La contaminación del Río Tijuana se ha convertido en una de las crisis ambientales más severas en la frontera entre México y Estados Unidos, afectando directamente la salud de miles de personas que habitan tanto en Tijuana como en el sur de California.
Cada día, más de 132 millones de litros de aguas negras, residuos domésticos e industriales descienden desde los cañones de Tijuana hasta territorio estadounidense, transportando basura, químicos, bacterias y gases tóxicos que deterioran el aire, el agua y la calidad de vida de las comunidades cercanas.
El problema no distingue nacionalidades ni fronteras. Mientras en la colonia Los Laureles, en Tijuana, vecinos conviven diariamente con malos olores y aguas residuales, en Imperial Beach, California, las autoridades enfrentan una emergencia sanitaria por la contaminación que llega hasta el Océano Pacífico.
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María Teresa García, fundadora de la colonia Los Laureles hace 38 años, asegura que los efectos ya son visibles en su salud. A sus 70 años, relata que sufre fuertes alergias en los brazos, especialmente durante la temporada de calor, cuando los olores provenientes del canal de aguas negras se intensifican frente a su vivienda.
Gas tóxico y enfermedades respiratorias en la frontera
Del lado estadounidense, la situación no es distinta. Paloma Aguirre, hija de inmigrantes mexicanos, exalcaldesa de Imperial Beach y actual integrante de la Junta de Supervisores del Condado de San Diego, también ha denunciado los severos efectos que esta crisis ha provocado.
La funcionaria reveló que ha terminado en urgencias en varias ocasiones debido a la exposición constante a gases tóxicos provenientes del río contaminado. Incluso, señaló que actualmente padece migrañas crónicas derivadas de esta situación.
Un estudio realizado en agosto de 2025 por científicos del Instituto Scripps de Oceanografía, la Universidad de California Riverside, la Universidad Estatal de San Diego y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica confirmó la gravedad del problema.
La investigación detectó que el Río Tijuana libera enormes cantidades de sulfuro de hidrógeno, conocido como “gas de alcantarilla” por su olor a huevo podrido y su relación con aguas residuales. Las concentraciones encontradas en el sur de San Diego fueron hasta 4 mil 500 veces superiores a las de una zona urbana normal.
Purificadores de aire y emergencia sanitaria
La Agencia de Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos advierte que la exposición prolongada a este gas puede generar náuseas, dolores de cabeza, irritación ocular, conjuntivitis, problemas respiratorios, edema pulmonar e incluso Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).
Ante este escenario, Paloma Aguirre informó que el Condado de San Diego ha destinado cuatro millones de dólares para ampliar el programa de purificadores de aire en viviendas del Distrito 1.
La meta, explicó, es que cada hogar del sur de San Diego cuente con un purificador para poder respirar en condiciones más seguras. La medida refleja la gravedad del problema y la falta de soluciones inmediatas de fondo.
Mientras tanto, en territorio mexicano, la organización Costa Salvaje ha instalado retenedores de basura en el arroyo Los Laureles y el Cañón del Pato, logrando capturar cerca de 28 toneladas de residuos al mes.
Sin embargo, Rosario Norzagaray, gerente de residuos marinos de la organización, advirtió que esto apenas representa el 30 por ciento del flujo total que cruza hacia Estados Unidos.
Playas cerradas, vertidos al mar y posible conflicto económico
Otro punto crítico se localiza en Punta Bandera, Tijuana, donde continúan los vertidos crudos al Océano Pacífico. Aunque recientemente fue rehabilitada la Planta de Tratamiento de San Antonio de los Buenos con una inversión de 800 millones de pesos, su capacidad de 800 litros por segundo sigue siendo insuficiente frente a una demanda de mil 900 litros.
Esta situación mantiene cerradas desde hace cuatro años playas como Imperial Beach, una de las favoritas para surfistas en Estados Unidos. En contraste, en Playas de Tijuana generalmente solo se emiten alertas sanitarias durante vacaciones, mientras el resto del año muchas personas ingresan al mar sin conocer los riesgos reales.
Además del impacto ambiental, el problema podría escalar a sanciones económicas. La supervisora Aguirre confirmó que autoridades estadounidenses no descartan multas por cada galón de aguas residuales que llegue al río Tijuana, así como nuevos aranceles o incluso afectaciones en la distribución del agua del río Colorado.
Lee Zeldin, administrador de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), advirtió recientemente que espera cooperación de México y dejó abierta la posibilidad de consecuencias si no se atiende la crisis.
Aunque la Minuta 333 y un Memorándum de Entendimiento firmados el año pasado contemplan 13 proyectos de infraestructura hídrica y saneamiento con una inversión conjunta de 693 millones de dólares, la conclusión de esas obras está proyectada hasta 2028, mientras la contaminación sigue avanzando todos los días.
Con información de Excelsior
