ENTREVISTA

“Vivimos la tormenta perfecta: noticias falsas, polarización y ataques políticos a la verdad”

La vacuna más importante que tienen los periodistas para seguir siendo relevantes es que sean refugio de las audiencias ante el ecosistema de la desinformación, afirma en entrevista con La Silla Rota el periodista y experto en medios y opinión pública, Mario Campos

Mario Campos y su libro 'Batalla por la verdad'
Mario Campos y su libro "Batalla por la verdad"Créditos: Atenea Campuzano
Escrito en NACIÓN el

Noticias falsas, medias verdades, rumores amplificados y narrativas diseñadas para engañar y polarizar es lo que todos los días vemos en medios, redes sociales y conversaciones cotidianas, pero que responden muchas veces a una agenda armada con intereses políticos que operan con eficacia, alerta Mario Campos, periodista, académico y especialista en medios de comunicación y opinión pública en su libro Batalla por la verdad, cómo sobrevivir a la era de las fake news.

En entrevista con La Silla Rota, el también columnista, señala que es común que en tu muro de Facebook Meta o en los grupos de WhatsApp es muy común que aparezcan noticias o información claramente falsa o que difícilmente se puede corroborar que sea verdad. “Te quedas con la duda y en los peores casos asumiste que eran verdaderas, pero en realidad eran falsas”, expone.

Qué hay de particularidad en este momento que lo hace tan delicado y que nos provoca miedo, dice. Y añade: “No es nuevo”.

En el libro, Campos relata historias concretas de personas en México, en Estados Unidos o en otras partes del mundo que ya han tenido consecuencias muy serias por la desinformación, porque hay noticias que sí tienen consecuencias importantes para la vida individual y colectiva.

Además, describe qué se está tratando de hacer desde diversos esfuerzos, desde el periodismo, las propias empresas de redes sociales, los gobiernos y la educación para tratar de hacer frente a este ecosistema de desinformación, porque “algo grave está pasando y merece nuestra atención”.

P. ¿Hasta dónde los medios somos irresponsables en esta materia y qué podemos hacer?

R. Si juntas dos periodistas, lo que obtienes es una terapia de grupo. Porque la verdad es que el gremio periodístico la ha pasado mal durante muchos años porque pasaron muchas cosas, digo no nos vamos a detener al detalle, pero cambió el consumo y los hábitos de las audiencias… que se fueron a medios justamente digitales, como el caso de La Silla Rota. Y en este cambio también se perdió parte del modelo de negocio.

Y entonces los medios, muchos medios, están bajo un modelo de precarización donde pocos periodistas tienen que cubrir muchas fuentes, tienen que generar muchas notas que generen tráfico, porque de eso dependen los ingresos del medio de comunicación.

Y entonces todo esto que estoy diciendo, pues juega en contra de que tengas el tiempo para verificar o como decías en un momento, desmontar si es un bulo, como le dice en España una noticia falsa.

Todos los medios están envueltos en una presión de un entorno económico, de una precarización y luego de una prisa por subir a la conversación. Y en la prisa por subirte a la conversación, muchas veces terminas recogiendo noticias y fíjate cuál es la trampa de esto.

La razón, la vacuna más importante que tenemos los periodistas para seguir siendo relevantes es que seamos el refugio de las audiencias que ante el ecosistema de la desinformación sepan que cuando van a La Silla Rota, cuando van a Radio Ibero o cuando van a otros medios, puedan tener la certeza de que lo que ahí se está reportando es real.

P. Hay una frase que dice: si tu mamá te dice que te quiere, confírmalo.

Y creo que eso es parte de lo que de lo que debemos hacer. Y otra cosa: En el libro explico que hay una diferencia entre algo que en inglés tienen dos palabras, que es el misinformation y el disinformation. Y el misinformation tiene que ver con esto que tú planteas, que de pronto puede haber errores en la cobertura, pero la diferencia frente a la desinformación de la que estamos hablando y de la que aborda el libro, es que hay una agenda detrás.

