"Para los amigos, justicia y gracia; para los enemigos, la ley a secas". La máxima, falsamente atribuida al presidente Benito Juárez, cobró una vigencia brutal este miércoles 27 de mayo.
El asfalto frente al número 135 de la calle Doctor Lucio respiraba tensión este miércoles 27 de mayo. "¡Tope hasta donde tope!", resonaba en el eco de la dirigencia panista que acudió a arropar a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, a las puertas de la Fiscalía General de la República (FGR). No era una simple comparecencia; era la escenificación de una profunda fractura política.
La mandataria estatal llegó en punto de las 10:00 horas a la sede ministerial en la colonia Doctores. El requerimiento de la FGR, emitido el pasado sábado 23 de mayo, buscaba que declarara sobre la presunta operación irregular de agentes de la CIA en territorio chihuahuense. Pese a contar con fuero constitucional, Campos decidió presentarse bajo el argumento de que "siempre ha dado la cara", pero sus palabras antes de ingresar ya anticipaban la tormenta:
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“Se me cita bajo la simulación de ser un testigo, pero con la burda finalidad de fabricarme un caso y convertirme en inculpada", acusó. "Atropellaron la protección constitucional del cargo que los chihuahuenses me han conferido. Ellos están acorralados por la realidad que dolorosamente vive su estado... Este es un México que el gobierno está haciendo pedazos al abrazar a los delincuentes mientras persigue a quienes intentamos hacer cumplir la ley”.
En las escalinatas de la Fiscalía, Campos no dudó en lanzar un duro contraste, apuntando directo al Pacífico: “Mientras a una gobernadora que sí da resultados la persiguen con todo el peso del aparato del Estado, a los funcionarios de Sinaloa -acusados de nexos con el narcotráfico por autoridades extranjeras que piden su extradición- les dan impunidad absoluta”.
Mientras la tensión subía de tono, en el terreno puramente técnico, su abogado Roberto Gil Zuarth operaba la estrategia legal. Explicó que acudir a la sede no significaba someterse al interrogatorio, sino usar el domicilio oficial para impugnar el procedimiento.
“No venimos al acto formal de comparecer", aclaró Gil Zuarth de forma tajante. "Venimos a denunciar ante el agente del Ministerio Público que le mandó un citatorio para que comparezca alguien que no está obligada a hacerlo”.
El argumento de la defensa es sólido y apela directo al corazón del procedimiento penal. En efecto, el artículo 90 del Código Nacional de Procedimientos Penales obliga, como regla general, a cualquier ciudadano a comparecer si es citado; sin embargo, el mismo precepto exceptúa de esa obligación a los servidores públicos comprendidos en el artículo 111 de la Constitución.
En el escrito entregado, que frenó en seco la diligencia, la gobernadora dejó asentado: "No comparezco para rendir entrevista en calidad de testigo ni para sujetarme a acto de investigación alguno. Acudo para responder a un oficio que contiene un citatorio ambiguo, internamente incongruente y carente de la debida fundamentación... Realizo estas manifestaciones para constatar mi disposición a colaborar, pero no como un sometimiento, fáctico o legal".
Afuera, el ambiente se tornaba combativo. Jorge Romero Herrera, presidente nacional del PAN, advirtió que el partido responderá con movilizaciones si la autoridad federal intenta romper los canales institucionales: “Si este régimen autoritario se atreviera a ponerle un dedo encima a la gobernadora, que lo sepan, nos vamos cientos de miles de personas a las calles”.
Al salir de la institución, cargando con la zozobra de quien se sabe en la mira del sistema pero cobijada por los suyos, las declaraciones de Maru Campos se convirtieron en dardos directos. Tras desmentir de tajo las versiones sobre el retiro de su visa estadounidense, soltó la acusación más incendiaria de la jornada. Afirmó que en el régimen de la Cuarta Transformación están "muy enojados" porque, al desmantelar un narcolaboratorio en la sierra —una acción que contó con la polémica participación de la CIA—, les quitaron "el negocio".
