La figura de René Higuita, el portero que revolucionó el arco y desafió la gravedad con su icónico "escorpión" en Wembley, Inglaterra, volvió a estar en el centro de una tormenta que mezcla el futbol, la justicia y las cicatrices del narcotráfico en Colombia.
Treinta y cuatro años después de haber adquirido una propiedad en el exclusivo sector de El Poblado, en Medellín, un fallo judicial de extinción de dominio amenaza con arrebatarle lo que él define como el núcleo de su patrimonio.
La casa de las sombras
La historia de este inmueble de 1,253 metros cuadrados comenzó para Higuita en 1992. Según el exarquero, la compra fue un acto de buena fe, una permuta en la que entregó sus ahorros y dos apartamentos, uno de ellos recibido como premio al mejor jugador del año. Sin embargo, la Fiscalía colombiana sostiene una tesis distinta tras doce años de investigación: la vivienda fue adquirida originalmente con recursos ilícitos del cártel de Medellín.
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El expediente judicial vincula la propiedad con prestanombres de los hermanos William y Gerardo Moncada, socios de Pablo Escobar, quienes fueron asesinados en 1992 por orden del propio capo.
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Higuita ahora se defiende argumentando que en los años noventa no existía la tecnología actual para verificar antecedentes con un clic y que el certificado de tradición del inmueble no mostraba irregularidades al momento del negocio.
El mediador que terminó tras las rejas
Esta disputa por su hogar evoca irremediablemente el episodio más turbulento en la vida del "Loco" Higuita: su encarcelamiento en 1993. El 5 de junio de aquel año, mientras era la máxima figura del arco nacional, Higuita fue capturado bajo cargos de participar en el secuestro y posterior liberación de la hija de Luis Carlos Molina Yepes, un banquero señalado como lavador de dinero del cártel de Medellín.
Higuita siempre sostuvo que actuó como un mediador por "buena voluntad" para salvar a la menor de 15 años. No obstante, la justicia determinó que su intervención y el recibimiento de un pago de 50,000 dólares por su gestión violaban la Ley Antisecuestro de la época. Aquella decisión le costó nueve meses en la cárcel La Modelo de Bogotá.
El Mundial que el futbol le debió
El costo deportivo fue devastador. Debido a su situación jurídica, Higuita, el portero titular indiscutible, no pudo asistir al Mundial de Estados Unidos 1994. Mientras él permanecía en una celda, la selección de Colombia vivía su momento de mayor gloria y posterior tragedia. Curiosamente, fue en prisión donde escuchó el eco del histórico 5-0 ante Argentina; cuenta el guardameta que, tras la goleada, los demás reclusos comenzaron a gritar: "¡Libertad, René, libertad!", inspirados por un mensaje que Leonel Álvarez inició desde el camerino en Buenos Aires.
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Un futuro en apelación
Hoy, René Higuita asegura ser una "víctima de las circunstancias" y un "chivo expiatorio" de un pasado que se niega a soltarlo.
Aunque el fallo judicial reconoce su condición de tercero de buena fe, la orden de embargo sobre la casa se mantiene. El exarquero anunció que apelará la decisión, aferrándose a los recursos legales para evitar empezar de cero, una vez más, fuera de los estadios.
Por ahora, podrá conservar la propiedad hasta que se resuelva la instancia final de este largo proceso que une su nombre, nuevamente, a los expedientes judiciales del país.
