En el marco de la conmemoración del Día de la Madre en El Salvador, Amnistía Internacional ha lanzado un llamado directo a la primera dama, Gabriela Rodríguez, esposa del presidente Nayib Bukele
El objetivo es que actúe como puente para establecer un diálogo entre las autoridades y las madres que buscan desesperadamente conocer el destino de sus hijos detenidos bajo el régimen de excepción.
Desde que el presidente Nayib Bukele inició su ofensiva contra las pandillas en 2022, la cifra de detenciones sin orden judicial ha escalado a aproximadamente 92,000 personas.
Sin embargo, tras los números se esconde una realidad que las organizaciones civiles denuncian como una crisis de derechos humanos: miles de estos detenidos podrían ser inocentes, y su rastro se ha perdido en el sistema penitenciario.
Ana Piquer, directora para las Américas de AI, formalizó esta petición a través de una carta abierta en la que insta a Rodríguez a usar sus "buenos oficios" para mitigar la agonía de las familias.
La urgencia del llamado se sustenta en datos alarmantes. Según Piquer, se estima que al menos 470 personas han fallecido bajo la custodia del Estado en circunstancias que sugieren violencia o negligencia médica deliberada.
"Resulta indispensable examinar los costos humanos de las medidas adoptadas", advierte la misiva, señalando prácticas extendidas de vulneración de derechos fundamentales.
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Sombras sobre la justicia
Reportes del diario El Faro han señalado la existencia de una presunta comisión secreta, integrada por familiares directos del presidente y personal del despacho de la primera dama, que tendría la facultad de decidir discrecionalmente el destino de los reclusos.
Mientras tanto, el sistema judicial avanza con juicios colectivos masivos —como el proceso actual contra 500 supuestos pandilleros—, los cuales han sido blanco de críticas internacionales. Grupos humanitarios temen que la falta de individualización de las responsabilidades penales termine por condenar a personas cuyo único "delito" ha sido estar en el lugar equivocado durante una detención masiva.
Para Amnistía Internacional, la intervención de la primera dama no es solo una petición política, sino un imperativo humanitario para devolver la certeza a miles de mujeres que hoy solo tienen el silencio por respuesta.
¿Quién es Gabriela Rodríguez, la primera dama de El Salvador?
Gabriela Rodríguez de Bukele es la actual primera dama de El Salvador desde junio de 2019, al asumir la presidencia su esposo, Nayib Bukele. A diferencia de otras figuras protocolarias en la región, ha buscado proyectar una imagen técnica y social, especialmente vinculada a temas de primera infancia, maternidad, educación temprana y salud prenatal.
Antes de llegar a Casa Presidencial, Rodríguez se presentó públicamente como especialista en desarrollo infantil y maternidad consciente. Fundó PrePare, un centro dedicado a educación prenatal y acompañamiento familiar, que el gobierno salvadoreño describe como pionero en el país.
Aunque no ocupa un cargo electo, Gabriela Rodríguez ha tenido visibilidad en áreas estratégicas del gobierno de Bukele, principalmente en políticas sociales. Entre las iniciativas más destacadas:
1. Ley Nacer con Cariño
Impulsó reformas para humanizar la atención del parto, promover lactancia materna y atención integral a mujeres embarazadas.
2. Política “Crecer Juntos”
Programa estatal enfocado en niñez temprana, educación inicial y protección infantil, una de las banderas sociales del gobierno Bukele.
Analistas consideran que su figura ayuda a suavizar la imagen dura del gobierno salvadoreño, particularmente frente a cuestionamientos internacionales por derechos humanos y concentración de poder.
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Controversias indirectas
No ha estado al centro de grandes escándalos personales, pero su figura aparece vinculada al círculo cercano presidencial. Investigaciones periodísticas han señalado sociedades patrimoniales compartidas entre Bukele y su entorno familiar, donde aparece mencionada como socia en algunas operaciones inmobiliarias.
Para críticos del gobierno, su imagen forma parte de una estrategia de comunicación del bukelismo que combina seguridad dura con narrativa familiar y bienestar social.