“Por la libertad, por nuestra patria y por las familias que juramos proteger, lucharemos hasta donde tope”, sentenció antes de retirarse. Campos jugó su carta legal y política en la acera de la FGR, transformando un citatorio judicial en un abierto y peligroso desafío de pronóstico reservado.
Pero toda moneda tiene dos caras.
Desde los micrófonos de la conferencia mañanera, el reclamo oficial no habla de venganzas, sino de soberanía nacional. La Presidenta ha sido clara al acusar a la mandataria panista de abrirle la puerta a sombras extranjeras, argumentando que la irrupción de la agencia estadounidense violó las reglas del juego bilateral.
“Ellos entran con pasaportes legales, como diplomáticos o turistas", precisó Sheinbaum este miércoles. "Si vienen a hacer labores de inteligencia, hay un procedimiento, un protocolo para que, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores y del Gabinete de Seguridad, se apruebe su estancia. Ellos entraron legalmente a México, pero no se registraron para llevar a cabo labores de inteligencia”.
Para el gobierno de la Cuarta Transformación, esta omisión representa una vulneración inaceptable; un silencio institucional en Chihuahua que exige explicaciones formales. Sin embargo, ante el airado reclamo enviado a Washington a través de notas diplomáticas, uno no puede sino esbozar una sonrisa de escepticismo. La Casa Blanca -en este caso Langley, en el condado de Fairfax en McLean, Virginia-, jamás ha entregado, ni entregará, la identidad de sus agentes de inteligencia en activo. Exigir eso públicamente resulta, por decir lo menos, una ingenua puesta en escena para el consumo doméstico.
El laberinto y las llaves del Palacio
Es aquí donde la crónica nos obliga a detenernos. Mientras en Chihuahua se defiende la soberanía a capa y espada y se persigue con rigor implacable a la oposición, la mirada hacia Sinaloa nos muestra un rostro oficial mucho más burocrático, paciente y complaciente.
El martes vimos al gobernador con licencia de Sinaloa salir intacto de esa misma Fiscalía. Camina con la parsimonia y la tranquilidad de quien se sabe blindado por los laberintos de la ley, inmune al polvo del camino.
Cuando Israel Aldave, de Radio Fórmula, lanzó la pregunta, el aire del salón pareció espesarse de golpe. El reportero cuestionó directamente a la Presidenta el porqué aquel funcionario sinaloense no había sido detenido en las propias instalaciones de la FGR, especialmente tras el peso de los señalamientos internacionales y cuando ella misma, apenas el 21 de mayo, había recordado la existencia de una ficha roja de la Interpol. La atmósfera cambió de inmediato. En el rostro de la mandataria se dibujó el amago de una respuesta, un gesto que duró apenas un instante antes de decidir cederle el micrófono —y el peso de la tormenta— a Omar García Harfuch. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana tomó el micrófono Sin embargo, en lugar de la respuesta contundente que la gravedad del momento exigía, el funcionario optó por el refugio de la frialdad técnica, recetando a los presentes una lectura pausada y casi robótica del manual de procedimientos.
Nos explicó, con esa parsimonia tan institucional, que una ficha roja de la Interpol con sede en Lyon, Francia, no es una varita mágica. Detrás de bambalinas, el papel debe viajar por la Secretaría de Relaciones Exteriores, aterrizar en la FGR y mutar, pacientemente, en una orden de aprehensión con fines de extradición. Un trámite exasperante que, en el fondo, nos deja la amarga sospecha de que la burocracia, a veces, es la mejor aliada de la voluntad política.
Eso fue nota en la red social..Apenas bajaba de la tribuna el secretario cuando la realidad oficial terminó de enredarse. A las 12:08 de la tarde, a través de su cuenta en la red social X, la propia dependencia federal soltaba el desmentido:
¿Y entonces?
Lo verdaderamente desconcertante no es la lentitud de la burocracia, sino el flagrante choque de versiones en la cúpula del poder. El discurso cambió de bando en un parpadeo. Hacia apenas unos días, Sheinbaum había asegurado abiertamente que Rocha Moya y siete exfuncionarios más ya contaban con el sello de la Interpol. Incluso detalló, con total naturalidad, el mecanismo: “Hay una orden de aprehensión por parte del Gobierno de Estados Unidos, eso hace que se alerten fichas rojas... Si ellos llegaran a salir de México, otros países pudieran llegar a detenerlos”. Añadió entonces que el sinaloense se encontraba en su domicilio, localizable y a la espera.
