denuncias por abusos de budistas a niñas y niños-, el mensaje que transmitió es sumamente nocivo al ser un referente espiritual y por tanto un ejemplo a seguir para mucha gente en todo el mundo. Bajo ninguna circunstancia se debe permitir el más mínimo gesto de permisividad ante la vulneración de los de derechos de la infancia.

No olvidemos que millones de niñas y niños son víctimas de violencia sexual cometida principalmente por personas cercanas cuyas graves consecuencias los persiguen al paso de los años pudiendo llegar incluso al suicidio, y no son pocos los casos de líderes religiosos que han abusado de su ascendencia o posición de poder destrozando las vidas de quienes confiaron en ellos.

Recientemente se dio a conocer un informe que revela que más de 150 sacerdotes católicos abusaron sexualmente de cuando menos 600 niños en la arquidiócesis de Baltimore a lo largo de 80 años, mismos que fueron protegidos por la jerarquía eclesiástica, lo que se asemeja a lo sucedido en la arquidiócesis de Boston en donde más de 70 sacerdotes pederastas abusaron por décadas de cientos de niños con la complicidad del cardenal Bernard Law, y que fue descubierto gracias al equipo de investigación periodística del The Boston Globe.

Quizá los casos más emblemáticos en México sean los del padre Marcial Maciel, superior de la orden de los Legionarios de Cristo contra quien desde 1940 se presentaron las primeras quejas y a pesar de todos los indicios de haber abusado de por lo menos 60 niños -algunos de los cuales fueron seminaristas que a su vez se convirtieron en agresores sexuales como el padre Fernando Martínez- este depredador sexual gozó de impunidad hasta el final de su existencia, así como el de Naasón Joaquín, líder la iglesia de la Luz del Mundo quien fue acusado en Estados Unidos por más de 36 cargos de abuso sexual infantil, pornografía y tráfico de menores -se le encontraron más de 100 mil fotos y vídeos sexuales en algunos de los cuales aparece haciendo un trío con menores de edad- por lo que se le condenó a 16 años de prisión.

Es cierto que la pederastia no es un fenómeno exclusivo de una iglesia o religión -y es una infamia pretender relacionarlo con la homosexualidad como lo hizo recientemente un activista de ultraderecha-, sobran casos en el medio político, artístico etc. en los que generalmente también prevalece el encubrimiento y la impunidad. La violencia sexual infantil es transversal y se puede presentar en cualquier ámbito social, por lo que no se debe admitir ninguna señal que pueda contribuir a su normalización, y mucho menos por quienes, al ser personas públicas u ostentar cualquier tipo de liderazgo tienen la enorme responsabilidad de predicar con el ejemplo. El mensaje tiene que ser contundente: las niñas y los niños no se tocan.