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Después de Tapalpa. Las diez lecciones que el poder no quiere discutir

En esa cabaña no solo cayó el líder del CJNG, también quedaron expuestas muchas de las verdades incómodas que México lleva años evitando discutir con seriedad

Créditos: Cuartoscuro / Ilustrativa
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Tapalpa quedará registrado como algo más que el lugar donde terminó la historia de uno de los criminales más poderosos del continente.

En esa cabaña no solo cayó el líder del CJNG. También quedaron expuestas muchas de las verdades incómodas que México lleva años evitando discutir con seriedad.

Lo ocurrido deja varias lecciones.

Primero

La tecnología ha cambiado radicalmente las reglas del juego. El desarrollo tecnológico global, especialmente el que poseen los Estados Unidos, ha convertido a personajes que durante años parecían intocables en objetivos tácticamente vulnerables. Lo ocurrido con Nicolás Maduro en su momento y ahora con Nemesio Oseguera confirma que hoy la localización, seguimiento y neutralización de objetivos de alto valor depende cada vez más de capacidades tecnológicas sofisticadas. En muchos casos lo único que falta es la voluntad política de apretar el botón de arranque.

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Segundo

Las listas reveladas por El Universal confirman lo que durante años fue un secreto a voces. El crecimiento del CJNG no se explica únicamente por su capacidad criminal. También se explica por la existencia de una extensa red de protección institucional y política que facilitó su expansión territorial, su consolidación operativa y su enorme poder financiero.

Tercero

El Estado mexicano aparece hoy más desarticulado que nunca. La cooptación criminal, la falta de preparación de muchos gobernantes y la profunda polarización política provocan que las instituciones del Estado operen como piezas aisladas. El domingo 22, cuando la reacción violenta del crimen sacudió a dos terceras partes del país, la mayoría de los gobiernos estatales simplemente desapareció del radar público. Hubo excepciones, pero en general predominó el silencio, la confusión o la ausencia de liderazgo.

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A ello se sumó un hecho grave. La incapacidad o el temor de la Fiscalía General de la República para procesar de manera impecable la escena de la cabaña en Tapalpa terminó debilitando la cadena de custodia y con ello la fuerza probatoria de listas de pagos y otras evidencias que pudieron haber tenido consecuencias institucionales mucho más profundas.

Cuarto

Nadie es más poderoso que el Estado mexicano. Pero los costos de esa confrontación siguen siendo profundamente asimétricos. El heroísmo de los militares, guardias nacionales y policías que participaron en el operativo contrasta dolorosamente con el bajo, y en algunos casos nulo, nivel de compromiso y responsabilidad que mostraron otras instancias del gobierno federal y, sobre todo, la mayoría de los gobiernos estatales.

Quinto

La atención mediática dedicada al sepelio de Nemesio Oseguera y la protección institucional que rodeó ese momento contrastan con la escasa atención, reconocimiento y homenaje a los elementos de las fuerzas del orden que perdieron la vida en el operativo. Ese contraste revela algo inquietante.

El crimen organizado ha logrado avanzar en un proceso de socialización simbólica dentro de la sociedad mexicana. Los autores del miedo y la violencia siguen despertando una suerte de admiración silenciosa, mientras quienes arriesgan su vida para enfrentarlos terminan muchas veces condenados al olvido institucional y social.

El crimen organizado no sólo ha penetrado instituciones. También ha logrado infiltrarse en la imaginación social.

Sexto

El gobierno federal tenía una oportunidad narrativa poderosa. A pesar del alto costo humano, el resultado operativo permitía reforzar el mensaje de recuperación del Estado de derecho. Sin embargo la estrategia de comunicación fue errática. Las primeras horas estuvieron marcadas por un vacío informativo que rápidamente fue ocupado por rumores, teorías conspirativas y un clima de miedo amplificado en redes sociales.

Después la información comenzó a fluir lentamente mientras el discurso oficial intentaba diluir el momento introduciendo otros temas. La pregunta inevitable es si se trató de prudencia frente al crimen o de cálculo político para evitar cualquier parecido con la narrativa del gobierno calderonista.

Séptimo

La caída de Nemesio Oseguera no terminará con el negocio criminal. La historia lo demuestra una y otra vez. Los capos tienen fecha de caducidad. Muere un actor protagónico pero la serie continúa con otro personaje.

Por eso el verdadero desafío no es eliminar individuos sino debilitar estructuralmente a las organizaciones criminales. Eso implica atacar sus finanzas, elevar sustancialmente los costos de su operación y fortalecer con un plan estratégico de largo plazo a las instituciones locales encargadas de la seguridad.

Los capos tienen fecha de caducidad. El sistema que los produce no.

Octavo

La fortaleza potencial del Estado mexicano volvió a quedar limitada por cálculos políticos e interpretaciones ideológicas. La decisión de no procesar por terrorismo a los más de noventa detenidos por los disturbios criminales del domingo 22 y lunes 23 envía un mensaje equivocado.

El terror sembrado en carreteras, ciudades y comunidades fue real. No reconocerlo jurídicamente abarata el costo para los criminales y deja abierta la puerta para que esas escenas puedan repetirse.

Cuando el Estado actúa, el crimen pierde. Cuando el Estado duda, el crimen aprende.

Noveno

El narcotráfico es un fenómeno bilateral. El resultado del domingo 22 confirma que enfrentar organizaciones criminales de esta magnitud requiere cooperación real entre México y Estados Unidos. La fórmula es técnica pero su activación depende de acuerdos políticos al más alto nivel. Cuando ambos países coordinan capacidades los resultados aparecen.

Décimo

La sociedad mexicana vive también una profunda confusión moral. Fuimos víctimas del terror desplegado ese domingo histórico. Sin embargo una parte importante del país siguió con fascinación mediática el funeral del principal responsable de esa violencia.

Durante décadas el Cártel de Sinaloa construyó una narrativa de poder y admiración alimentada por dinero y leyendas. El CJNG optó por otra estrategia basada en el miedo como herramienta de control social. Pero ambos compartieron la misma práctica. Repartir apoyos, regalos y favores en comunidades vulnerables financiados siempre con el dolor y la sangre de otros.

Tapalpa deja muchas lecciones.

Quizá la más importante sea esta.

El principal problema de México nunca ha sido derribar a un capo poderoso.

El verdadero desafío es impedir que el siguiente llegue a existir.

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