#ASÍVEOMÉXICO

Rambo en Teherán y México en la primera fila del teatro geopolítico

Si Occidente quiere resolver la guerra, que llame a Rambo, si México quiere sobrevivir a sus efectos, que abra los ojos, porque está sentado en la primera fila del teatro geopolítico, confiando en que la obra no lo salpique. | Miguel Ángel Orduño

Escrito en OPINIÓN el

Barcelona, España. Hay algo casi conmovedor —si no fuera tan trágico— en la insistencia con la que Occidente vuelve a tropezar con la misma piedra geopolítica desde hace más de un siglo. Cada vez que estalla un conflicto en Medio Oriente, Washington, Bruselas y Londres desempolvan el mismo libreto: indignación moral, superioridad estratégica y la convicción de que esta vez sí, esta vez sí, la región se rendirá ante la presión militar o diplomática. Pero la historia es terca. Y en esa parte del mundo, la resistencia no es un acto político: es un rasgo civilizatorio.

Hoy el epicentro vuelve a ser Irán, un país con identidad milenaria, cohesión religiosa y una narrativa interna construida precisamente sobre la resistencia al extranjero. Aun así, Estados Unidos —con Donald Trump marcando postura desde la Casa Blanca— y sus aliados europeos parecen convencidos de que esta vez será distinto. Que con coaliciones militares y sanciones “quirúrgicas” podrán resolver un conflicto que tiene raíces más profundas que los oleoductos que tanto les preocupan.

Quizá el problema es que están consultando las fuentes equivocadas. Tal vez lo que les falta no es información estratégica, sino cinematográfica. Porque si algo nos enseñó Hollywood —y en particular Sylvester Stallone— es que las guerras en Medio Oriente no se ganan con diplomacia ni con drones. Se ganan con un solo hombre musculoso, sudoroso, armado hasta los dientes y con una banda roja en la cabeza. Sí, señores líderes de Occidente: ha llegado el momento de recomendarles que vean Rambo. No una, sino todas. De preferencia en maratón.

Ahí descubrirán que ni el Pentágono, ni la OTAN, ni las coaliciones europeas pueden resolver lo que solo un héroe de acción puede enfrentar. Y, aun así, incluso Rambo —ese monumento al exceso militar hollywoodense— termina reconociendo que en esas tierras la victoria es un espejismo. Que la guerra no se gana: se sobrevive. Si ni Rambo pudo “pacificar” Afganistán en los años ochenta, ¿qué les hace pensar que hoy será más sencillo en Irán?

¿Y México? Ah, México… siempre tan cerca de la guerra ajena y tan lejos de la paz propia. Desde fuera, uno observa a México con una mezcla de cariño y preocupación. Porque mientras el mundo se tensa por un conflicto que podría escalar, México parece vivir en una burbuja donde la política exterior se reduce a comunicados prudentes y a la esperanza de que “no pase nada”.

Pero México está justo al lado del país que sí está metido hasta el cuello. Y cuando Estados Unidos estornuda, México no solo se resfría: a veces termina en terapia intensiva. Las posibles afectaciones no son menores. Migración: cualquier escalada bélica suele generar presiones migratorias globales que terminan rebotando en la frontera sur de Estados Unidos… y por ende en México. Economía: el conflicto en el Golfo está disparando los precios del petróleo, afecta cadenas de suministro y golpeará al peso irremediablemente. Seguridad: cuando Washington se distrae en un frente externo, suele endurecer su postura interna. Y México lo sabe: más vigilancia fronteriza, más presión política, más exigencias en seguridad. En el espectro geopolítico, México no puede darse el lujo de ignorar un conflicto que involucra a su principal socio comercial, militar y diplomático. Sin embargo, pareciera que en México la discusión pública sigue girando en torno a temas domésticos, como si el mundo no estuviera cambiando a una velocidad peligrosa.

Si Occidente quiere resolver la guerra, que llame a Rambo. Si México quiere sobrevivir a sus efectos, que abra los ojos. Porque mientras Estados Unidos juega a los héroes de acción en Medio Oriente, México está sentado en la primera fila del teatro geopolítico, confiando en que la obra no lo salpique. Pero la historia enseña otra cosa: cuando las potencias se mueven, los países vecinos no observan… se ajustan.

Y si México cree que puede ignorar las consecuencias de esa guerra, entonces necesitará algo más que películas para entender dónde está parado.

Miguel Ángel Orduño

@mao_2108