PARTIDO MÉXICO-PORTUGAL

México vs Portugal en el Azteca: crónica de fiesta, protestas y una muerte

Miles asistieron al México vs Portugal en el Azteca entre fiesta y protestas; una caída desde palcos dejó un muerto mientras persistieron bloqueos, venta irregular y reclamos sociales en los alrededores

Crónica: así se vivió el México Portugal en el estadio Azteca
Crónica: así se vivió el México Portugal en el estadio Azteca Créditos: Erik López | LSR
Crónica: así se vivió el México Portugal en el estadio Azteca Créditos: Erik López | LSR
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La reinauguración del Estadio Azteca reunió a miles de aficionados, pero también a quienes no iban al partido.

En las inmediaciones del estadio, decenas de madres buscadoras colocaron fichas de desaparecidos sobre rejas y muros, mientras que animalistas exigían el regreso de los perros del Refugio Franciscano al albergue de Cuajimalpa y, a unos kilómetros, colectivos contra la gentrificación bloqueaban Periférico Sur con una “mega reta”.

Al mismo tiempo, entre playeras verdes, cervezas y cantos, miles de personas avanzaban por Calzada de Tlalpan hacia el estadio para presenciar el México contra Portugal.

Ambas jornadas se vivían en paralelo. Una fiesta y voces de protesta.  

Protestas que no se movieron del Azteca

Mientras algunas familias se detenían a tomarse fotos en los accesos, madres buscadoras sostenían fichas con los rostros de sus familiares y exigían su aparición con vida.

Después, las fichas adornaron las rejas y muros del coloso, que desde mediodía recibía a un mar de gente vestida de verde que observaba, con cierto desinterés, a las madres que clamaban justicia. 

Horas después, comenzó una guerra de megáfonos. De un lado, trabajadores del gobierno daban la bienvenida a los asistentes. Del otro, jóvenes respondían con consignas como “ustedes también son pueblo” y “¿qué celebra un país que siembra cuerpos?”.

Más temprano, en Periférico Sur, activistas contra la gentrificación bloquearon ambos sentidos de la vialidad y convirtieron los carriles centrales en una cancha improvisada frente a la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Durante cerca de una hora jugaron futbol mientras la circulación permanecía detenida.

En el exterior del estadio, otro grupo exigía el regreso de perros retirados del Refugio Franciscano. 

La inauguración como oportunidad económica

Alrededor del Azteca, la jornada también se convirtió en una oportunidad económica.

A pesar de los operativos, persistía la venta ambulante en distintos puntos, mientras otros comerciantes eran retirados por elementos de seguridad.

En las inmediaciones, aficionados buscaban boletos minutos antes del inicio del partido. Revendedores los ofrecían entre 8 mil y 12 mil pesos. 

Incluso los sanitarios se convirtieron en una oportunidad de ganar dinero. Y los vecinos de Santa Úrsula Coapa dejaban pasar a los aficionados, policías y manifestantes a sus baños por 10 pesos. Las filas en estos lugares eran incluso más grandes que para entrar al estadio.

Y pesar de las prohibiciones, decenas de franeleros operaban sin ocultarse en Calzada de Tlalpan. Cobraban entre 300 y 500 pesos por permitir estacionarse en calles aledañas, incluso frente a elementos de tránsito que permanecían en la zona sin impedir los cobros ni retirar a quienes apartaban lugares.

Los vehículos eran llevados a colonias cercanas mientras continuaba el flujo de personas hacia el estadio.

La inauguración oficial

Mientras todo esto sucedía. Miles de personas de todos los puntos de la ciudad tomaban camiones de RTP, Metro, Tren Ligero e incluso bicicletas para llegar al Estadio Azteca y presenciar el partido entre las selecciones de México y Portugal. 

Desde mediodía, las calles alrededor del Coloso de Santa Úrsula se convirtió en un caos. Miles de personas caminando con cervezas en mano rumbo a un partido, que terminaría sin goles. 

El alcohol hizo sus estragos y un par de horas antes del inicio del partido, un aficionado cayó desde uno de los palcos del estadio y murió instantáneamente. 

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Así se vivió el México Portugal en el estadio Azteca: Erik López | LSR

Aunque la noticia corrió rápidamente por las redes sociales, en las inmediaciones del estadio nadie pareció enterarse y los asistentes con boleto, continuaban cantando, tomándose fotos y esperando el inicio del partido, mientras que las personas que no tenían boleto, buscaban desesperadamente a revendedores que, en esta ocasión, nunca aparecieron. 

Y los que aparecían espantaban a los interesados con precios que superaban el salario mínimo de un trabajador en México. 

Al iniciar el partido, los fuegos artificiales hicieron que todos: aficionados, manifestantes, policías y curiosos voltearan por unos minutos a ver el Coloso, que en las próximas semanas albergará la inauguración del Mundial de Futbol.

Captura de pantalla | Especial

VGB