El acuerdo nuclear firmado por Estados Unidos y Arabia Saudita enfrenta advertencias en el Congreso estadounidense por el riesgo de que abra la puerta a una carrera armamentista en Medio Oriente. Legisladores demócratas y republicanos cuestionan que el pacto permita estudiar la posibilidad de que Riad enriquezca uranio en su propio territorio, una capacidad que puede tener usos civiles, pero que también puede acercar a un país a la fabricación de armas nucleares.
La preocupación no se limita a Arabia Saudita. De acuerdo con un reporte de Politico, legisladores y especialistas consideran que el acuerdo puede llevar a otros países de la región a exigir condiciones similares. Turquía, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Omán aparecen entre los países que podrían buscar acceso a capacidades de enriquecimiento o reprocesamiento si Washington establece un nuevo precedente con Riad.
El acuerdo no autoriza de manera inmediata a Arabia Saudita a enriquecer uranio. Estados Unidos y Riad estudiarán de forma conjunta la viabilidad de esa posibilidad y, según personas familiarizadas con el pacto citadas por Politico, cualquier eventual proceso operaría bajo un sistema destinado a limitar la transferencia de tecnología nuclear sensible. El desarrollo de esa capacidad, además, podría tomar al menos una década.
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El pacto también puede complicar la estrategia de EU frente a Irán
El debate ocurre mientras Estados Unidos mantiene un conflicto militar con Irán y busca impedir que Teherán conserve o amplíe su capacidad para enriquecer uranio. Por ello, algunos legisladores consideran que permitir una posibilidad similar a Arabia Saudita puede debilitar la posición de Washington en las negociaciones con el gobierno iraní.
El senador demócrata Chris Murphy, integrante del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, sostuvo que cualquier decisión sobre la cooperación nuclear con Riad puede tener consecuencias directas en Teherán. El republicano John Barrasso también expresó preocupación por el posible impacto del acuerdo en los esfuerzos estadounidenses para convencer a Irán de aceptar límites más estrictos a su programa de enriquecimiento.
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Otro punto de preocupación es la supervisión internacional. Arabia Saudita no ha aceptado el llamado Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica, que permite a los inspectores acceder a más información y lugares para detectar posibles actividades nucleares no declaradas. Los críticos comparan esta posición con el acuerdo de 2009 entre Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos, bajo el cual Abu Dabi renunció al enriquecimiento de uranio y al reprocesamiento de plutonio en su territorio.
La administración de Donald Trump rechaza que el acuerdo represente un riesgo de proliferación nuclear. El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que Estados Unidos no firmará convenios que impliquen ese peligro, mientras que el secretario de Energía, Chris Wright, sostuvo que el pacto cumple con los estándares de seguridad y no proliferación establecidos por Washington.
EU acuerda con Arabia Saudita plan de desarrollo nuclear
En medio de la guerra contra Irán, cuyo programa nuclear ha sido uno de los principales argumentos de Washington para justificar la presión militar contra Teherán, Estados Unidos firmó este miércoles un acuerdo con Arabia Saudita para impulsar el desarrollo de un programa nuclear civil en el reino.
El pacto, cuyo texto íntegro no fue hecho público, ha abierto un nuevo debate sobre la política de no proliferación de Washington. Reportes de medios estadounidenses, entre ellos The New York Times, señalan que el acuerdo podría abrirle a Riad la puerta al enriquecimiento de uranio, una capacidad que Estados Unidos ha intentado impedir que Irán desarrolle.
La contradicción resulta especialmente evidente en el actual contexto regional: mientras Washington libra una guerra contra Teherán y sostiene que el programa nuclear iraní representa una amenaza para la seguridad de Medio Oriente, acaba de cerrar un acuerdo de cooperación nuclear con Arabia Saudita, uno de los principales rivales regionales de Irán.
El documento, conocido como “Acuerdo 123”, fue firmado por el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, y su homólogo saudita, Abdulaziz bin Salman, de acuerdo con el gobierno estadounidense. El pacto aún debe ser ratificado por el Congreso de Estados Unidos.
Aunque Washington aseguró que el acuerdo se limita a fines pacíficos y cumple con los estándares de seguridad y no proliferación, la falta de transparencia sobre su contenido alimenta las dudas sobre los alcances reales del pacto.
