ENTREVISTA

Socialista por 80 años, Semo saluda a la izquierda mexicana

“Tarea de todos, cambiar al mundo”, sostiene en entrevista; la UNAM inicia ciclo de homenajes al historiador, economista, filósofo y ensayista

Durante la travesía, una advertencia sobre la presencia de submarinos alemanes en el Caribe obligó a modificar la ruta original
Durante la travesía, una advertencia sobre la presencia de submarinos alemanes en el Caribe obligó a modificar la ruta originalCréditos: Especial 
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Aún no cumplía 12 años cuando Enrique Semo Calev embarcó junto con sus padres en el buque de vapor “San Thomé”, repleto de españoles y brigadistas internacionales tras la derrota de la República ante el fascismo franquista, así como judíos que huían del acoso nazi.

Ese mismo niño -que al llegar a Veracruz temió que indios piel roja y piratas los atacarían-, en 1952 cumpliría por tres años la tradición judía de viajar a Israel, donde fue picado por el  espíritu socialista de los kibutzim -granjas colectivas.

 “Para mí fue una influencia determinante el socialismo, no sólo como ideal, sino una manera de vivir con coherencia entre el pensar y el hacer, con disposición al sacrificio individual por el bien común…”, dice ahora en entrevista.

Nacido en Sofía, Bulgaria, en 1930, Semo estudió tres años Economía en Tel Aviv, pero poco después de regresar a México decidió cursar Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con profesores como Edmundo O’Gorman, Miguel León Portilla, Luis Villoro o el filósofo marxista Adolfo Sánchez Vázquez.

Su trayectoria siguió siendo tejida en las décadas posteriores por la Economía y la Historia, lo que incluye un doctorado en Historia Económica por la Universidad Humboldt de Berlín, en la desaparecida República Democrática Alemana

Fue fundador de tres instituciones académicas: de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM, en 1972, y de su programa de doctorado en 1976; del Centro de Estudios Contemporáneos en el Instituto Científico de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en 1980 y de la maestría en historia regional en la Universidad Autónoma de Sinaloa, en 1984. Es autor de una veintena de libros sobre le evolución económica y de la izquierda en México.  

Semo Calev es primo mayor de la también académica e investigadora Annie Pardo, madre de la presidenta Claudia Sheinbaum, de quien por tanto es su tío. Un rastreo cuidadoso del origen  geográfico e ideológica, los episodios ante el racismo y la intolerancia como motivo para migrar finalmente a México, arrojará similitudes importantes en las diversas ramas de las familias Sheinbaum y Semo.  

Con todo ello como telón de fondo, Enrique Semo evalúa a la llamada cuarta transformación que enarbola el gobierno mexicano desde 2018: 

 “México marcha a contracorriente -de una tendencia mundial hacia la derecha- con un éxito que sorprende a todos. Se busca un modelo de superación del subdesarrollo que incluye reedificar al Estado como actor en la economía y el sector social; contener a los monopolios privados, luchar contra la corrupción generalizada y disminuir las diferencias abismales en el desarrollo económico entre las diferentes partes del país”.

Semo Calev, hoy de 95 años, es el personaje central de un ciclo de conferencias organizado por la UNAM, su alma mater, iniciado ayer miércoles, para analizar su aportación a la academia, a la Universidad y otras casas de estudio del país y del extranjero, así como a la reflexión y el debate de procesos centrales históricos en México en los campos de la economía, la política y la sociedad.

En la sesión de ayer, realizada en la Facultad de Economía de la UNAM, en presencia del propio Semo, de integrantes de su familia y miembros de la comunidad académica, el rector de la máxima casa de estudios, Leonardo Lomelí -exdirector de la facultad-, dijo que la herencia intelectual de Enrique Semo “reside en una manera de mirar la historia que obliga a atender los vínculos entre economía, cultura, política y vida social”.

En su oportunidad, Rosaura Ruiz, secretaria de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación, dijo que Semo “renovó la  manera de pensar la historia del país al colocar en el centro del análisis las desigualdades y los procesos de larga duración”. 

Con este motivo, la revista Gaceta UNAM realizó a Semo una entrevista que será publicada en el número que circula a partir de este jueves, y cuyo producto compartió con La Silla Rota. Estos son extractos de esa entrevista efectuada por Mauricio López, director de Comunicación Social de la institución: 

Gaceta UNAM (GU). ¿Qué recuerda de su llegada a México en 1942? ¿Qué fue México para usted y su familia en esos primeros años?

