8M

“Me separaron de mis hijos”: el impacto de la violencia vicaria en una madre

Después de pasar hasta un año sin poder ver a sus hijos, se sumó a otras mujeres para exigir justicia; Allie busca restablecer el vínculo con ellos mientras acompaña a otras madres rumbo al 8M

“El calvario comenzó en mayo de 2020… Mis hijos estuvieron separados de mí un año completo
“El calvario comenzó en mayo de 2020… Mis hijos estuvieron separados de mí un año completoCréditos: Especial
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A poco más de cinco años de los hechos, Allie Melek aún conserva fresco el recuerdo del momento en que el padre de sus hijos decidió “castigarla” apartándola de ellos e iniciar una demanda en su contra, un proceso que en cuestión de horas terminó con él obteniendo la guarda y custodia total de los menores.

“El calvario comenzó en mayo de 2020… Mis hijos estuvieron separados de mí un año completo. La menor tenía casi dos añitos y el mayor casi cinco”, explica en entrevista con La Silla Rota.

Melek relata que aquel día el padre acudió a su casa para una convivencia establecida en su acuerdo de divorcio. Al finalizar el encuentro, los menores se fueron con él; sin embargo, durante el proceso posterior alegó no tener conocimiento del domicilio de la madre, por lo que no regresó a los niños.

“Cuando volví a verlos, un año después, mi hija menor no me reconocía, no sabía quién era. Mi hijo mayor estaba muy enojado y, a la fecha, mis procesos están completamente detenidos”, relata.

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El camino de la violencia vicaria

Actualmente, Allie se reconoce como sobreviviente de violencia vicaria, aunque al inicio de su proceso no sabía que ese tipo de violencia existía ni cómo operaba.

Fue a través de redes sociales, en un grupo de ventas para mujeres, donde leyó la historia de Jennifer Seifert, una madre que buscaba justicia para sus hijos.

“Cuando leí su historia dije: ‘Yo estoy viviendo lo mismo que esa mujer’. Fue entonces cuando me enteré de que esto tenía un nombre: violencia vicaria”, recuerda.

Con el tiempo entendió que esta forma de violencia puede manifestarse de distintas maneras: psicológica, económica, patrimonial, sexual e incluso institucional.

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Reconocerlo, sin embargo, no fue sencillo.

Para ella, asumir que el padre de sus hijos ejercía violencia de género implicó enfrentarse también a la vergüenza y a la culpa que muchas víctimas cargan.

“Yo decía: ‘Es que la violencia siempre estuvo ahí, pero la tenía normalizada’”, apunta.

‘Ya no los espero’

“Para mí es importante que ellos sepan que tienen una casa con mamá que está abierta 24/7 para ellos… pero la realidad es que ya no los espero de vuelta”, dice con resignación.

Actualmente, cubre lo que le es posible de la pensión correspondiente; sin embargo, los gastos personales y los procesos legales hacen cada vez más difícil sostener esa carga.

Además, se encuentra en un proceso para restablecer el vínculo con sus hijos, aunque la distancia entre sus hogares complica las visitas.

“No puedo decir que he ganado, porque yo no busco ganar. Lo único que busco es que mis hijos puedan estar bien en la medida de lo posible, y creo que están bien”, remarca.

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Acompañamiento entre madres

Al darse cuenta de que no era la única mujer atravesando una situación similar, Allie decidió sumarse a otras madres en la marcha del 25 de noviembre de 2021, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

A partir de ese momento comenzó a sentirse acompañada por el Frente Nacional contra la Violencia Vicaria y, en 2022, fue invitada a convertirse en representante en la Ciudad de México.

“Ahora ya somos 5,286 mamás a nivel nacional solo dentro de esta asociación civil… Es impresionante que cada día lleguen al Frente entre tres y cinco mamás nuevas”, destaca.

Desde su representación en la capital, se encarga de organizar movilizaciones como la del 8 de marzo, acompañar a las madres que se integran al colectivo y orientar a quienes buscan entender o enfrentar la violencia vicaria.

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Rumbo al 8M

A unos días del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Allie afirma que aún hay demasiadas injusticias por las que seguir alzando la voz.

“No somos mujeres flojas que estamos buscando en qué perder el tiempo. Somos sobrevivientes de algo, estamos cansadas de algo y salir a las calles es la forma en la que pedimos justicia, porque ya intentamos por todos los medios”.

Agrega que, cuando una mujer llega a una marcha, generalmente ya ha tocado todas las puertas posibles.

“Cuando una mujer llega a una marcha —y lo digo de manera personal— es porque ya fue a juzgados, a fiscalías, a la familia… y no obtuvo ninguna respuesta”, concluye.