Corea del Norte ha suprimido de su Constitución toda referencia a la unificación con Corea del Sur, en un movimiento que confirma el endurecimiento de su política hacia Seúl. La decisión, anunciada a través de información difundida por el Ministerio de Unificación de Corea del Sur, marca un punto de inflexión en las relaciones intercoreanas y redefine el marco legal del régimen de Pyongyang.
Cabe recordar que, durante décadas, la Carta Magna norcoreana incluyó como objetivo “lograr la unificación de la patria”. Sin embargo, esa cláusula ha desaparecido en la versión más reciente del texto constitucional.
La eliminación de este principio refleja un cambio estructural en la narrativa oficial de Pyongyang, que pasa de una retórica de reunificación, aunque simbólica, a una postura abiertamente confrontativa.
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Este giro se produce tras declaraciones del líder norcoreano Kim Jong-un, quien calificó a Corea del Sur como el “Estado más hostil” durante un discurso de política general pronunciado en marzo, según reportes recogidos por agencias internacionales como Reuters y AP.
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Nueva estrategia de Pyongyang hacia Corea del Sur
El cambio constitucional consolida una estrategia que redefine a Corea del Sur no como un socio potencial, sino como un adversario formal. Analistas del Council on Foreign Relations señalan que este tipo de modificaciones legales suelen acompañar ajustes en la doctrina militar y diplomática.
La retórica reciente del régimen norcoreano refuerza esta línea, insistiendo en la confrontación y en la necesidad de fortalecer su capacidad defensiva, particularmente en el ámbito nuclear.
Redefinición de fronteras en la Constitución norcoreana
La Constitución revisada incluye también una cláusula que delimita explícitamente el territorio de Corea del Norte. El documento, revelado por Seúl, establece que el país limita al norte con China y Rusia, y al sur con la “República de Corea”.
Además, el texto subraya que Corea del Norte “no permite en absoluto ninguna violación de su territorio”, lo que refuerza su postura de soberanía estricta y defensa territorial.
Este lenguaje jurídico supone un reconocimiento implícito de la división permanente de la península, alejándose aún más de cualquier horizonte de reunificación.
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Reacciones en Corea del Sur y la comunidad internacional
El presidente surcoreano Lee Jae Myung, quien mantiene una postura conciliadora, ha reiterado su disposición a entablar diálogo sin condiciones previas. En declaraciones públicas, afirmó que ambas naciones están destinadas a “hacer germinar las flores de la paz”.
Sin embargo, Pyongyang no ha respondido a estas propuestas y ha intensificado su retórica hostil, calificando reiteradamente al Sur como su principal adversario.
El cambio constitucional se produce en un contexto de creciente tensión militar. Corea del Norte ha prometido reforzar sus capacidades nucleares, mientras que en abril realizó cuatro pruebas de misiles, la mayor cantidad registrada en un solo mes en más de dos años.
De acuerdo con informes del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, estos ensayos forman parte de una estrategia de disuasión y presión geopolítica en la región.
AJA