Enrique Semo (ES): Abordamos el buque de vapor San Thomé propiedad de la empresa portuguesa Companhia Colonial de Navegação, el 21 de marzo de 1942 para seguir la ruta Lisboa-Casablanca-La Habana-Veracruz. A bordo viajaban españoles exiliados de la Guerra Civil, voluntarios antifascistas de las Brigadas Internacionales y también judíos de toda Europa que huían de la persecución nazi. En la nave venía con nosotros una joven sefaradita de unos 16 años que se llamaba Rosita Rimoch que nos entretenía bailando y cantando canciones españolas con una excelente voz y mucho donaire. Más tarde, sería la gran soprano de la ópera en México. Veracruz se convirtió en un umbral simbólico. Para los refugiados españoles, la llegada significaba librarse definitivamente de la persecución franquista, y para los judíos, representaba la vida al haber escapado de las garras nazis.

Llegamos a Veracruz. Mi asombro más grande fue el mercado de Veracruz lleno de colores y fragancias desconocidas, repleto de frutas, legumbres y carnes presentados en formas nunca vistas. Hoy parece casi increíble, pero tuvimos la inmensa fortuna de haber logrado escapar de Europa en ese breve lapso en que aún era posible hacerlo, ocho meses antes de que Alemania e Italia irrumpieran en la zona libre de Francia y borraran de un golpe las últimas rutas de salida y un mes antes de que México declarara la guerra al Eje.

GU. ¿Qué lo marcó de su estancia en el kibutz a los 23 años?

ES: En 1953 me fui a Israel junto con un grupo de compañeros con quienes había convivido en México, para ingresar al kibutz Meguido. Fui enviado para estudiar hebreo en el Machon (Instituto de enseñanza de hebreo) en Jerusalén durante seis meses. El kibutz era una sociedad de alrededor de 200 hasta 500 miembros totalmente igualitaria. El dinero estaba excluido de las relaciones entre los comuneros. En mi kibutz no se podía ser miembro si no participabas del Partido Mapam, el partido de Hashomer Hatzair, el más radical de izquierdas. Yo fui realmente obrero-campesino durante 3 años, llegué ahí en 1953 con 23 años y estuve 3 años.

El kibutz (…) en general era un experimento era exitoso. Demostraba que una sociedad con características comunistas puede ser altamente productiva, al mismo tiempo que fuertemente solidaria. Israel era en aquel tiempo otra cosa. Había un gobierno socialdemócrata con un sentido de igualdad muy marcado. Predominaba la gente que venía del infierno del Holocausto en Europa, muy influida por el socialismo, el anarquismo y otras ideas de izquierda. Comencé a buscar contacto con el único partido en Israel cuya membresía era árabe y judía: el Partido Comunista.

GU: ¿Qué maestros y lecturas marcaron al joven estudiante Enrique Semo?

ES: Poco después de regresar comencé a estudiar Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Entre los profesores que más influyeron en mí, nombraría a Edmundo O’Gorman, representante brillante del historicismo mexicano; Miguel León-Portilla, con trabajos como “La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes”, “Visión de los vencidos” y, más tarde, “Quince poetas del mundo náhuatl”. Luis Villoro, con “El proceso ideológico de la revolución de independencia” y “Los grandes momentos del indigenismo en México”. Adolfo Sánchez Vázquez, filósofo marxista con como “Las ideas estéticas de Marx”, ”La filosofía de la praxis y ética”.

GU: 4 ¿Cómo recuerda la creación del posgrado de la Facultad de Economía y su participación para generar propuestas para el desarrollo nacional?

ES: La División de Estudios Superiores surgió en años cruciales para la historia del mundo y de México: el movimiento de 1968 y su influencia posterior en el proceso democrático y cultural de nuestro país. La comunidad académica de la Escuela Nacional de Economía se integró a esa revolución cultural. Formando el Consejo General de Profesores, Estudiantes y Trabajadores con autoridad para elaborar planes de estudio, relaciones entre profesores y estudiantes, nuevas corrientes de pensamiento económico, ambiente intelectual y libertad de discusión fueron temas abordados con entusiasmo por profesores y estudiantes.

El cogobierno que tenía la capacidad de elegir autoridades, propuso al rector Pablo González Casanova, a José Luis Ceceña para director de la escuela y un mes después a mí para formar y encabezar el posgrado. Fui nombrado jefe de la División de Estudios Superiores.

