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Gobierno de coalición: ¿la solución quien herede de AMLO la Presidencia?

¿México va a transitar en el corto plazo hacia gobiernos de coalición? | Jorge Ramos Pérez

Escrito en OPINIÓN el

Sea quien sea la heredera o heredero en la Presidencia de la República, en 2024 quien asuma el poder encontrará un país sumido en la polarización, con un presidencialismo revivido en la era del presidente Andrés Manuel López Obrador, pero sin un personaje como Andrés Manuel López Obrador. Por eso llama la atención que circula una idea, plasmada en papel, para pensar en un gobierno de coalición.

El plan forma parte del equipaje de alguna de las corcholatas, como denomina López Obrador a los suspirantes o tapados, según explican algunas fuentes al tanto de la estrategia que, de no suceder otra cosa, se dará a conocer en su momento por esa corcholata para desinflar a una potencial oposición y para descargar en secretarios o ministros del gabinete más responsabilidades.

En agosto pasado, Rolando Zapata, ex gobernador de Yucatán por el PRI, publicó un artículo en El Universal, en donde recordó que, de 42 regímenes presidenciales existentes en el mundo, al menos 18 están en Latinoamérica y el resto se concentran en África subsahariana y el sudeste asiático, “con nombres no precisamente ligados a desarrollo o democracia”.

Mucho se ha criticado el exceso mostrado por López Obrador en su ejercicio o estilo personal de gobernar. El mangoneo del Poder Judicial, vía el presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, así como sus intentos por supeditar al Congreso, lo que ha comenzado a lograr últimamente con base en presiones extralegales, en particular con el PRI, son algunos de los señalamientos para cuestionar si vale la pena mantener este modelo.

También es público que en su gobierno no solo se privilegia la lealtad extrema, sino que también es imposible tener voz o criterio propios. Algunas de las mentes que han abandonado el barco de la autodenominada 4T lo hicieron azotando la puerta porque simplemente se debe hacer todo conforme al guion del presidente López Obrador.

Kaare Strom es una de las teóricas profusamente citadas en estudios sobre coaliciones, que pueden ser legislativas o de gobierno. Ella destaca algunos elementos de los partidos cuando intentan coaliciones: 1) la formulación de políticas, 2) el comportamiento de coalición en el proceso de formación de gabinetes, 3) la búsqueda de beneficios en puestos y en influencia política mientras se está en el gobierno, y 4) la distribución de los recursos en las campañas electorales.

En síntesis, una coalición implica un acuerdo (político y legal) entre dos o más partidos políticos a quienes unen algunos objetivos semejantes, pero que en esa conjunción de recursos económicos y políticos pueden alcanzar algún objetivo, ya sea integrar un cuerpo legislativo o un gobierno.

Europa es un buen ejemplo donde abundan los países con coaliciones parlamentarias, en particular después de la Segunda Guerra Mundial. Los electores acuden a las urnas y votan por conforme a la oferta partidista en el menú y, tras la votación se suman dichos votos para asignar los escaños en el Congreso. Después de eso, aquellos que sumen 51% o más pueden integrar un gobierno, en donde se pueden repartir equitativamente y según su peso electoral las distintas carteras o ministerios.

Hace apenas dos años, de los 28 miembros de la Unión Europea, 18 tenían gobiernos de dos o más partidos políticos. Chile, Uruguay, Argentina y Brasil han caminado por esta ruta, pero el presidencialismo en la región latinoamericana es avasallante.

Por eso llama la atención que, en uno de los equipos del partido en el poder, Morena, comienza a plantearse esta idea de integrar gobiernos de coalición. Los politólogos han señalado que un escenario favorable para gobiernos de coalición son precisamente países donde existe un alto grado de polarización.

En la acera de enfrente, donde se integran PAN, PRI y PRD, del llamado Va por México, que la periodista Ivonne Melgar ha optado por describir cómo Iba por México, han establecido una comisión para formular una propuesta para establecer en México un gobierno de coalición.

Las crisis derivadas del autoritarismo o de nuestra dictadura perfecta, en particular la masacre del 2 de octubre de 1968 y la del 10 de junio de 1971, más la ola de asesinatos de opositores o miembros de la guerrilla en las décadas de los 60 y 70, orillaron al gobierno a incorporar a esa oposición al Congreso.

Ernesto Zedillo (1994-2000) puso al frente de la Procuraduría General de la República a un miembro del PAN, el principal opositor al priismo desde antes de mediados del siglo pasado. Fue un fracaso, aunque podría decirse que fue un intento de coalición a la mexicana para hacer responsable, no solo al partido en el poder sino a un opositor, de la toma de decisiones. Nada menos, en ese caso, que de la procuración de justicia.

¿Vía la oposición o vía Morena, México va a transitar en el corto plazo hacia gobiernos de coalición? Es una interrogante que pronto podría develarse.

Punto y aparte. ¿Hasta dónde es verdad que Ignacio Mier, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, llegó a un acuerdo con Alejandro Moreno, presidente nacional del PRI, para que el priista tenga mano en la designación de 2 de los 4 nuevos consejeros del INE el próximo año? ¿Será una palada más a Iba por México? Ya veremos.

Punto final. Por cierto, en la anunciada reforma electoral que empuja el oficialismo de Morena también se habla de que pactarán, pero con el PAN, la segunda vuelta electoral en la elección presidencial. Y en este caso, nos dicen, todo apunta a un panista como el gozne. Ya veremos.