En un entorno global marcado por la incertidumbre geopolítica, la digitalización acelerada y el crecimiento de los riesgos híbridos —que combinan amenazas físicas, digitales y operativas—, la infraestructura segura se consolida como un factor determinante para la competitividad de países, ciudades y empresas. De cara a 2026, la seguridad ya no es un valor agregado, sino un requisito estratégico para atraer inversión, garantizar estabilidad económica y sostener el desarrollo social.
Hoy, proteger activos críticos es tan relevante como asegurar su continuidad operativa. Infraestructuras como carreteras inteligentes, centros logísticos, hospitales, aeropuertos, redes eléctricas y edificios gubernamentales dependen cada vez más de sistemas digitales interconectados, sensores, plataformas de monitoreo y análisis de datos en tiempo real.
Sin una arquitectura de seguridad robusta, estos activos se vuelven altamente vulnerables a fallas técnicas, sabotajes, interrupciones operativas o ataques cibernéticos con impactos directos en la economía y la estabilidad social.
Te podría interesar
Infraestructura resiliente: un factor clave para la confianza y la inversión
En este contexto, organismos internacionales y agencias de desarrollo como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han advertido que la resiliencia de la infraestructura será uno de los principales criterios para canalizar inversión pública y privada en los próximos años. La capacidad de anticipar riesgos, mitigar incidentes y recuperarse rápidamente frente a crisis se ha convertido en un indicador de certidumbre para los mercados.
La seguridad, por tanto, deja de ser un componente aislado que se incorpora al final de los proyectos, y pasa a integrarse desde la fase de diseño y planeación. Al respecto, Ariel Picker, CEO de Seguritech, señala que “la infraestructura segura es aquella que puede seguir operando incluso en escenarios de crisis; cuando se garantiza continuidad, se genera confianza, y esa confianza es la base de cualquier decisión de inversión”.
Te podría interesar
Desde esta visión, la protección de activos críticos no solo responde a una lógica preventiva, sino también económica. La inversión en tecnologías de seguridad, monitoreo y control representa una rentabilidad inversa, ya que el costo de implementarlas resulta considerablemente menor frente a las pérdidas que puede generar la inacción ante un evento crítico.
Tecnología y seguridad como habilitadores del desarrollo
A través de soluciones de infraestructura inteligente, que integran videovigilancia avanzada, analítica de datos, inteligencia artificial y plataformas de gestión centralizada, empresas mexicanas de seguridad y tecnología como Seguritech han acompañado a gobiernos y corporativos en la construcción de entornos más seguros, eficientes y preparados para el futuro.
Este enfoque se alinea con el concepto de infraestructura resiliente, que desde hace más de una década forma parte del Objetivo de Desarrollo Sostenible 9 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), orientado a promover una industrialización inclusiva y sostenible rumbo a 2030. En este marco, la seguridad se consolida como un habilitador del desarrollo económico y social.
A nivel regional, la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) programada para este año refuerza la necesidad de contar con infraestructuras de transporte, energía y logística confiables, capaces de sostener la integración productiva en sectores estratégicos. Bajo este escenario, las agencias de desarrollo jugarán un papel clave como catalizadores, reduciendo riesgos y creando condiciones para que el sector privado invierta en proyectos de largo plazo.
En 2026, la infraestructura segura ya no será solo un estándar técnico, sino un factor decisivo para la atracción de inversión, la competitividad y la estabilidad económica en México y la región.
VGB