O sea, cuando un medio se equivoca o cuando un actor político se equivoca, se aclara y no pasa nada. Yo me acuerdo hace algunas semanas Claudia Sheinbaum dijo en un evento que el tipo de cambio estaba en 14 pesos, por ejemplo, en lugar de 17. Y creo que ahí todos entendimos que no pretendía que la gente creyera que estaba en 14, porque era algo absolutamente verificable con cualquier buscador, cualquier casa de cambio, cualquier banco. Se equivocó. Se equivocó. Cuando un actor se equivoca, porque puede pasar, se corrige y no pasa nada.

La característica de la desinformación, uno de los atributos más importantes es que hay una intención deliberada de desorientar u orientar con cierta agenda a la audiencia para que tenga un objetivo ulterior como provocar algún sentido de su voto o generar cierto estado de ánimo del cual va a sacar algún tipo de provecho.

P. Las redes sociales, ¿hasta dónde son responsables de que la batalla por la verdad, a veces suela ser una batalla perdida?

R. Hay un momento clave donde legalmente en Estados Unidos a estas plataformas se les considera irresponsables, o sea, que no tienen responsabilidad. La premisa es que es tal el volumen de información que están recibiendo, que es imposible que la plataforma garantice que todo lo que se publica es real, porque no hay un proceso de filtrado previo, sino que tú publicas y en todo caso lo que es una revisión a posteriori, donde todos lo hemos visto, a lo mejor hasta hemos reportado alguna vez un tweet que dices, "Este tweet es violento." O esta publicación suplanta a otra persona o esta suplantación está llama este contenido está llamando a la violencia y entonces lo que hay es una corrección a posterior y una vez se publica se puede corregir lo que está pasando.

Ese es un primer elemento importante que no ocurre con los medios de comunicación donde tú antes de publicar algo en La Silla Rota primero eres responsable del contenido que publicas y dos, hay un proceso de verificación antes donde tú dices, “a ver, esto de dónde salió, quién es la fuente”. Estamos seguros que el dato que se va a publicar, cuando yo mando una colaboración, aquí lo revisan y ven que no traiga una cosa que sea una volada, como se le llama cuando algo es un invento, que los datos correspondan. Hay un proceso de edición y de verificación.

Porque ha habido desde momentos en los que se crean comités dentro de las propias plataformas, por ejemplo, Facebook ha sido como muy, muy clara en eso, en tener comités de ética, que lo que hacen, como comités editoriales, digamos, que lo que hacen es establecer lineamientos generales para decir qué sí, qué no y con qué criterio se baja o no un contenido y lo han hecho con, yo diría, un nivel interesante de transparencia en el caso de Meta. Otras, por ejemplo, ¿qué están haciendo en este momento?

Uno de los temas que viene en el libro y que es una realidad que hoy lidiamos, es que es indistinguible ya el contenido generado con inteligencia artificial, ¿no? Aquí, créame que estamos en vivo, no somos en 3D, Jorge y yo existimos, estamos en un espacio que sí existe, que se puede tocar.

Yo pongo el ejemplo que a mí me vuelve loco, que escuchaba el otro día un podcast generado con inteligencia artificial y uno de los protagonistas, sí, y uno de los protagonistas tose. Y es inteligencia artificial. Y me voló la cabeza porque me parece que no hay nada más humano que el error, ¿no? como que como que tengas que toser en medio de una grabación.

Pero me parece muy revelador del nivel de sofisticación que está adquiriendo esto, donde, pues, si yo escucho toser, asumo que es un ser humano el que está de ahí, porque evidentemente una inteligencia artificial no tiene problemas de voz.

P. Yo ahorita estoy queriendo rascarme aquí la ceja..

R. Claro Y el rascarte es humano, el toser es humano, ¿no? Un avatar en principio no le pasaría.

Entonces, hoy que están haciendo estas plataformas están obligando a los creadores de contenido a tener que etiquetar de manera explícita cuando algo fue generado con IA, bajo la condición de que si no lo hacen les pueden castigar la monetización, que es el ingreso que reciben por producir contenido.

