Hace casi cinco meses que una explosión en el pozo exploratorio de Pemex, Krem-1, en el sur de Veracruz ocasionó un incendio que no se ha detenido. Desde entonces la vida en los ejidos circundantes cambió para mal, aseguran sus pobladores.
Desde marzo, Reyna Torres Sánchez presentó dolor de cabeza, vómito y náuseas, malestares que no atribuye a su condición de paciente con diabetes, sino a la fuga de gas que hay desde el día que inició el incendio en el pozo ubicado en el municipio de Las Choapas, que arde desde el 5 de marzo debido a una fuga de gas que se mantiene activa.
Aunque Pemex asegura que los daños están bajo control, pobladores de ejidos como López Rayón, cercanos al pozo exploratorio, señalan que sus animales de campo murieron afectados por las emisiones del Krem-1.
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Ebner González Hidalgo, a quien se le han muerto ejemplares de reses, también responsabiliza a la fuga de gas. “Sentí feo. Los cuidamos y luego verlos muertos”, dice en un video, mientras muestra en el suelo a un animal muerto, con la piel pegada a los huesos.
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También ha habido afectaciones en el agua, dice por su parte Damaris Torres Sánchez, quien en junio pasado regresó a Las Cruces, una comunidad de Las Choapas. Luego de vivir 4 años cerca de Acapulco, Guerrero, regresó para encontrarse con que el río al que le gustaba ir ya no era el mismo.
“Al ir al río vi que el agua estaba caliente, daba picazón y tenía un olor, ahora huele como a petróleo”, afirma. “Te metes y te sales rascando”.
Luego fue a otro arroyo que en verano era frío, pero ahí el agua también estaba caliente. Además, los montes están amarillos.
“No sabemos si es por el pozo mismo o los químicos. Dicen que todo está controlado, que todo está bien pero el otro día llegó el humo del Krem y nos empezamos a ahogar mi hija y yo, de ahí me quedó gripa y apenas hace unos días se me quitó”, se queja.
De acuerdo con Alejandra Jiménez, de la Alianza contra el fracking, quienes viven en un área de alrededor de dos kilómetros a la redonda del pozo son los más afectados y en ese perímetro se encuentran más daños ambientales. Entre las afectaciones que la población sufre desde hace 140 días, está la dificultad para dormir por el ruido, pobladores presentan náuseas y vómitos, además de dificultad para respirar y otras complicaciones respiratorias.
A ello se suma que hay familias que han perdido sus cultivos, sus árboles frutales y sus pastizales, los animales de traspatio y el ganado.
Mis hijos se quedaron sin trabajo
Precisamente una de las que han perdido sus cultivos es María Alegría Palma, quien antes del 5 de marzo se sentía tranquila. Ella se mantenía de sus animales, pero con la explosión se le murieron algunos. Se le destruyeron sus árboles de mango, guanábana, aguacate, ciruela, camotales y un chilar, describe en un video.
“Quedan unos cuantitos. Mis hijos se quedaron sin trabajo, todo se destruyó, está seco todo. ¿En qué van a trabajar? Les digo que si les sale algo por allá, que se vayan”.
A los pocos días de que explotó el Krem-1, llegó personal de Pemex que prometió que en 15 días iba a apagar el pozo y que revisarían los daños. Pero no regresaron, lamenta María.
“La yerba ya debería estar retoñando, pero es tierra pelada, las vacas malparieron. Se les peló el espinazo y un mosquero que dejaron”, describe.
Un desastre anunciado
Alejandra Jiménez dice en entrevista con La Silla Rota que la evaluación de riesgo de la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) del pozo del cual se iba a extraer gas consideró que el peor escenario de riesgo era el descontrol del pozo, lo que le otorgó la categoría de riesgo más alta. Sin embargo, las conclusiones de la MIA establecían que no existían posibilidades de daño para la población y el medio ambiente y que era un riesgo tolerable, sin aportar más información.
Pero además la misma MIA señalaba que la zona donde se encuentra el Krem-1 está dentro de la Unidad Ambiental Biofísica 78, Sierra Norte de Chiapas, por lo que debería estar bajo resguardo.
“Al estar en dicha unidad ambiental, no se deberían permitir actividades de exploración ni de extracción de hidrocarburos”, remarca Jiménez.
A pesar de la restricción anterior, la propia MIA justificó la obra argumentando que, como es una actividad que podía ofrecer un desarrollo económico para la región, de igual manera se realizaría.
La activista asegura que de parte de Pemex no ha habido reparación económica para los habitantes, por convivir con gases y la Agencia de Seguridad Económica y Ambiental no ha impuesto una sanción para Pemex.
Jiménez explica que el pozo es exploratorio y comenzó a desarrollarse este año, y el 5 de marzo estaba en perforación para ver si era viable explotarlo.
“Se les salió muy rápido de las manos”, critica.
Olor a aceite
En la entrevista reproduce un audio de un agente municipal, Clemente Pardo, quien señala que en la región huele a petróleo y que Pemex no le ha pagado a nadie una indemnización.
Jiménez recuerda que la fuga ocurrió el 5 de marzo, por los días que se dieron a conocer los primeros detalles del derrame en el Golfo de México a causa de un ducto.
“No es casual. Es una muestra clara de que dentro de Pemex las cosas no funcionan adecuadamente. Desde hace años la Alianza Contra el Fracking ha denunciado una serie de incidentes como estos. Hace tres años reportamos múltiples derrames, fugas y fallas en la infraestructura. En el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador por lo menos nos atendían. En el actual ya no”, dice.
La activista también considera que este incidente muestra el problema de la extracción del gas con técnicas similares al fracking, y eso se podría reproducir en 21 mil proyectos que tiene el gobierno para extraer gas de esa manera.
“Esto evidencia que en México no se puede usar el fracking”, concluye.
Se está atendiendo: Pemex
La Silla Rota solicitó a Pemex una postura al respecto. La respuesta fue que el incidente se está atendiendo. En su boletín más reciente, del 30 de junio, informó que desde las etapas iniciales del evento se tomaron las medidas necesarias para monitorear las emisiones, la temperatura y el ruido en la zona de influencia, “instalando los equipos de monitoreo necesarios para garantizar la seguridad y protección, tanto del personal técnico como de las comunidades aledañas”.
Las concentraciones de emisiones contaminantes se mantienen por debajo de los límites máximos permitidos por la normatividad vigente, aseguró la paraestatal. Respecto a la temperatura, disminuye a niveles normales después de 200 metros de distancia al pozo, mientras que el ruido se reduce por debajo del límite máximo permisible a partir de los 300 metros, estando la comunidad más cercana a cuatro kilómetros de distancia.
“Hasta el momento no se han registrado vibraciones más allá de esta distancia”.
Contexto: el Krem-1 fue un proyecto exploratorio de Pemex, proyectado para producir 50 millones de barriles de petróleo crudo y gas anualmente. Tras la explosión Pemex anunció su cierre definitivo.
El día que ocurrió la explosión, el gobierno veracruzano informó que no hubo personas lesionadas y que el incendio no representaba un riesgo inmediato para la población, “por lo que no ha sido necesario realizar evacuaciones precautorias”.
djh
