El acoso escolar dejó de ser hace tiempo una “etapa difícil” de la adolescencia para convertirse en uno de los principales focos de alerta en materia de salud mental, convivencia y abandono escolar en México. Los datos más recientes revelan una realidad incómoda: miles de estudiantes viven violencia cotidiana dentro de las escuelas, muchas veces sin apoyo institucional y bajo dinámicas que terminan normalizándose entre docentes, familias y autoridades.
De acuerdo con el primer Censo sobre Bullying por Apariencia Física en México, presentado por la Fundación en Movimiento, en colaboración con Seguritech en junio de 2025, el 28.6% de los estudiantes de secundaria y bachillerato ha sufrido acoso escolar relacionado con su apariencia física. Además, el 21.6% aseguró haber dejado de asistir a clases por esta causa y apenas el 15.6% recibió algún tipo de acompañamiento o atención institucional.
El estudio se realizó con la participación de más de 45 mil estudiantes de 298 escuelas distribuidas en ocho estados del país, convirtiéndose en el primer ejercicio estadístico enfocado específicamente en la violencia escolar vinculada con la apariencia física.
El bullying que ocurre dentro del salón de clases
Los resultados del censo muestran que el acoso escolar no ocurre únicamente en redes sociales o espacios alejados de la supervisión adulta. El 60.9% de las agresiones sucede dentro del salón de clases, es decir, en el lugar que debería representar mayor seguridad para niñas, niños y adolescentes.
Las agresiones más frecuentes están relacionadas con el peso corporal, el tono de piel, la forma de vestir, el corte de cabello, la condición económica y la orientación sexual. Detrás de cada burla, exclusión o agresión verbal existe un impacto emocional que puede derivar en ansiedad, depresión, aislamiento social y bajo rendimiento académico.
Especialistas advierten que el problema no radica únicamente en la existencia del bullying, sino en la manera en que éste continúa minimizándose bajo frases como “son cosas de niños” o “así se llevan entre compañeros”. Esa normalización provoca que muchas víctimas no denuncien y que las escuelas reaccionen únicamente cuando la situación escala.
“El bullying no puede seguir siendo minimizado. Tenemos niñas y niños que viven con miedo, que abandonan la escuela o que incluso pierden la vida. Esta guía es un paso firme para poner alto al acoso, desde la ley y desde el corazón”, señaló la Mtra. Reyna Monjaraz, directora general de Fundación en Movimiento .
El estudio fue desarrollado bajo el proyecto “Fuertes desde la raíz”, respaldado por Procter & Gamble, Soriana Fundación y Seguritech, con el objetivo de visibilizar una problemática que afecta directamente la salud emocional y el desarrollo académico de millones de estudiantes en el país.
La prevención del acoso escolar, un reto pendiente
Frente al crecimiento de los casos de violencia escolar, organizaciones civiles han comenzado a impulsar modelos de intervención más estructurados. Desde 2010, Fundación en Movimiento trabaja en la implementación del llamado Método FEM, un esquema de certificación escolar enfocado en transformar la cultura de convivencia dentro de las instituciones educativas.
A diferencia de campañas temporales o conferencias aisladas, el método contempla un proceso integral compuesto por seis etapas: diagnóstico inicial, capacitación para docentes, talleres dirigidos a estudiantes y familias, acompañamiento digital, implementación de círculos de paz y una evaluación final para medir resultados.
Uno de los principales hallazgos del programa tiene que ver con la preparación del personal docente. Antes de la intervención, solo el 35.7% de los maestros afirmaba sentirse listo para actuar frente a un caso de bullying; después del proceso de capacitación, la cifra aumentó a 57.9%.
En 15 años de trabajo, la organización ha certificado más de 170 escuelas, sensibilizado a más de 581 mil estudiantes, capacitado a más de 62 mil docentes y acompañado a más de 221 mil madres y padres de familia.
El reto, sin embargo, sigue siendo enorme. Organismos especializados coinciden en que el combate al acoso escolar requiere algo más que protocolos: implica construir espacios seguros, fortalecer la salud emocional desde edades tempranas y reconocer que la violencia entre estudiantes puede dejar secuelas permanentes si no se atiende a tiempo.
En un contexto donde la salud mental de niñas, niños y adolescentes se ha convertido en un tema prioritario, el bullying aparece ya no como un problema secundario de convivencia escolar, sino como un fenómeno social que refleja la fragilidad de los entornos comunitarios y educativos en México.
