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Evangelicalismo en EU: de la fe nacional a la alianza con Trump

El evangelicalismo en EU pasó de impulsar una identidad religiosa común a convertirse en una fuerza política; un estudio del Public Religion Research Institute (PRRI) señala que tres de cada diez estadounidenses simpatizan con el nacionalismo cristiano

Evangelicalismo en EU: de la fe nacional a la alianza con Trump
Evangelicalismo en EU: de la fe nacional a la alianza con TrumpCréditos: Especial | LSR
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En la década de 1730, un grupo de creyentes se reunió en una colonia británica de Norteamérica para escuchar a un predicador. Aquellas reuniones, marcadas por llamados a la conversión y a una experiencia personal de salvación, comenzaron a conectar a comunidades separadas por cientos de kilómetros y ayudaron a formar una identidad común en un territorio que todavía no se llamaba Estados Unidos.

Jonathan Edwards y George Whitefield fueron las figuras centrales de aquel movimiento, conocido como el Primer Gran Despertar. Entre 1730 y 1740, sus prédicas reunieron a miles de personas alrededor de una idea compartida: la relación con Dios dependía de una experiencia personal de fe y de la autoridad de la Biblia. Ese proceso es descrito como “el verdadero comienzo de la identidad de Estados Unidos como nación” en el artículo "The primary role of the first great awakening (american revivalism) in the shaping of american identity.

La idea de un destino nacional ligado a la religión también tomó forma en esos años. El concepto puritano de una “Ciudad sobre una colina” planteó que la prosperidad del país dependía de la fidelidad a la palabra de Dios. Esa relación entre fe, identidad y destino colectivo acompañó a Estados Unidos durante los siglos siguientes, aunque el movimiento evangélico cambió de composición y enfrentó divisiones profundas.

Durante el Segundo Gran Despertar, entre 1790 y 1840, los evangélicos ocuparon espacios centrales en la vida social estadounidense. En el norte participaron en campañas de reforma contra el alcohol y la esclavitud, mientras que en el sur distintas denominaciones defendieron el sistema esclavista. La disputa provocó fracturas religiosas que persistieron mucho después de la Guerra Civil.

De la división religiosa a la política

A finales del siglo XIX ganó espacio el dispensacionalismo, una corriente teológica que interpreta la historia a través de distintas etapas de la relación de Dios con la humanidad. Su visión, basada en una lectura literal de las Escrituras, anticipa el retorno de Cristo y el “arrebatamiento” de los creyentes antes del fin de los tiempos.

Esta interpretación también presenta el mundo como un escenario de conflicto entre Dios y el Demonio, destinado a la destrucción. Por eso, en algunos sectores, la urgencia por la salvación individual desplazó el interés por las reformas sociales colectivas. La corriente se conoció también como la “teología del bote salvavidas”, una imagen que resumía la idea de rescatar almas individuales en un mundo condenado.

La relación con la sociedad cambió nuevamente durante el siglo XX. La disputa entre fundamentalistas y modernistas llevó a una parte del movimiento hacia el aislamiento después del juicio de Scopes, en 1925. Tras la Segunda Guerra Mundial, figuras como Billy Graham impulsaron un evangelicalismo con mayor presencia pública y una relación más abierta con la cultura contemporánea.

El salto hacia la política ocurrió con fuerza en las décadas de 1970 y 1980. Jerry Falwell dejó atrás la idea de que los predicadores debían mantenerse al margen de la política y fundó la Mayoría Moral. “Los predicadores no tienen por qué meterse en política, pero yo he cambiado de opinión”, declaró en textos recogidos por la revista Letras Libres.

La movilización no comenzó únicamente con el aborto. En un artículo publicado en Nexos, el periodista Diego Fonseca señaló que uno de los primeros conflictos se relacionó con la amenaza de retirar exenciones fiscales a colegios privados blancos del sur. “La cuestión que unió a los cristianos y al Partido Republicano no fue el aborto... sino el dinero”, afirmó. El aborto llegaría después como el argumento moral que consolidó la base.

La red de iglesias ofreció algo que ningún otro movimiento político podía igualar: una estructura territorial con contacto directo y constante con los votantes. Fonseca la describió como una red capaz de llegar al ciudadano una vez por semana con propaganda controlada y sin costos. La alianza con el Partido Republicano se consolidó durante la era de Ronald Reagan y transformó la identidad pública del movimiento.

