CAÍDA DE “EL MENCHO”

Tapalpa quedó marcada por el fuego donde cayó "El Mencho"

En Tapalpa, Jalisco, suelen rentar cabañas a pesar del frío y lo remoto que puede volverse un problema si no se traen provisiones, pero hoy ese pueblo mágico es otro

Créditos: Antonio Nieto
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Créditos: Cuartoscuro / Ilustrativa
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Tapalpa, Jalisco. A Tapalpa le amaneció distinto. Este pueblo no pidió protagonismo, pero le tocó cargar con el cadáver más pesado.

Como jalisciense, sé perfectamente que Tapalpa es un centro turístico muy socorrido para todos los que viven en el estado.

La clase media suele rentar cabañas, pasar aquí los días de asueto y “puentes”, a pesar del frío y lo remoto que puede volverse un problema si no se traen provisiones.

Pero hoy Tapalpa es otro.

Su historia cambió, bajo el estruendo de balazos y muerte.

Para desgracia de los oriundos de Tapalpa, este pueblo mágico está en boca de todos porque aquí fue abatido el llamado “Señor de los gallos”.

A dos días del operativo contra uno de los narcos más poderosos del mundo, Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, amo y señor del cártel Jalisco Nueva Generación, el rostro de Tapalpa está marcado por el fuego.

La maleza que se multiplica en torno al Country Club está chamuscada, lo mismo que el asfalto, los botes de basura y una tienda de conveniencia de la que no quedó sino un manojo de fierros incinerados.

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Por la carretera quedó un reguero de esqueletos de camionetas y coches, todos achicharrados.

Podría decirse que esto parece irreal, pero es tan real que se mira y huele a muerte.

Decenas de hombres al servicio del “Mencho” fueron exterminados aquí.

Un helicóptero del Ejército casi fue derribado y todavía por la mañana seguía alzándose una columna de humo por el pasto que aún ardía.

El día decisivo

La mañana del operativo, la autoridad municipal le hizo saber a la comunidad que había un operativo y que era mejor no salir de casa.

El tapalpense, sin embargo, es recio.

Don Abelardo oyó el llamado del Municipio, pero aún así, a las siete de la mañana se vistió, tomó una taza de café y salió a trabajar.

“Temprano, el municipio avisó que estaba un operativo y nosotros tenemos trabajo aquí (en el Country Club) pero los soldados no nos dejaron pasar”.

“Ya al escuchar las detonaciones y el enfrentamiento, lo que hace uno es estar seguro en sus hogares”, expresó.

Don Abelardo es jardinero y debía podar el jardín de una de las cabañas del Country Club, muy cerca de donde se escondían “El Mencho” y sus sicarios.

Para él, el ir y venir de camionetas grandes, con muchachos encapuchados, era normal.

A veces lo saludaban y él, cabizbajo, esbozaba un saludo con la mano.

Otras ocasiones solo le pasaban por un lado a toda velocidad.

El temor impone silencio

Según el secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, la pareja sentimental del “Señor de los gallos” lo fue a visitar desde el 20 de febrero.

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Cuando, al otro día, la mujer se fue del lugar, los militares sabían perfectamente que qué cabaña se ocultaba el capo.

“Pues se veían muchas mujeres, no del pueblo, de la ciudad, las traían y ya luego las regresaban”, recordó Manuel, un electricista del pueblo.

Por eso, según Trevilla Trejo, fue ubicado el narco más buscado del mundo.

Aunque de esa clase de cosas no se hablan en el pueblo. 

“Y así está todo el estado”, añadió Manuel, antes de despedirse con un “ándele pues” y arrastrar los pies por la carretera hacia una toma de agua, con un balde vacío en la mano.

Desde hace unos años, Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, estaba enfermo, ya no era el mismo.

Tomaba muchas medicinas para insuficiencia renal y dormía muy poco, según las investigaciones de la Fiscalía General de la República.

Le gustaba la cabaña del Country Club donde pasó sus últimos días porque se veía puro monte.

Antonio Nieto

“El Mencho” dormía, desde el 14 de febrero, en esta cabaña que cuesta 7 mil pesos diarios, más las otras dos de su gente.

Se dializaba, con costo aproximado de 80 mil pesos al mes.

En su última morada había relojes, ropa de marca, centenarios, millones en efectivo.

Antonio Nieto

Una hondonada conducía al bosque y ahí quizá se sintiera seguro en caso de un operativo, pero allí mismo murió, entre la espesa maleza, los pinos y los cedros llenos de musgo.

Su cabaña tenía víveres suficientes como para quedarse semanas, pero los militares lo sorprendieron.

Mientras sus sicarios enfrentaban al Ejército, dos de sus escoltas lo llevaron a pie hacia el bosque. Se dispararon granadas y bala que trozaron los encinos y los robles.

“El Mencho” y sus escoltas fueron alcanzados por las balas y el corrido del "Señor de los gallos” terminó lejos de los palenques.
Una hondonada conducía al bosque y ahí quizá se sintiera seguro en caso de un operativo, pero allí mismo murió, entre la espesa maleza, los pinos y los cedros llenos de musgo.

Aquí en Tapalpa se dice que la cosa se olvidará pronto.

La gente trabaja con las manos y usa la boca solo para comer, pero estos días no les quedó otra sino correr la voz, de que el señor que traía mujeres a sus cabañas era el “Mencho”, que le tocó morir aquí y que ya nada será igual.

Su gente seguirá saliendo muy temprano a trabajar, pero ahora lo hará sobre las cenizas.

Al menos por un tiempo.

En lo que el pueblo se sacude las cenizas y vuelve a su normalidad.

djh

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