Japón registró un aumento en las llamadas muertes en soledad, un fenómeno que afecta principalmente a personas adultas mayores que viven aisladas. Datos oficiales del año fiscal 2025 señalaron 76 mil 941 casos, cifra que superó el registro del periodo anterior por 921 fallecimientos.
Las autoridades japonesas identificaron además 22 mil 222 casos en los que el cuerpo permaneció sin ser encontrado durante más de ocho días. En otros 7 mil 148 expedientes, el hallazgo ocurrió después de un mes de la muerte.
El fenómeno recibió en Japón el nombre de “kodokushi”, término que describe a personas que mueren sin compañía y sin contacto frecuente con familiares o vecinos. Las estadísticas incluyeron también 57 adolescentes y 753 personas de entre 20 y 30 años.
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Especialistas relacionaron el incremento del aislamiento con cambios sociales y demográficos registrados durante las últimas décadas. La migración hacia grandes ciudades redujo la convivencia comunitaria en pueblos y zonas rurales.
Ciudades grandes y menos convivencia
Durante años, miles de personas dejaron comunidades rurales para buscar empleo y oportunidades en centros urbanos. Ese movimiento modificó estructuras familiares que antes reunían a varias generaciones dentro de un mismo hogar.
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En ciudades como Tokio y Osaka, muchas personas viven en complejos habitacionales donde el contacto cotidiano con vecinos ocurre de forma limitada. Investigadores señalaron que la convivencia diaria disminuyó conforme crecieron las zonas residenciales verticales.
Académicos japoneses indicaron que la reducción de redes de apoyo afectó principalmente a adultos mayores. También señalaron que el envejecimiento poblacional incrementó el número de personas que viven solas durante largos periodos.
En este contexto el gobierno japonés impulsa medidas para enfrentar el problema social. En 2021 creó el cargo de ministro de Soledad y Aislamiento, con funciones enfocadas en salud mental, apoyo comunitario y prevención del suicidio.
Leyes y apoyo comunitario
En abril de 2024 entró en vigor una ley orientada a reducir el aislamiento social. La normativa promovió la creación de oficinas locales para identificar personas en situación de soledad y acercarlas a servicios de apoyo.
Las autoridades locales organizaron reuniones vecinales, actividades para adultos mayores y programas de acompañamiento. Organizaciones civiles también participaron mediante visitas, traslados y asistencia para personas con movilidad limitada.
Uno de esos proyectos surgió en Ishinomaki después del terremoto y tsunami de 2011. Voluntarios comenzaron a trasladar a personas mayores hacia hospitales, bancos y supermercados tras la destrucción de viviendas e infraestructura.
Con el paso de los años, esa iniciativa se convirtió en una organización comunitaria que actualmente opera con varios vehículos y un equipo permanente de voluntarios. El programa mantiene apoyo para adultos mayores y personas con discapacidad.
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La compañía como parte del apoyo
Integrantes de organizaciones sociales señalaron que muchos beneficiarios perdieron contacto frecuente con familiares tras desastres naturales o cambios de residencia. Las visitas de voluntarios facilitaron actividades cotidianas y espacios de convivencia.
Las autoridades japonesas mantuvieron campañas para reducir el estigma relacionado con la soledad y promover que personas mayores acepten ayuda comunitaria. También impulsaron estrategias para fortalecer vínculos sociales en barrios urbanos.
Especialistas advirtieron que el aislamiento continuará como uno de los principales desafíos sociales en Japón debido al envejecimiento de la población y al aumento de hogares unipersonales en grandes ciudades.
VGB