La nueva institución trató desde el inicio de ocupar su lugar en el proceso de transformación iniciado en 1967, poniendo énfasis en la investigación y formación de economistas al más alto nivel posible y en la discusión de los grandes problemas de México y América Latina, con la presencia de las voces más autorizadas en ese momento del país y del continente.

Las dictaduras de América Latina propiciaron la llegada de intelectuales de todo el continente que encontraron puertas abiertas y un ambiente favorable en la División. Entre otros se encontraban Pedro Paz, Maria da Conceição Tavares, Emilio Campo, René Zavaleta, Ruy Mauro Marini, Agustín Cuevas, Theotônio dos Santos, Vânia Bambirra, Orlando Caputo, Samuel Lichtenstein y Carlos Sempat Assadourian.

GU: ¿Dónde considera que está su legado? ¿en los libros “La historia del capitalismo en México”, su análisis de “La izquierda mexicana en su laberinto”, o “La visión de la conquista de México”

ES: Creo que las tres. La historia del capitalismo ocupó gran parte de mi labor académica. Ya en este primer ensayo están planteadas las líneas de investigación que dominaron gran parte de mi obra: a) El problema del desarrollo de México y los países dependientes y subdesarrollados; b) El estudio comparado de los sistemas económicos; c) Los orígenes e historia del capitalismo mexicano; d) Los problemas de la colonialidad y la dependencia a lo largo de los siglos XVI hasta nuestros días; e) La combinación de los modos de producción y las formaciones sociales.

En cuanto al análisis de la izquierda, esta incluye páginas sobre el origen del comunismo en México en un ensayo llamado “A cien años del Partido Comunista Mexicano. Los primeros pasos”.

GU:¿Qué temas pendientes tiene la izquierda por resolver al iniciar el segundo cuarto del siglo XXI y el avance de las derechas en algunos países?

ES: Con el paso de los siglos izquierda y derecha no dejaron de ser posiciones contrapuestas, pero cambiaban de contenido ideológico, de formas de acción política y podemos decir que a cada época su propia izquierda y derecha. En el mundo de hoy la izquierda es la corriente que busca reducir las desigualdades en el acceso a recursos, oportunidades y servicios. Periodizar un momento político en el tiempo presente es difícil. Sin embargo, existen numerosos indicios de que hoy nos encontramos en el mundo ante una nueva etapa. Uno de estos signos es la crisis global de la izquierda en sus diversas formas, que ha visto deteriorarse su alianza histórica con las clases populares. Al mismo tiempo, la extrema derecha se muestra cada vez más fuerte y capaz de capitalizar las frustraciones populares hacia la política neoliberal, adoptando un enfoque autoritario, racista, sexista y homófobo.

Nos enfrentamos a una crisis multidimensional de todo el sistema capitalista. Es decir, medioambiental, económica y geopolítica. La crisis financiera global de 2008 socavó los apoyos de los principales partidos de centroderecha y centroizquierda que habían gestionado el capitalismo neoliberal en los años ochenta y noventa. La consecuencia ha sido el surgimiento de una extrema derecha de múltiples rostros: Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil, Javier Milei en Argentina, Giorgia Meloni en Italia y Marine le Pen en Francia. El efecto ha sido desestabilizar cada vez más a las corrientes liberal-burguesas y las izquierdas.

México marcha a contracorriente con un éxito que sorprende a todos. A partir de 2006 está inmerso en una transformación progresista que se propone en la economía cambiar el neoliberalismo vigente por un modelo de desarrollo con bienestar social. Desde esa fecha el pueblo ha pasado de ser un factor pasivo a protagonista activo de un cambio importante por la vía pacífica y democrático-electoral.

He sido un hombre de izquierda desde los quince años hasta hoy a mis 95. Mis concepciones de la “izquierda” han cambiado porque creo firmemente que la tarea de los hombres y mujeres de izquierda es contribuir con el pensamiento y la acción para cambiar al mundo tal y como ese se encuentra en cada momento. Nunca he cambiado de bando. Quizás, a veces, mi concepción de la izquierda ha sido errónea, atrasada o llena de dudas. Mucho de eso encontrarán ustedes en mis libros. Mis posiciones han sido siempre compartidas por muchos otros compañeros y compañeras. A ellos, toda mi solidaridad. Y  mi simpatía para los que recojan la bandera.

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