“Pueden tener la certeza de que estos acuerdos cumplen con los más altos estándares de seguridad y no proliferación nuclear”, afirmó Wright, quien defendió el acceso de empresas estadounidenses al futuro sector de energía nuclear saudita.
Sin embargo, medios como The New York Times reportaron que el acuerdo podría ir más allá de los convenios nucleares tradicionales que Estados Unidos ha firmado con otros aliados, como Emiratos Árabes Unidos, y permitir eventualmente que Arabia Saudita desarrolle capacidades de enriquecimiento de uranio.
Ese punto es central. El enriquecimiento de uranio puede utilizarse con fines civiles, como la producción de combustible para reactores nucleares, pero también puede avanzar hacia niveles necesarios para fabricar armas nucleares. Por ello, la posibilidad de que Riad obtenga esa capacidad genera preocupación en un momento en que la región atraviesa su peor escalada militar en décadas.
La contradicción con Irán
El programa nuclear iraní ha sido uno de los detonantes centrales de la actual guerra en Medio Oriente. Estados Unidos e Israel han acusado durante años a Teherán de avanzar hacia una capacidad que podría permitirle fabricar armas nucleares, aunque el gobierno iraní ha negado que busque desarrollar una bomba atómica.
La disputa se intensificó después del colapso del acuerdo nuclear de 2015, conocido como JCPOA. En 2018, durante el primer mandato de Donald Trump, Estados Unidos abandonó unilateralmente el pacto y restableció las sanciones contra Irán.
A partir de entonces, Teherán comenzó a superar gradualmente los límites establecidos por el acuerdo, incluido el nivel de enriquecimiento de uranio. La crisis terminó por convertirse en una confrontación militar abierta en 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña de ataques contra objetivos iraníes.
Washington sostiene que impedir que Irán desarrolle una capacidad nuclear militar es una prioridad de seguridad nacional. Sus argumentos incluyen la amenaza que Teherán representa para Israel, el riesgo de una carrera armamentista regional y los vínculos del régimen iraní con grupos armados aliados en Medio Oriente.
Pero ahora, mientras Estados Unidos combate militarmente a Irán por el riesgo asociado con su programa nuclear, la administración Trump impulsa una cooperación nuclear más estrecha con Arabia Saudita.
El punto no es que ambos países tengan necesariamente el mismo programa ni que el acuerdo con Riad confirme que Arabia Saudita podrá fabricar armas nucleares. El problema es que Washington parece aplicar criterios distintos a dos rivales regionales.
La pregunta es si el enriquecimiento de uranio representa un riesgo inaceptable cuando lo desarrolla Irán, pero puede ser considerado aceptable cuando se trata de un aliado estratégico de Estados Unidos.
Arabia Saudita y la carrera nuclear regional
Arabia Saudita es uno de los principales rivales de Irán en Medio Oriente. Durante décadas, ambos países han competido por influencia política, militar y económica en la región.
La guerra actual ha profundizado esa rivalidad. Irán ha atacado objetivos vinculados con Estados Unidos y sus aliados regionales, mientras que Arabia Saudita se ha visto afectada por la escalada militar y por las amenazas contra las rutas energéticas y comerciales.
El Estrecho de Ormuz, por donde circula una parte significativa del petróleo mundial, se encuentra en el centro de las tensiones. Cualquier escalada en esa zona puede impactar directamente los mercados energéticos y la economía global.
En este contexto, la posibilidad de que Arabia Saudita desarrolle capacidades avanzadas de enriquecimiento nuclear podría acelerar una carrera tecnológica en Medio Oriente.
Riad ha dejado claro en el pasado que no quiere quedarse atrás frente a Irán. La lógica regional es sencilla: si Teherán obtiene una capacidad nuclear avanzada, Arabia Saudita no quiere depender exclusivamente de las garantías de seguridad de Estados Unidos.
La firma del acuerdo, por tanto, podría tener consecuencias que van más allá de la producción de energía. Si permite a Riad avanzar hacia el enriquecimiento de uranio, otros países de la región podrían considerar necesario desarrollar capacidades similares.
El factor Trump y Arabia Saudita
El acuerdo también profundiza el acercamiento entre Donald Trump y la monarquía saudita.