Sin embargo, García Harfuch subió al estrado a matizar, a enfriar la urgencia. Para el secretario de Seguridad, lo único que flota en el aire es una petición de detención provisional desde Washington; un papel que no obliga a las autoridades mexicanas a actuar a menos que la propia justicia local decida mover un dedo.
— “¿En México no aplica la ficha roja en estos momentos?” —se le increpó en el salón.
— “En todos lados aplica” —reviró Omar García Harfuch—, “lo que hay que emitir es una orden de detención con fines de extradición”.
El juego de palabras perfecto para diluir la responsabilidad. Al final, el secretario admitió desconocer si la FGR ha recibido formalmente el reclamo internacional, mientras el señalado sigue en casa, respirando el aire limpio de la impunidad.
¿Acaso mintió la Presidenta? No sería la primera vez que en ese Palacio ella dice una cosa y Omar tiene otros datos. Qué tremendo contraste.
Este episodio nos deja frente a dos Méxicos contrapuestos que coexisten bajo el mismo techo histórico. Por un lado, la exigencia implacable y el discurso encendido ante una gobernadora de oposición y unos agentes fantasmas en la Sierra Tarahumara; por el otro, el cómodo y aceitado engranaje de la burocracia que le permite a un exmandatario sinaloense caminar tranquilo por la calle. Un recordatorio, profundamente humano y doloroso, de que la ley en nuestro país rara vez es una línea recta. Suele ser, más bien, un laberinto donde la salida siempre depende de quién tenga la llave.
Este asunto apenas inicia… pero huele a descomposición.
¡Para la historia inmediata!
PD: El uso político de las fichas rojas de la Interpol se rige por la misma dualidad de siempre. Para muestra, el caso de Carlos Ahumada: en 2019, bastó una alerta para que lo detuvieran en Panamá por un viejo fraude. Sin embargo, la FGR no envió a tiempo la solicitud y los panameños terminaron deportándolo. El episodio fue un sainete internacional; un exceso de lucimiento del fiscal Gertz, quien emitió un comunicado por una ficha que, en estricto sentido legal, era innecesaria.
Días después, la secretaria Rosa Icela Rodríguez justificó el freno argumentando amparos y delitos prescritos. Pero era un pretexto: Ahumada solo tenía suspensiones provisionales que no impedían ponerlo ante un juez.
Cuando el sistema quiere actuar, la Interpol vuela; cuando prefiere el cálculo, se escuda en la burocracia. Quizá Rocha Moya no tenga hoy una orden en su contra, pero en este tablero las alertas cambian de color muy rápido. Una ficha amarilla o un aviso discreto podrían estar corriendo por las venas del sistema. En la geopolítica de la seguridad, nadie está blindado.
PD2.- Mañanera en Palacio Nacional. Un tropiezo verbal delata la prisa y la molestia del poder: «El famosísimo Jorge Fernández Meléndez», lanzó la presidenta Sheinbaum desde el atril, un desliz silábico que no fue un simple error, sino el síntoma de una urgencia por desacreditar una columna política incómoda que exponía las presiones de Washington.. Al descalificar el texto acusando un periodismo que "alimenta con mentiras", y extendiendo su enojo expansivo para minimizar las alarmas de seguridad en Chihuahua con un displicente «se han dado gusto y no impacta», el rictus y el tono de la mandataria contaron una historia muy distinta a la indiferencia que pretendía proyectar. Al final, esta viñeta matutina —donde se buscó el control hermético de la narrativa oficial frente a una prensa que indaga en la penumbra— nos deja una estampa clarísima de nuestro tiempo; un episodio donde el rigor de los hechos prevalece sobre el micrófono y donde la precisión del apellido, como bien anotó hoy también Sergio Sarmiento en Reforma al compartir el honor de estar en la mira de Palacio, nos obliga a recordar que la verdad se defiende en los detalles: es Menéndez, c. Presidenta, Menéndez…
