DEMOCRACIA

Un despertar ciudadano

Es nuestro derecho alzar la voz y la obligación del gobierno escucharnos y rendir cuentas. | Agustín Castilla

#OpiniónLSR.
Escrito en OPINIÓN el

A pesar de los múltiples intentos por desalentar la participación en la manifestación del pasado domingo al relacionarla con García Luna o estigmatizar a las personas asistentes, lo que se vivió fue un auténtico despertar ciudadano. Más allá de la acostumbrada guerra de cifras entre el oficialismo y los organizadores para ganar la narrativa, lo cierto es que cientos de miles de personas decidieron dejar la comodidad de sus casas y de las redes sociales para salir a las calles a expresarse de viva voz en más de 100 ciudades y llenar la Plaza de la Constitución con todo el simbolismo que ello representa.

La gran mayoría de quienes acudieron al Zócalo llegaron por su propio pie en pequeños grupos de familiares, amigas y amigos, no hubo grupos musicales que fueran el gancho para que la gente asistiera, tampoco se vio la entrega de lonches, el pase de lista o el condicionamiento de programas sociales. En esta ocasión, políticos y dirigentes partidistas pasaron a segundo plano y, de hecho, prácticamente se perdieron entre esa marea rosa de personas con distintos orígenes e ideología y que muy buena parte no se identifican con ningún partido.

Realmente se trató de un movimiento plural en el que convergieron desde algún grupo marginal que gritaba consignas en contra de López Obrador -que no encontró eco-, hasta quienes votaron por él en 2018, pero están inconformes ante la falta de resultados y les preocupa que el gobierno logre controlar al INE y vuelva a intervenir en las elecciones como sucedía hace poco más de dos décadas. Lo que prevaleció fue la defensa de la democracia, del INE, de las libertades y derechos, así como el llamado a las y los ministros de la Suprema Corte de Justicia para que no se dejen presionar y cumplan con su responsabilidad que no es otra que velar por el respeto a la Constitución.

Aunque no faltaron las provocaciones como la manta que desplegaron en las oficinas del congreso local o la colocación de carteles con la imagen de García Luna y el emblema del PAN, así como las entrevistas de propagandistas del régimen que se asumen como periodistas para tratar de exhibir el desconocimiento de algunas asistentes sobre el contenido del denominado Plan B, que por cierto las y los legisladores del oficialismo aprobaron sin siquiera haberlo leído antes -y parece que a la fecha siguen sin saber muy bien que votaron-, fue una manifestación ordenada, respetuosa, pacífica y en libertad en la que lo único que desentonó fueron las agresivas vallas metálicas colocadas al frente de Palacio Nacional.

Los desesperados intentos por minimizar la movilización ciudadana no sirvieron de mucho pues se toparon con una inobjetable realidad y sólo les quedó recurrir al insulto fácil para descargar su frustración y enojo. Paradójicamente no bajaron de conservadores, narcos, delincuentes, corruptos, ignorantes, farsantes a las miles y miles de personas manifestantes, justo los mismos que se acompañan del PVEM y del extinto PES, que tienen entre sus filas a un diputado de la Iglesia de la Luz del Mundo que defendió públicamente a su líder y convicto depredador sexual Naasón Joaquín, los que protegen a Ignacio Ovalle y el desfalco en Segalmex así como a la ministra plagiaria, quienes se sienten orgullosos del artífice de la caída del sistema en 1988, Manuel Bartlett, o del muy cuestionado Fiscal Gertz.

En el absurdo, pretenden hacer creer que la manifestación del domingo pudo llevarse a cabo gracias al presidente López Obrador y a la supuesta transformación del país porque no se le criminalizó u obstaculizó, olvidando que en 2006 instalaron por más de 45 días un plantón en plena avenida Reforma bloqueando la vía pública y afectando a cientos de negocios sin ninguna consecuencia además de que, como el mismo presidente recordó recientemente, como oposición ocuparon el Zócalo en múltiples ocasiones.

Es muy lamentable que en este gobierno se resistan a escuchar las distintas voces y abrir espacios de diálogo para sumar esfuerzos en lo que realmente debe importar, explorar las mejores alternativas para atender la desigualdad y pobreza, la inseguridad y la violencia, la injusticia, la salud de la población y por supuesto el avance y consolidación de libertades y derechos. Al final, todos somos pueblo, la responsabilidad y compromiso del presidente no puede ser únicamente con quienes lo apoyan, y ya quedó demostrado que el Zócalo es de todas y todos. Habrá que alzar la voz las veces que sea necesario para exigir que se nos escuche y nos rindan cuentas. Es nuestro derecho y su obligación.