La medicina fetal podría estar frente a uno de sus avances más prometedores de los últimos años. Por primera vez, especialistas han utilizado células madre durante una cirugía prenatal para intentar reparar el daño causado por la espina bífida en fetos humanos antes del nacimiento.
Tobi Maginnis llegó al mundo en 2022 después de enfrentar una batalla incluso antes de nacer. Diagnosticado con espina bífida durante el embarazo, fue uno de los primeros bebés en recibir una innovadora cirugía prenatal con un parche de células madre colocado dentro del útero para proteger su médula espinal. Hoy, su madre asegura que sus avances físicos y mentales parecen un verdadero milagro, convirtiendo su historia en un símbolo de esperanza y en el reflejo de una nueva etapa para la medicina fetal.
Este procedimiento busca ir más allá de la cirugía fetal tradicional, que actualmente permite cerrar la abertura en la columna vertebral, pero no logra revertir las lesiones nerviosas que ya se han producido dentro del útero.
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La espina bífida es un defecto congénito incapacitante que ocurre cuando los huesos de la columna vertebral del feto no se unen correctamente alrededor de la médula espinal, dejando este tejido delicado expuesto y vulnerable a daños severos.
Esta condición puede provocar parálisis permanente, dificultades para caminar, problemas de vejiga e intestinos e incluso acumulación de líquido en el cerebro, lo que en muchos casos obliga a colocar derivaciones quirúrgicas permanentes después del nacimiento.
Una cirugía que podría cambiar el futuro de miles de bebés
La cirujana fetal Diana Farmer, de la Universidad de California, Davis, lidera este innovador tratamiento que intenta no solo cerrar el defecto en la columna, sino también reparar el tejido nervioso ya afectado.
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El equipo médico colocó un parche especial cargado con células madre sobre la médula espinal expuesta de seis fetos con espina bífida grave. El objetivo fue permitir que estas células liberaran sustancias regenerativas capaces de proteger neuronas y estimular su recuperación.
Hasta ahora, los resultados iniciales parecen alentadores en términos de seguridad. Los investigadores reportaron en The Lancet que no se presentaron infecciones, crecimiento tumoral ni complicaciones en la cicatrización, algo fundamental porque nunca antes se había probado este enfoque dentro de un feto humano.
Farmer explicó que uno de los mayores temores era no saber cómo reaccionarían las células madre en un entorno fetal. Por ello, comprobar que el procedimiento no generó efectos adversos representa un primer gran paso.
Aún falta la respuesta más importante
Aunque la seguridad parece favorable, la gran pregunta sigue abierta: si realmente esta técnica logra reparar la médula espinal y mejorar la calidad de vida de los bebés.
Los pacientes que participaron en esta primera fase ya nacieron y actualmente son evaluados por los especialistas, quienes analizarán durante años su movilidad, control de vejiga e intestinos y la necesidad o no de utilizar silla de ruedas.
Farmer evita generar falsas expectativas y reconoce que todavía es muy pronto para hablar de una cura definitiva. Sin embargo, asegura que si lograran evitar que los niños dependan de una silla de ruedas, sería un resultado extraordinario.
Especialistas externos comparten ese entusiasmo. Ramen Chmait, director de Cirugía Fetal de Los Ángeles en la Universidad del Sur de California, calificó este estudio como “un cambio sísmico” dentro del campo de la cirugía fetal.
El largo camino que comenzó en ovejas y bulldogs
Antes de llegar a humanos, los investigadores pasaron más de una década probando esta técnica en animales. Primero trabajaron con ovejas fetales que presentaban defectos similares a la espina bífida humana.
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Los resultados mostraron mejoras importantes en la capacidad para caminar, mantenerse de pie y mover las patas traseras, además de avances en la función de vejiga e intestinos.
También realizaron pruebas en bulldogs nacidos con espina bífida. Casos como los de Darla y Spanky llamaron la atención porque ambos perros pudieron correr, jugar y caminar meses después de la operación, algo considerado extraordinario.
Ahora, el ensayo clínico será ampliado a 35 pacientes más, quienes serán observados hasta los seis años para conocer resultados de largo plazo.
Los médicos saben que aún faltan años para confirmar si esta terapia marcará una revolución médica, pero coinciden en algo: podría ser el inicio de una nueva era en la cirugía prenatal y una esperanza real para miles de familias en el mundo.
LSHV
