INCENDIOS FORESTALES

Cercanías a Madrid percibieron el “olor al infierno”

Los incendios forestales cerca de la capital de España puso en jaque a animales del safari; las "tormentas de fuego" agravan el incendio de Francia

Créditos: EFE
Por
Escrito en MUNDO el

"Cuando ves el fuego tan de cerca, huele a infierno". Jennifer Cabrera, veterinaria de Safari Madrid, no encuentra otra forma de describir las horas en las que las llamas del gran incendio que asola el centro de España avanzaron hasta quedarse a apenas 300 metros del parque, mientras ella y una decena de compañeros luchaban contrarreloj para proteger a cientos de animales que no podían escapar.

Durante casi dos días nadie pensó en dormir. Tampoco en comer. Veterinarios, cuidadores y trabajadores pasaron cerca de 40 horas en vela, regando instalaciones, vigilando el avance del incendio y aferrándose a un cambio de viento que terminó evitando que el fuego devorara el recinto.

Todo comenzó el jueves pasado por la tarde. Aunque el incendio declarado el día anterior en el municipio madrileño de Villa del Prado parecía controlado, el director del parque decidió desalojar a los visitantes antes incluso de que llegara la orden oficial. "No le gustaba cómo pintaba", recuerda Jennifer a EFE. Dos horas después sonó la alerta de evacuación.

Los trabajadores apenas tuvieron tiempo de asegurar a todos los animales en sus recintos interiores, desplegar motobombas, extender mangueras y empapar con agua las instalaciones. Sabían que, si el fuego llegaba, no habría margen para improvisar.

Mover a los animales ni siquiera era una opción. "No puedo trasladar cuatro elefantes, cinco rinocerontes o cuatro jirafas en cuestión de horas. Solo preparar una anestesia para algunos de ellos puede llevar diez horas", explica la veterinaria.

Cuando las llamas comenzaron a acercarse por la ladera de la finca contigua, los bomberos instalaron una decena de camiones junto a las instalaciones de babuinos y rinocerontes. El Safari podía convertirse en un dique de contención para impedir que el incendio alcanzara el camping, una residencia de ancianos cercana y el casco urbano de Aldea del Fresno, donde viven más de 3,000 personas.

Pero lo más difícil fue convencer a los propios trabajadores para que abandonaran el recinto: "intentaban echarnos y ninguno se quería mover. Todos estábamos a una", recuerda Jennifer.

Solo cuando los bomberos les advirtieron de que quedarse suponía un riesgo inasumible, la mayoría accedió a salir. Dentro permanecieron únicamente el director, los veterinarios y dos cuidadores especializados en el manejo de las bombas de agua.

Librarse de milagro de las llamas

La peor noche llegó ese mismo jueves hacia las diez. El viento soplaba con fuerza y el incendio avanzaba a gran velocidad y sin detenerse. A apenas 300 metros del parque, cada minuto parecía definitivo.

"Todos estábamos llorando y cruzando los dedos", recuerda Cabrera con lágrimas en los ojos.

Entonces ocurrió lo inesperado. El viento cambió de dirección y empujó las llamas hacia una ladera contigua. El Safari se salvó por unos metros.

Cuando el frente terminó de sobrepasar las instalaciones sin alcanzarlas, los trabajadores se sentaron por primera vez en casi dos días para compartir un sándwich y respirar aliviados.

La tregua apenas duró unos minutos. Una llamada les avisó de que el incendio avanzaba ahora hacia Kuna Ibérica, un centro de fauna salvaje en Navas del Rey. Veterinarios y especialistas salieron inmediatamente para intentar rescatar a los animales más vulnerables de este otro espacio.

Comenzaron a anestesiar lobos, linces y buitres negros, algunos de ellos ejemplares de enorme valor para la conservación y en peligro de extinción. Pero el fuego volvió a imponerse.

"Yo le gritaba a un compañero: 'Vámonos, que nos quemamos'. Ese fue el peor momento, porque sabías que, si te ibas, los animales se quedaban allí y, si no te ibas, morías quemada", cuenta desesperada Jennifer.

Alivio y orgullo

Mientras tanto, en Safari Madrid, quienes habían sido desalojados seguían la evolución del incendio con el corazón encogido.

Tamara, auxiliar de veterinaria, todavía recuerda la imagen de las llamas acercándose desde la finca contigua. "Lo vimos muy cerca. Teníamos mucho miedo y mucha incertidumbre", admite.

Salvo las jirafas, que permanecieron dos días sin querer comer después de pasar más tiempo del habitual en sus recintos interiores, el resto de los animales apenas mostró signos de estrés.

Ahora la rutina consiste en alimentar a los animales y recorrer la ladera próxima para apagar las brasas que siguen escondidas entre encinas centenarias.

"Ayer apagamos cuatro o cinco. Los días anteriores encontrábamos una cada cuarenta metros. Si vuelve a levantarse el viento, puede empezar otro incendio", advierte Jennifer.

Los trabajadores del Safari hablan de alivio, pero también de orgullo. Orgullo por unos cuidadores que se negaron a abandonar a los animales hasta el último momento, y por unos bomberos y agentes forestales que evitaron que las llamas cruzaran una frontera de apenas unos cientos de metros que habría cambiado por completo el desenlace de esta historia.

España ve la luz al final del túnel

Se empieza a vislumbrar "la luz al final del túnel", aseguró este martes en una rueda de prensa el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, aunque advirtió de que las próximas horas y días serán "especialmente complejas" ante la ola de calor que se podrá extender hasta la próxima semana.

Focos tan críticos como los declarados en Madrid (con unas 28,000 hectáreas quemadas), Ávila (el incendio más grande de la historia reciente, con 50,000 hectáreas arrasadas), Toledo (2,000 hectáreas) y Castellón (unas 8.500 hectáreas) han contenido su avance tras jornadas de máxima tensión.

En lo que va de año, la superficie quemada en España asciende ya a 173,651.46 hectáreas, casi seis veces más que en el mismo periodo de 2025 (29,817 hectáreas), según datos del gobierno. Además, ha habido 35 grandes incendios forestales, frente a los 7 identificados durante el mismo tramo en 2025.

Francia: Un incendio a las puertas de Burdeos

En Francia, la situación continúa siendo crítica debido a un megaincendio desatado en la región de la Gironda, que se originó el miércoles pasado en la zona de la turística bahía de Arcachón, que ha arrasado ya 42,000 hectáreas y se sitúa ya a escasos quince kilómetros de la ciudad de Burdeos.

Los equipos antiincendios han logrado estabilizarlo de manera que la superficie calcinada se mantiene en 42,000 hectáreas, aunque eso no implica que no progrese, según explicó en una comparecencia de prensa la prefecta (delegada del Gobierno) de la Gironda, Sophie Brocas, ya que durante la jornada hubo que combatir 14 reavivamientos en zonas ya recorridas por el fuego.

Evacuaciones preventivas en Grecia

El escenario de emergencia forestal se extiende a otros puntos del sur de Europa. En Grecia, un incendio declarado en la isla de Paros, en el archipiélago de las Cícladas, obligó a las autoridades a dictar la evacuación preventiva de cuatro zonas del suroeste del turístico territorio insular.

El fuego, originado este martes cerca de un vertedero central y atizado por fuertes vientos y temperaturas superiores a los 35 grados, avanza sobre vegetación baja en una isla abarrotada por decenas de miles de turistas.