Desde su regreso a la Casa Blanca en 2025, Trump ha impulsado una relación estrecha con el príncipe heredero Mohamed bin Salman, pese a las acusaciones de la inteligencia estadounidense sobre su presunta responsabilidad en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018.
Arabia Saudita es uno de los principales aliados estratégicos de Washington en Medio Oriente y un actor clave para la estabilidad de los mercados energéticos.
La cooperación nuclear también representa una oportunidad económica para Estados Unidos. El acuerdo dará a empresas estadounidenses acceso preferente al desarrollo de la energía nuclear saudita, un sector que podría recibir inversiones multimillonarias durante las próximas décadas.
Para la administración Trump, el pacto combina objetivos estratégicos y económicos: fortalecer a un aliado frente a Irán, ampliar la influencia estadounidense en la región y garantizar oportunidades para la industria nuclear de Estados Unidos.
Pero sus críticos advierten que los beneficios geopolíticos y comerciales no deberían estar por encima de los estándares de no proliferación que Washington ha utilizado para presionar a sus adversarios.
Un acuerdo bajo sospecha
Desde que se conocieron los primeros detalles del pacto, legisladores demócratas han expresado su rechazo y han pedido al Congreso bloquearlo.
La preocupación principal es que Estados Unidos esté otorgando a Arabia Saudita un margen de maniobra nuclear mayor al que ha concedido a otros aliados.
El acuerdo aún debe pasar por el Congreso, donde los republicanos tienen mayoría en ambas cámaras. Sin embargo, la controversia podría aumentar si se confirma que el pacto permite a Riad enriquecer uranio sin las mismas restricciones que Washington ha exigido a otros países.
Por ahora, el gobierno estadounidense insiste en que se trata de un programa con fines pacíficos y sujeto a los estándares internacionales de seguridad.
Pero la falta de transparencia sobre el texto completo impide conocer con precisión cuáles son los límites impuestos a Arabia Saudita y qué compromisos concretos asumió Washington.
Y ahí está la contradicción que el acuerdo vuelve inevitable: mientras Estados Unidos presenta el programa nuclear iraní como una amenaza que justifica sanciones, ataques militares y una guerra abierta, negocia con Arabia Saudita un acuerdo nuclear cuyos alcances todavía no se conocen por completo y que, según reportes, podría permitirle desarrollar precisamente una de las capacidades más sensibles del ciclo nuclear.
En una región que ya se encuentra al borde de una nueva carrera armamentista, la pregunta no es solamente qué podrá hacer Arabia Saudita con este acuerdo. También es por qué las reglas que Estados Unidos considera peligrosas para Irán podrían ser aceptables cuando se trata de uno de sus aliados.
La guerra sigue abierta
La contradicción ocurre mientras el conflicto entre Estados Unidos e Irán continúa activo. Donald Trump afirmó este miércoles que Teherán todavía no está listo para alcanzar un acuerdo nuclear, bajo el argumento de que la República Islámica suele retractarse o intentar modificar los pactos una vez alcanzados.
El presidente estadounidense también aseguró que Irán pagará “con creces” por la muerte de militares estadounidenses en ataques recientes. Cuatro soldados fueron repatriados este miércoles y, de acuerdo con Washington, el número de militares estadounidenses muertos desde el inicio de la ofensiva contra Irán asciende a 18.
La tregua que Washington y Teherán habían acordado previamente se rompió y ambos países volvieron a intercambiar ataques. Estados Unidos mantiene una campaña militar contra objetivos iraníes y el Comando Central estadounidense informó que las operaciones aéreas contra instalaciones militares de Irán continuaban por duodécima noche consecutiva.
El conflicto también mantiene bajo presión al Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo. Estados Unidos asegura que sus fuerzas han ayudado a más de 900 buques comerciales a cruzar la vía marítima desde mayo, mientras acusa a Irán de amenazar el tránsito internacional.
En otras palabras, Washington continúa justificando su presión militar contra Teherán por la amenaza que representa su programa nuclear y por la seguridad regional, mientras negocia con Arabia Saudita un acuerdo nuclear cuyos alcances completos todavía no se conocen y que, según reportes, podría permitirle desarrollar capacidades de enriquecimiento de uranio.
VGB
