CONSEJO NACIONAL

Morena llega a su Consejo Nacional entre tensiones internas y el caso Rocha

Especialistas consultados por La Silla Rota señalan que el encuentro es una prueba de fuerza en lo político en un momento en el que el partido debe reacomodarse rumbo a las elecciones en medio de las acusaciones que enfrenta el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya y algunas figuras morenistas

Créditos: @AlfonsoDurazo
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A unas horas del Consejo Nacional de Morena donde se formalizará el relevo en la dirigencia del partido en la que se perfila a Ariadna Monitel, la discusión interna ya no gira únicamente en torno a cargos, sino en la cohesión del movimiento en medio de presiones externas, fracturas con aliados y el impacto político del caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.

El encuentro de este domingo se perfila como un trámite en lo formal, pero como una prueba de fuerza en lo político, en un momento en el que el partido más grande del país enfrenta señales de desgaste y reacomodo rumbo a las elecciones intermedias de 2027, coincidieron especialistas consultados por La Silla Rota.

La salida  de Luisa María Alcalde de la presidencia de Morena, un año y medio antes de concluir su periodo, abre la puerta para que la presidenta Claudia Sheinbaum consolide el control político del partido mediante la designación de perfiles de su mayor cercanía en el Comité Ejecutivo Nacional. Durante su gestión, señala el politólogo Fernando Dworak

Alcanzan más de 12 millones de militantes

Alcalde impulsó una estrategia de afiliación y credencialización masiva que alcanzó los 12 millones de militantes, en coordinación con Andrés Manuel López Beltrán, además de relanzar el periódico Regeneración con un gasto acumulado de más de 143 millones de pesos entre 2025 y 2026, recursos cuya transparencia ha sido cuestionada. Sin embargo, su salida ocurre en medio de tensiones con el Partido del Trabajo y el Partido Verde, así como por su limitada operación política en el proceso electoral que se avecina.

Los expertos mencionaron que el relevo en la dirigencia responde a la necesidad de recomponer la relación con los aliados y fortalecer la estrategia rumbo a 2027. El académico del ITAM, Horacio Vives, considera que se trata de un movimiento que acerca de manera definitiva al partido con el gobierno, al colocar perfiles “más cercanos y leales” a la presidenta, lo que en los hechos diluye la distancia que se intentó mantener entre ambas estructuras.

Por su parte, Salvador Mora, de la UNAM, interpreta la salida de Alcalde como una señal de transición interna: Morena deja atrás la lógica del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador y entra de lleno en una nueva etapa bajo el control político de Sheinbaum, en la que la definición de candidaturas y la operación electoral estarán más centralizadas.

Proceso de designación

El Consejo Nacional, que se celebrará este 3 de mayo, es el órgano máximo de decisión del partido y está integrado por entre mil 500 y tres mil 600 delegados provenientes de los comités estatales, la representación de mexicanos en el exterior y el propio Comité Ejecutivo Nacional.

Las decisiones se toman por mayoría de votos y entre sus facultades está la elección de la dirigencia nacional, la modificación de estatutos y la definición de la integración del CEN, con excepción de algunas carteras que dependen directamente de la presidencia del partido. El cargo de la presidencia tiene una duración de tres años, salvo casos de renuncia, inhabilitación o revocación de mandato. En esta sesión también se prevé la designación de una nueva persona titular de Finanzas tras la salida de Iván Herrera Zazueta, cercano a Alcalde.

Aunque el relevo está definido, consejeros consultados advierten que el fondo del Consejo será la disputa por el equilibrio entre corrientes internas. Por un lado, el obradorismo tradicional que mantiene presencia territorial y estructuras propias; por otro, los grupos que buscan mayor autonomía en los estados; y finalmente el bloque cercano a la presidenta, que busca consolidar el control político del partido. En ese contexto, la definición de las secretarías dentro del CEN será clave para medir el alcance real del poder de Sheinbaum frente a otras facciones.

A este escenario se suma el impacto del caso de Rubén Rocha Moya, que ha colocado presión adicional sobre la dirigencia y ha abierto discusiones internas sobre el costo político de los respaldos públicos. De acuerdo con consejeros el tema será inevitable en las conversaciones, no solo por los señalamientos provenientes de Estados Unidos sobre presuntos vínculos de actores políticos con el crimen organizado, sino por el efecto que puede tener en la narrativa de cohesión del partido.

Entre esos intercambios internos, versiones recogidas en conversaciones con consejeros y operadores políticos apuntan a que perfiles del ala más cercana a la presidenta, entre ellos la senadora Andrea Chávez, han planteado la necesidad de deslindes más claros para contener el desgaste e incluso habían respaldado la idea de que solicitra licencia, lo que ocurrió ayer por la noche, aunque estos posicionamientos no han sido expresados públicamente, excepto por la senadora María Guadalupe Chavira quien había planteado la posibilidad. 

Fernando Dworack advierte que el caso de Rubén Rocha Moya introduce un elemento de incertidumbre que va más allá de lo individual y golpea directamente la dinámica interna de Morena. A su juicio, el problema no es únicamente el señalamiento en sí, sino la reacción que provoca dentro del partido: la duda sobre hasta dónde pueden escalar las investigaciones y a quiénes podrían alcanzar. Esa incertidumbre, explica, es la que tiende a desordenar a las coaliciones políticas.

Para Dworak, Morena enfrenta un reto doble pues no solo debe ganar elecciones, sino mantener cohesionada una estructura que depende en buena medida de la distribución de recursos y programas sociales. 

Las tensiones con aliados

El tema de la reforma electoral evidenció la fragilidad de la relación con el Partido del Trabajo y el Partido Verde, que rechazaron propuestas que consideraban contrarias a sus intereses, lo que dejó ver que la coalición no opera bajo una lógica de subordinación automática. A ello se suman las disputas por candidaturas rumbo a 2027 y la inconformidad de liderazgos regionales que buscan mayor margen de maniobra tras años de centralización política. En paralelo, la salida de figuras hacia posiciones locales, como el caso de movimientos recientes en estados estratégicos, también forma parte de un reacomodo más amplio.

En este contexto, la nueva dirigencia no solo tendrá que administrar al partido, sino operar políticamente para mantener unida a una estructura diversa y en competencia interna.

La elección intermedia de 2027, en la que se renovarán la Cámara de Diputados y 17 gubernaturas, será la primera gran prueba de esta nueva etapa, indican los expertos.

Aunque Morena mantiene ventaja frente a una oposición fragmentada, advierten que el principal riesgo no está fuera, sino dentro por la posibilidad de que las diferencias internas se traduzcan en rupturas o en pérdida de control territorial.

Así, coinciden los académicos, el Consejo Nacional no definirá únicamente un relevo en la dirigencia. Será un termómetro del estado real del partido y de su capacidad para sostener la cohesión en un momento en el que convergen presiones externas, disputas internas y la antesala de una nueva batalla electoral. Morena llega con la dirigencia definida, pero con el equilibrio interno todavía en juego.