P. ¿Qué nos puedes decir de lo que están haciendo los políticos?

R. Yo creo que es muy grave lo que está ocurriendo con la política en buena parte del mundo, no es un tema exclusivo de derechas o de izquierdas, ahí está la pulsión presente en unos y otros, no todos los políticos lo asumen igual, pero hay una camada, digamos, o una generación de políticos que lo está haciendo muy claro. Y esto, yo te diría que el plan maestro, si hubiera un documento, diría tener el monopolio de la definición de lo verdadero.

Y entonces hay una serie de acciones que acompañan, porque no solamente es decir una mentira. La mentira pues ha acompañado el discurso político de toda la vida. Ahorita platicamos este este caso. Hay una ópera famosa donde también hablan de la calumnia y cómo sembrar un rumor para que vaya creciendo y se va desprestigiando a alguien. Es tan antiguo como el primer ser humano que tuvo envidia del otro y encontró que en la mentira tenía una herramienta para desacreditarlo.

Pero ahora se combina con una serie de factores. Por ejemplo, el golpeteo a los otros, los que yo llamo custodios de la verdad. Yo no puedo decir que la economía subió bajó porque a mí se me pega la gana, porque hay organismos independientes que nos dicen, en el caso mexicano de INEGI, que nos dicen si subió o bajó el PIB. O si bajó o subió el número de homicidios en el país o el número de personas desaparecidas o el número de servicios de operaciones que se realizaron en el IMSS.

El que tú tengas instituciones, lo que te garantiza es que no hay un sólo actor que por su propia voluntad, porque lo dice simplemente con eso es suficiente para que algo exista. Y entonces lo que hemos visto en los últimos años es una campaña para desacreditar mismos autónomos, en México nos quedamos sin el CONEVAL, por ejemplo, nos quedamos sin el INAI, que eran dos instituciones que se dedicaban a custodiar datos y tener acceso a información para contrastar lo dicho por el actor político con lo dicho por instituciones autónomas. Ha habido una cruzada contra las organizaciones de la sociedad civil. Ha habido una cruzada contra los organismos y contra los propios periodistas.

Y entonces tú encuentras en el discurso de Andrés Manuel López Obrador o en el discurso de Donald Trump o el discurso de Javier Milei o en el discurso de Nayib Bukele o el discurso de Daniel Ortega, con elementos comunes y estoy hablando de gobiernos de edades distintas, de signos distintos, de regiones distintas, todos describiendo al periodismo como el enemigo y como el partido de la oposición, el que tiene su propia agenda, el que hay que desacreditar porque son enemigos de la transformación que está viviendo cada uno de estos países.

Entonces, el acecho o la descalificación a los organismos que llamo Custodia de la verdad, es una de las cruzadas. Y luego, por otro lado, está un tipo de discurso político que está muy alineado, Jorge, con el lenguaje de las redes.

Bueno, hoy la forma de hacer política tiene que ver con el mundo de las redes y el mundo de lo digital. ¿Y qué es privilegio lo digital en las redes? La polarización, la radicalización, la estridencia, la puesta en escena, el lenguaje simple, el lenguaje muy emocional. Entonces, tú combinas tres elementos. El ataque a las organizaciones autónomas que te rivalizan la definición de la verdad; un discurso político que polariza, que radicaliza y luego un ecosistema de información que te reparte el contenido en función de algoritmos que te alimentan esa narrativa todo el tiempo.

Y entonces memes y tweets y publicaciones, influencers, todos reforzando ese discurso, digamos, mientras que tú estabas del otro lado, el algoritmo te está reafirmando. Entonces, es la tormenta perfecta, porque no solamente es el actor que miente, es el actor que miente en un ecosistema que difunde y reafirma las creencias y un acecho a las instituciones que sirve para para custodiar la noción de verdad.

Los periodistas Jorge Ramos Pérez y Mario Campos