Trump y la “devoción transaccional”

Décadas después, Donald Trump encontró en esa estructura una base electoral organizada. En 2016, el republicano recibió 81% del voto evangélico blanco, una proporción que superó incluso los registros de la era Reagan, según datos de encuestas citados por Univision.

La relación planteó una contradicción entre el discurso moral de sectores evangélicos y la trayectoria personal de Trump. El historiador John Fea vinculó el apoyo con tres factores: miedo, poder y nostalgia por una grandeza blanca. El periodista Joshua Green describió la alianza como una “devoción transaccional perfectamente calibrada”.

El intercambio produjo resultados concretos. Trump nombró a Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett en la Corte Suprema, y la mayoría conservadora anuló en 2022 el precedente de Roe v. Wade. La decisión representó una meta central para el movimiento contra el aborto y compensó, para sus dirigentes, las diferencias con el candidato.

Mike Pence también ocupó un lugar central en esa relación. Su identidad evangélica funcionó como un puente entre la Casa Blanca y sectores religiosos que buscaban una representación directa de sus valores dentro del gobierno.

La alianza mostró así su lógica central: los sectores evangélicos ofrecieron organización, movilización y votos, mientras Trump entregó decisiones políticas y judiciales alineadas con algunas de sus principales prioridades.

Nacionalismo cristiano y nuevas iglesias

El nacionalismo cristiano sumó otra dimensión a la alianza. Esta corriente sostiene que Estados Unidos fue fundado como una nación cristiana y debe ser gobernado de acuerdo con principios bíblicos.

Un estudio del Public Religion Research Institute (PRRI), realizado entre más de 22 mil adultos, indicó que tres de cada diez estadounidenses se identifican como adherentes o simpatizantes de esa ideología. La presencia es especialmente fuerte en estados del sur como Mississippi y Luisiana, donde cerca de la mitad de la población simpatiza con esas ideas.

Al mismo tiempo, el mapa religioso tradicional cambia. Los cristianos no denominacionales, conocidos como “nons”, crecen fuera de las estructuras tradicionales. “Ellos no piensan que ‘no denominacional’ sea una identidad; son más propensos a decir ‘soy solamente cristiano’”, señala un estudio de Bite Project sobre la composición del protestantismo actual.

La transformación ocurre mientras las grandes denominaciones pierden miembros. La Convención Bautista del Sur registró su nivel de membresía más bajo desde 1973, con 12.3 millones de integrantes. El politólogo Ryan Burge describió el proceso como un “problema de baby boomers” y advirtió sobre un “precipicio demográfico”.

Foto de wisconsinpictures en Unsplash

Contexto: el voto latino y la fractura generacional

La transformación también alcanza a la comunidad hispana. El Pew Research Center registró una caída de la identificación católica entre los latinos, de 67% en 2010 a 43% en 2022. Las iglesias evangélicas ganaron espacio al ofrecer, según la periodista Elizabeth Dias, un “espacio acogedor” y redes de asistencia comunitaria.

El cambio religioso también se relaciona con la política. Datos del Latino Observatory indican que 50% de los latinos evangélicos se identifica como republicano, frente a 21% de los latinos católicos. El grupo ocupa así un lugar relevante en la evolución del conservadurismo estadounidense.

El apoyo a Israel forma otro eje de la alianza entre sectores evangélicos y Trump. El dispensacionalismo relaciona al Estado de Israel con interpretaciones proféticas y convierte su respaldo en una prioridad para parte del movimiento. Para esos sectores, el país ocupa un lugar dentro de una lectura bíblica de la historia y del futuro.

Pero esa posición cambia entre generaciones. Entre los evangélicos menores de 30 años, el apoyo a Israel cayó de 68.9% en 2018 a 33.6% en 2021, mientras la simpatía por los palestinos subió a 24.3%. Un desglose de datos de 2025 citado por Baptist Press indicó que 29% de los evangélicos menores de 35 años mantiene la creencia de que los judíos son el “pueblo elegido” de Dios.

La historia que comenzó con reuniones religiosas en las colonias británicas llegó así a las campañas electorales, la Corte Suprema y la política exterior. El evangelicalismo estadounidense pasó de impulsar una identidad religiosa común a convertirse en una fuerza con capacidad de organización política.

La alianza con Trump representa su etapa más visible, pero el movimiento también cambia desde dentro. Las diferencias por edad, origen, denominación y visión del mundo anticipan nuevas disputas por la dirección de una fuerza que durante siglos pasó de los púlpitos a las urnas y de las iglesias al centro del poder estadounidense.

VGB